Conflictos Sociales en la Edad Moderna: Causas, Tipos y Consecuencias

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Las motivaciones de los conflictos permiten una clasificación entre:

  • Económicos: generalmente por falta de subsistencias o aumento de los impuestos.
  • Políticos: protagonizan la independencia de Portugal, los Países Bajos, los EEUU.
  • Religiosos: después no lo encontraremos en Europa. Entre los franceses, o alemanes, o Inglaterra, los moriscos en España…

Las causas son inmediatas, concretas, objetivables que suelen ser aquellos problemas que materialmente experimentan los individuos. Estos problemas suelen ser el motivo inicial de adhesiones al conflicto. Pero hay connotaciones ideológicas que añadidas a las anteriores refuerzan el conflicto y alargan su duración. Pueden ser la defensa de la libertad, la de las ideas como la de la soberanía popular. Esto nos explica por qué un conflicto que se organiza por una causa religiosa o económica, se termina convirtiendo en una protesta más generalizada contra el poder. Aparece con fuerza un carácter emotivo que a veces se concreta en actitudes milenaristas, sobre todo cuando los conflictos se producen a finales de siglo. Las actitudes escatológicas añaden emotividad mayor.

Durante el periodo moderno, la mayor parte de los conflictos sociales van a revestir la forma de levantamientos o rebeliones motivadas por problemas de subsistencia o por el incremento de las presiones del estado. Son los motines que se producen en el ámbito rural como en el urbano.

Hay veces que los motivos adquieren motivos de tipo político que le dan mayor trascendencia. Sobre todo se dan en las capitales de los estados.

La forma de acción de quienes participan en los conflictos suele ser directa y violenta. Puede que en medio de las protestas (si son rurales) se quemen cosechas o edificios (urbanas). Esto conduce a una actuación represora por parte del poder de carácter duro y decisivo. Se debate sobre el carácter espontáneo o dirigido, como en el periodo contemporáneo. Existía la idea de que en el Antiguo Régimen (AR) los conflictos sociales carecían de esa dirección externa, y se trataba de movimientos espontáneos para reclamar una restitución del equilibrio social. Pero esta generalización es falsa. Se ha podido ver cómo en una gran parte de los conflictos existe una dirección encubierta, especialmente en los que tienen un carácter político. Dirección que corresponde a miembros de las élites sociales (nobleza, burguesía o clero) que utilizan la protesta popular para canalizar su descontento político y su protesta contra la monarquía. La presencia de la dirección es lo que otorga una mayor duración y resistencia al movimiento. Los resultados de los motines, salvo en las revoluciones, son escasos, porque tras el periodo de ruptura de la paz social, suele restaurarse la paz por la monarquía.

Otro de los temas debatidos es el carácter de esos movimientos: o progresistas, o movimientos que defienden el mantenimiento de antiguas situaciones. Los historiadores coinciden en que tienen un carácter retardatario porque quienes participan lo que defienden es el mantenimiento de unas situaciones tradicionales, o derechos tradicionales, generalmente de origen feudal que entienden que si se acaban, les perjudica en su situación. Se defiende la autoridad de los parlamentos frente al monarca. Esa defensa, porque la monarquía quiere más poder, o por cargas fiscales, es lo que da a los movimientos sociales un carácter retardatario.

Solo los movimientos revolucionarios del siglo XVIII tienen un contenido diferente. No están tratando de restaurar un orden perdido, sino de crear uno nuevo.

En cualquier caso, los conflictos sociales son reflejo del dinamismo social que existe dentro de una sociedad con tendencia al estatismo, y son la oportunidad para que la monarquía aparezca como el elemento que regula estas situaciones, por lo que refuerza su posición.

La Monarquía y el Estado Moderno

Todos los historiadores coinciden en que uno de los rasgos característicos del Renacimiento es la aparición de lo que se ha denominado el Estado Moderno. Cuando finaliza la Edad Media, en Europa encontramos un mapa político muy diverso. A finales de la Edad Media, hay dos grandes poderes imperiales: Sacro Imperio Romano Germánico, y el Papado. Encontramos unas monarquías feudales en Inglaterra, Francia, Castilla, Aragón, Austria… que tienen a su frente a un rey cristiano cuyo poder ha sido refrendado por el Papa. Estas monarquías son el resultado de una cadena de relaciones de vasallaje, que se ha establecido entre ella, y la nobleza que la sigue. Los monarcas son un Primus inter pares.