Conflicto y Represión en La Casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca
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La Casa de Bernarda Alba: Un Retrato de la Represión y el Deseo
Contexto de la Obra
Nos encontramos ante un fragmento de la obra teatral titulada La casa de Bernarda Alba, cuyo autor fue Federico García Lorca (1898-1936). Esta obra la estrenó en Buenos Aires en 1945 Margarita Xirgu y, desde ese momento, pasó a ser considerada como el testamento dramático de su creador, lo que en cierto modo venía a significar que se trataba de la culminación de toda su obra anterior y el primer y único ejemplo de un nuevo estilo teatral que la muerte le impidió desarrollar. Dicho estilo se caracteriza por la sobriedad expresiva y el claro compromiso con la realidad social de su tiempo. Tal y como en su día dijo el hermano de Lorca, lo que caracteriza la dramaturgia de este gran autor es su capacidad para adecuar los recursos y la técnica al propósito artístico que en cada momento tenga, por lo que no será el mismo en todas las obras. En el caso de La casa de Bernarda Alba, este hecho consistió en reflejar con crudeza un mundo regido por el dogmatismo y la intolerancia.
Personajes y Simbolismo
Los personajes que aparecen en escena son todos femeninos y caracterizados por una vestimenta negra, lo que contribuye a crear una atmósfera de luto y represión. Por supuesto, la ausencia de personajes masculinos ayuda a hacer hincapié en el dramatismo de la obra y a resaltar la figura de Pepe el Romano (no aparece en escena, pero se le alude constantemente por su atractivo físico), un guapo mozo del pueblo que, a pesar de pedir la mano de Angustias para matrimonio, mantiene una relación con la hermana de esta, Adela. Bernarda y Adela son las dos figuras que con mayor nitidez encarnan el conflicto del drama.
Profundizando en esto, podemos destacar que Bernarda es un ser autoritario, inflexible y sin compasión. Su actitud adquiere sentido dentro de unas circunstancias sociales y morales concretas, de ahí la insistencia de la señora en mostrar sus prejuicios de clase y su absoluta sumisión al "qué dirán". Según va avanzando la obra, su aparente fortaleza se irá convirtiendo en un ciego dogmatismo que esconde la fragilidad de un personaje incapaz de ver lo que ocurre en su casa, y que intenta por todos los medios cerrar el paso a las fuerzas de la naturaleza y el instinto.
Esta fuerza mencionada anteriormente la encarna, sobre todo, Adela, cuya rebeldía es fruto de una necesidad vital que no conoce ni de leyes ni de obstáculos sociales. Aunque estamos ante un deseo sentido por todas las hermanas de la chica (Angustias, Magdalena, Amelia y Martirio), sólo ella tendrá el valor suficiente para afrontarlo. Por supuesto, aquí también debemos mencionar a María Josefa, madre de Bernarda, y único personaje que expresa con sinceridad y sin tapujos los deseos ocultos que sienten todas las mujeres encerradas en este lugar.
Finalmente, también cuenta esta obra con La Poncia, criada muy cercana a Bernarda y que no mantiene con nadie de la familia una relación afectuosa y cálida, oponiéndose así a la visión de los criados que aparecía en el teatro tradicional.
Espacio y Tiempo
Centrándonos ahora en el espacio, el desarrollo de la acción transcurre en la casa de Bernarda Alba, la cual es escenario de la represión física y moral de sus habitantes. Ahora bien, tras los muros de este lugar, se encuentra el mundo exterior, que aparece en la escena de diferentes modos: unas veces por el sonido de las campanas o el ladrido de los perros y, en otras ocasiones, a través de breves historias como la de la hija de la Librada. Aquí los personajes del drama dejan de ser meros espectadores y participan emocionalmente de lo que sucede fuera de los límites de la casa, aunque con perspectivas totalmente distintas: Bernarda dejando ver su odio y Adela identificándose con un destino que también podría ser el suyo.
En lo que al tiempo se refiere, esta obra presenta una estructura de carácter circular. Cada uno de los actos transcurre en un momento diferente del día (mañana, tarde y noche) y los protagonistas reiteran ese discurrir temporal que, de acuerdo con el desarrollo lógico de la acción, abarcaría mucho más tiempo, por lo que no hay correspondencia entre el tiempo dramático y el real.
Análisis del Fragmento
Introduciéndonos ahora en el fragmento concreto que nos atañe, y después de la necesaria contextualización anterior, podemos decir que se encuadra dentro del tercer acto de la obra y que pertenece al desenlace de la misma. Tras haber comido todas con la señora Prudencia, que había venido a visitarlas, Bernarda aprovecha para sacar de nuevo el tema del retrato (foto de Pepe el Romano que Martirio había escondido a Angustias). Aparentemente, todo era una broma, pero en el fondo, lo que se refleja es la envidia de las hermanas y la necesidad que tienen todas de sentirse queridas y satisfacer sus deseos. A la madre, lo único que le importa son las apariencias y sólo quiere que haya “normalidad”.
Paralelamente, Bernarda instiga a su hija Angustias y le pregunta qué tal con el novio. Ésta le comenta que esa noche no lo iba a ver porque había tenido que ir a la ciudad y matiza que cada vez lo encuentra más absorto y despistado, a lo que la madre le contesta que obvie el tema y que nunca le pregunte a un hombre qué le pasa o le preocupa. Llama la atención cómo las otras hermanas están cada una a lo suyo: Magdalena (casi dormida) contesta de vez en cuando y se mete en la conversación; Amelia habla del tiempo, y Adela y Martirio aprovechan cualquier ocasión para tirarse puntas y hacerse comentarios hirientes. La menor de las hermanas está poniendo excusas para no irse a dormir y poder dar un paseo que, en el fondo, no es sino un pretexto para tener sus encuentros secretos con Pepe el Romano.
Al margen de toda la escena, tenemos a La Poncia, que sólo aparece en el final del fragmento para dirigirse a Bernarda y preguntarle si está todavía por allí. Lo significativo de esto es la respuesta de la matriarca, la cual deja muy claro que disfruta de la tranquilidad de su “hogar” y que no observa nada anormal en el lugar. Esta respuesta debe entenderse dentro de la advertencia que la criada, en momentos anteriores a este texto, le había hecho a Bernarda, intentando abrirle los ojos y diciéndole que estuviese más atenta a lo que ocurría en su casa, pues nada era lo que parecía.
Estructura y Estilo
Llegados a este punto, debemos llevar a cabo un análisis de la estructura externa. El propio Lorca defendió el estilo realista de la obra y, en este fragmento, podemos apreciar cómo el ritmo dramático viene marcado por las numerosas pausas y la gran presencia de acotaciones, con las que el autor pretende que al espectador (o al lector) no se le pase nada por alto y en todo momento esté informado de cómo se sienten los personajes.
Desde el punto de vista lingüístico, nos encontramos ante un lenguaje sobrio, coloquial y sencillo. El texto se comprende con gran facilidad y, a diferencia de otras obras de Lorca, la presencia del verso es casi inexistente y en este pequeño texto, sólo podemos verlo cuando Adela se dirige a Bernarda para hacerle una pregunta sobre la oración que se dice cuando luce un relámpago: “Santa Bárbara bendita, / que en el cielo estás escrita / con papel y agua bendita”.
Llama la atención el empleo de determinados términos puestos en boca de Bernarda como “fachada”, “armonía”, “debilidad”, etc., que no son sino el reflejo de sus ideas dogmáticas y arcaicas. Pase lo que pase, a ella sólo le interesa que su familia tenga prestigio y que nadie pueda criticarles por ningún asunto escandaloso, pues el guardar las apariencias ocupa el primer lugar en la escala de valores de esta señora.
Recursos Literarios y Simbolismo
Estamos ante una obra de teatro, por lo que los recursos literarios no son tan numerosos como en los textos poéticos. Sin embargo, para embellecer la expresión y darle belleza al texto, el autor emplea algunos como la comparación (“Tiene el cielo unas estrellas como puños”), figura estilística que consiste en presentar una relación entre dos términos distintos a través del nexo “como”.
Por otro lado, cuando Angustias dice “Tarde me parece”, podemos apreciar el hipérbaton, ya que el autor altera el orden lógico de la frase y pone en primer lugar el adverbio para dar mucho más dramatismo a la terrible lentitud con la que allí se aprecia el paso del tiempo.
En cuanto al simbolismo de algunos elementos presentes en la obra, destacamos la alusión a Pepe el Romano a través de “caballo garañón” y los nombres escogidos por el autor para dos de las protagonistas: Angustias y Martirio. (Esto es también algo muy característico de la obra de Galdós). Dichos términos no hacen más que reiterar la situación interior de cada una: Angustias, como su nombre indica, está angustiada por casarse cuanto antes y abandonar esa terrible casa, y Martirio se debate con su interior porque no puede expresar con sinceridad lo que realmente siente, sufriendo por ello un constante calvario.
Reflexión sobre la Condición Humana y la Sociedad
Federico García Lorca sabía perfectamente lo que en cada momento quería y hacía gala de una gran facilidad para plasmar en sus obras los elementos y realidades sociales que deseaba transmitir y reflejar. La casa de Bernarda Alba es la manifestación de una metamorfosis artística que el autor estaba experimentando y que él mismo define como “drama” porque lo que establecía era una reflexión sobre la condición humana, sin referencias míticas ni adornos. Realmente, si tenemos en cuenta la relación entre el autor y su obra, esto es algo que Lorca ya había hecho en otro drama, Doña Rosita la soltera, sólo que ahora, esa reflexión ya no está matizada por la evocación de un pasado perdido, pues lo que el autor pretende reflejar en este momento es un mundo regido por el dogmatismo y la intolerancia.
Debemos recordar que, en el fondo, Lorca vivía en primera persona los problemas de esa sociedad intolerante pues, además de gran intelectual, era homosexual. El conflicto existente entre libertad y coacción impiden el total desarrollo del ser humano y, de una manera u otra, son frustraciones que el escritor sufre, arrastra y refleja en su escritura.
La Mujer en la Sociedad
Llegados a este punto y, centrándonos en el enunciado propuesto para el comentario ideológico, es evidente que demuestra con crudeza la sumisión a la que se ha sometido a la mujer desde tiempos antiguos. El hecho de que Bernarda le diga a su hija que nunca debe preguntarle a un hombre qué le pasa y menos cuando estén casados, es una manifestación clara sobre la dependencia del sexo femenino, la necesidad de acatar lo que a cada una le haya tocado vivir y la poca opción que se deja para la réplica o el inconformismo. La madre le dice a su hija que siga el consejo para no tener disgustos. Esta frase tan dura, lo único que hace es matizar el antiguo refrán de “Ojos que no ven, corazón que no siente”, es decir, la mujer debe vivir en la ignorancia y no hay que profundizar en aquello que le pueda disgustar, pues no es dueña de su destino.
Afortunadamente, esta idea se ha ido erradicando con el paso del tiempo y, en la sociedad actual, la mujer tiene un papel fundamental. Es cierto que todavía quedan muchas barreras por salvar y varios estereotipos y conductas por erradicar, pero también es obvio que la mujer ha conseguido imponerse y desarrollarse intelectualmente, lo cual ha contribuido a su libertad.
Conclusión: Lorca, un Adelantado a su Tiempo
Teniendo esto en cuenta, puede decirse que Lorca fue un hombre adelantado a su tiempo y ya, en su época, denunció conductas que para él no eran normales. El ser humano debe luchar por la igualdad, sin que un sexo esté por encima del otro. Las posturas extremas nunca llevan a ningún lugar y lo que se debe fomentar es la independencia del ser humano como tal y su capacidad para marcar su destino, dejando a un lado las tradiciones que buscan la sumisión y la reclusión de cualquier miembro de una comunidad.
Está claro que el lector o espectador aprecia la actitud crítica ante determinados valores y comportamientos en esta obra, pero también es cierto que el interés que sigue despertando traspasa mucho unas determinadas circunstancias sociales e históricas. La casa de Bernarda Alba es actualmente uno de los cauces más apropiados para mostrar el conflicto entre libertad y represión, lo cual no viene sino a significar la gran valía de su autor. Lorca fue un intelectual adelantado a la época que le tocó vivir y todo lo que rodea a su figura sigue despertando gran interés. Es evidente que sus textos no pueden caer en el olvido y deben seguir siendo estudiados, valorados y representados.