Contexto Histórico de la Desamortización de Mendizábal en 1836
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Contexto de la Desamortización de 1836
Señalar por qué se desamortiza en 1836 y por qué está al frente del gobierno un liberal progresista, Juan Álvarez Mendizábal, que es quien la lleva a cabo, requiere entender el complejo panorama político y militar de la España de la época.
El Legado del Liberalismo y el Inicio del Reinado de Isabel II
Lo que plantea el documento se enmarca en el proyecto de consolidación de un sistema político, el liberalismo, ya intentado y frustrado en 1812 (Constitución de 1812) y en 1820-1823 (Trienio Liberal).
El sistema liberal triunfó definitivamente durante el reinado de Isabel II (1833-1868). Sin embargo, los primeros años fueron particularmente difíciles.
La Primera Guerra Carlista (1833-1839)
La muerte de Fernando VII en 1833 coincidió con el estallido de la sublevación carlista. La Primera Guerra Carlista (1833-1839) se prolongó, contra todo pronóstico, debido a las dificultades del gobierno de la regente María Cristina para costear la lucha ante la falta de medios financieros.
Fases de la Guerra
Primera Fase (1833-1835)
En una primera fase (1833-1835), los carlistas, dirigidos por Zumalacárregui, consiguieron derrotar repetidas veces al ejército isabelino, aunque no lograron tomar Bilbao, en cuyo asedio murió el general Zumalacárregui.
Segunda Fase (1835-1837)
En la segunda fase (1835-1837), intentaron romper su aislamiento en las zonas del norte del país con expediciones hacia el sur, aprovechando el momento más revolucionario y crítico del bando isabelino. Incluso el pretendiente Don Carlos llegó a las puertas de Madrid en 1837.
La Regencia de María Cristina y la Lucha Política
María Cristina ejerció, en medio de esta guerra, la Regencia entre 1833 y 1840 en nombre de su hija, menor de edad. La necesidad desesperada de buscar apoyos a la causa isabelina entre los liberales la forzó a una tímida apertura política, tras el fracaso de su primer ministro, Cea Bermúdez, en su proyecto continuista reformista.
Esa tímida apertura política la representó el gobierno del liberal moderado Martínez de la Rosa, que intentó un proyecto de “libertad con orden”, representado por el Estatuto Real de 1834. Este no cuajó y dividió más aún a los liberales entre moderados y progresistas.
El rechazo al Estatuto, la amenaza carlista, el cólera, las dificultades de los primeros obreros industriales y el encarecimiento de la vida se sumaron para radicalizar el ambiente entre levantamientos populares y formación de juntas revolucionarias, que exigían cambios reales y profundos.
El Ascenso de Mendizábal y la Revolución Liberal
Para aplacar los ánimos y encauzar la situación, la Regente tuvo que nombrar al liberal progresista Mendizábal como primer ministro.
Con él se inició propiamente la revolución liberal. Su programa incluía:
- La reforma de la Ley Electoral de 1834 para ampliar el derecho de voto y la elección directa.
- El restablecimiento de la libertad de imprenta y otros derechos fundamentales.
- La reforma de Hacienda.
Establecía también un reclutamiento forzoso para ganar la guerra (introduciendo las primeras redenciones en metálico) y, para conseguir fondos, recurrió a préstamos extranjeros —estaba bien relacionado con banqueros europeos—, a impuestos extraordinarios en las provincias y, fundamentalmente, a la desamortización eclesiástica que comentamos.
Consecuencias y Continuación del Proceso
Estas medidas proporcionaron al Estado un instrumento eficaz para acabar con el conflicto carlista. No obstante, provocaron fuertes resistencias, entre ellas la de la propia Regente, y enfrentamientos con el Vaticano, que rompió sus relaciones diplomáticas con el Estado español y no reconoció a la reina Isabel II hasta 1847.
Al no contar con la confianza de la Regente, Mendizábal se vio obligado a dimitir.
Ante lo que se consideró un intento de la Regente de acabar con las reformas, se extendieron las protestas por varias ciudades. Con un país al borde de la revolución, con los carlistas recorriendo la península y con un gobierno sin apoyos, el 12 de agosto de 1836, la guarnición del palacio de La Granja de San Ildefonso (Segovia), donde se encontraba la Regente, se pronunció a favor de la Constitución de 1812 y la obligó a ponerla en vigor y a llamar de nuevo a los progresistas: Calatrava y Mendizábal formarían gobierno.
Dos medidas marcarían el triunfo de los revolucionarios:
- La aprobación de una nueva Constitución, la progresista de 1837.
- La continuación del proceso desamortizador iniciado por Mendizábal.
Mientras tanto, los ejércitos isabelinos obtenían los primeros éxitos, sobre todo después de la muerte del general carlista Zumalacárregui en el asedio de Bilbao y gracias también a los aciertos del general isabelino Espartero. Esto permitió finalizar la guerra y firmar la paz con el general carlista Maroto en el famoso Abrazo de Vergara en 1839.