Comentario de texto la tía tula
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Dos hermanas inseparables, Rosa y Gertrudis, a quien llaman Tula, huérfanas de padre y madre, viven en casa de un tío materno, el sacerdote don Primitivo.
Rosa es una belleza más bien llamativa, mientras en Gertrudis sólo destacan sus ojos de mirada fuerte.
Ramiro, atraído por la hermosura de Rosa, inicia un noviazgo formal con ésta, aunque sin hablar de matrimonio. Gertrudis enfrenta al novio, quien no puede resistir la seriedad de aquellos ojos negros. Al día siguiente se fija la fecha de la boda y don Primitivo bendice la uníón.
Gertrudis visita con frecuencia a la pareja de recién casados, cosa que agrada mucho a Rosa, y cuando ésta queda embarazada, Tula aumenta sus idas a casa de su hermana.
Tanto en el alumbramiento de este primer niño, parto muy difícil, como en el segundo, que fue niña, de manera serena y valerosa Gertrudis es quien asiste a su hermana. Ella misma cuida, lava y envuelve a las criaturas. Su presencia impone, su voluntad domina y es ella quien elige el nombre del primer recién nacido: "Ramiro, igual que el padre." Así prosigue hasta que Rosa espera su tercer hijo.
Muere al dar a luz y Gertrudis, "la tía
Tula", instalada en casa de su hermana desde ese momento, se ocupa ahora totalmente de los niños, tarea que cumple con toda devoción y cariño.
En aras de esta desinteresada obligación que ella misma se impone, rechaza la propuesta matrimonial de su pretendiente Ricardo, con quien está de novia algún tiempo. Tampoco acepta la del propio Ramiro, quien desea casarse con Gertrudis luego de cierto tiempo de la muerte de Rosa.
De pronto, Ramiro comienza a tener relaciones con la criada Manuela, una muchacha de 19 años, pálida y enfermiza, quien queda embarazada de Ramiro.
Cuando la tía Tula descubre aquella situación, los obliga a casarse; no puede permitir que ese niño, próximo a nacer, no tenga padre. Manuela da a luz un varoncito tan débil como ella; Gertrudis lo acoge y cuida como había hecho con sus sobrinos; lo acepta como un hijo más, igual que los de su hermana.
Mientras Manuela espera otro hijo, Ramiro enferma gravemente de pulmónía y muere estrechando las manos de Tula; un día antes le ha confesado que siempre la quiso, desde que se acercó a Rosa por primera vez. Ella reconoce que también lo quiere, pero que lo rechazó porque siempre ha temido a los hombres.
Gertrudis, a pesar de su dolor, se sobrepone a todo y sigue siendo el ángel tutelar del hogar. Mientras tanto, Manuela da a luz una niña y muere en el parto.
Así, de pronto, la tía Tula se encuentra con cinco hijos a quienes cuidar. Cuando el médico de la familia, hombre viudo y sin niños, le insinúa que le gustaría casarse con ella, Gertrudis se indigna y lo echa de la casa.
Pasan los años. Ramirín, hijo de Rosa, se casa con Caridad, la joven que la tía le ha elegido; y el sobrino, a instancias de Gertrudis, lleva a su esposa a la misma casa familiar. La tía Tula acoge a Caridad como a una nueva hija.
Con los años empieza a declinar notablemente la salud de Gertrudis, como si sintiera que ya había cumplido su misión en el mundo, pues dejando a Ramirín casado, los otros hijos quedarían bajo su amparo. Un día, con fiebre y postrada en cama, sintiéndose morir, comienza a despedirse de todos sus sobrinos.
Debido al esfuerzo se desmaya, entra en una suave agonía y muere.
Al desaparecer la tía Tula, Manolita, la más joven de sus sobrinas, conserva la uníón familiar; es ella quien ha heredado todo el saber y espíritu de Gertrudis, actuando como la continuación de ésta. Así lo reconocen todos. De este modo, Gertrudis trasciende y se perpetúa en Manuela.