Monarquías y Centralización: El Nacimiento del Estado Moderno en Francia e Inglaterra

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La Transición al Estado Moderno: Centralización y Unificación

A finales de la Edad Media, las asambleas representativas de la Iglesia y del Estado Llano apenas se reunían. Debido a su falta de relación directa con el monarca, solo se convocaba la representación del Estado Llano, limitada a determinadas élites y lugares específicos de la monarquía. Estas reuniones se convocaban fundamentalmente para jurar lealtad al nuevo rey o para aprobar nuevos impuestos, a excepción del parlamento inglés, que conservaría más atribuciones.

Otro de los procesos esenciales para que las monarquías construyeran el Estado moderno centralizado fue la unidad territorial. Todas las monarquías europeas de comienzos de la Edad Moderna iniciaron un proceso de unión territorial, ya que esta sería la base de su estructuración y ejercicio del poder. El tercer elemento fundamental fue la organización del poder central. Esta estructuración del poder central se realizó a través de nuevas instituciones, entre las que destacaron el ejército y la burocracia.

Si bien la centralización del poder en manos del monarca fue esencial para el Estado moderno y su modernización, este proceso se desarrolló a ritmos y con niveles de éxito distintos en los diversos estados europeos. Los que alcanzaron mayores niveles de centralización fueron la Monarquía Hispánica y Francia. Inglaterra experimentó momentos de centralización y otros de reivindicación del poder por parte del Parlamento. En Europa Central, este proceso se retrasaría hasta el siglo XVII y se consolidaría a partir del XVIII.

Francia: Consolidación del Poder Real

La monarquía francesa abarcaba desde los Pirineos hasta el Ródano, y desde el Atlántico hasta el Mediterráneo, ejerciendo también soberanía sobre territorios fronterizos como Flandes o la Cataluña Transpirenaica. Además, en el interior del reino, existían territorios ajenos a la Corona que aún mantenían un régimen feudal. Carlos VIII y sus sucesores, Luis XII y Francisco I, intentaron unificar el territorio francés y acabar con los enclaves que escapaban a su autoridad. Para la segunda década del siglo XVI, este proceso se había completado, incluso con expansión fuera de sus fronteras, como en Italia.

Asimismo, aumentó el papel de los consejos, especialmente el Consejo Real. Se incrementó el número de representantes reales a nivel territorial y se reorganizaron la hacienda y la justicia, cuyo máximo representante era el monarca. Esta justicia era ejercida, en primer lugar, por los Parlamentos. Existían seis Parlamentos distribuidos por el territorio (el más importante era el de París, un tribunal de apelación que debatía cuestiones civiles y eclesiásticas), además de bailías y prebostazgos.

Las monarquías obtenían de los impuestos el dinero para sus gastos. Francia creó una estructura hacendística centralizada para controlar la recaudación y los gastos.

Inglaterra: La Monarquía Tudor y el Parlamento

En cuanto a Inglaterra, la constitución de su Estado moderno estuvo ligada a la monarquía Tudor, surgida de la Guerra de las Dos Rosas, fruto de la unión de Enrique VII de Lancaster e Isabel de York. Su dominio comprendía Inglaterra, una parte del territorio de Irlanda y una zona costera al norte de Dublín, pero no Escocia. Establecieron una organización del poder que se caracterizó por el creciente protagonismo del Consejo Privado del monarca, cuyos miembros eran designados por el rey.

Se puso en marcha un proceso de organización de la administración territorial, aunque sin el grado de centralización francés; los municipios mantuvieron un nivel razonable de autonomía de funcionamiento. También se reorganizó la justicia, que contaría con tres grandes tribunales:

  • El de Casos Civiles.
  • El llamado Banco del Rey, para los asuntos criminales.
  • El Exchequer, que atendía a los temas económicos.

Estos tenían su sede en Westminster, pero con comisiones que se distribuían y actuaban por todo el territorio. La figura del sheriff fue una institución que se implantó con éxito.

Dado que la nobleza había sido diezmada en la guerra civil, fue más fácil de manejar. Surgió una nueva nobleza, fundamentalmente rural, en la que los monarcas se apoyaron en gran medida para asentar su poder. El control del estamento eclesiástico se vio favorecido por la independencia de Inglaterra frente a Roma, con una nueva Iglesia de corte protestante cuya cabeza visible era el propio monarca.

El Parlamento inglés estaba constituido por dos cámaras: los Lores y los Comunes. Los Lores representaban a la nobleza y la Iglesia, y los Comunes a los burgos y los caballeros. En el segundo cuarto del siglo XVI, su influencia fue aumentando a pesar del control que el rey intentaba ejercer sobre él.