El colapso del sistema de la Restauración: De la dictadura a la Segunda República
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La dictadura de Primo de Rivera y el final del reinado de Alfonso XIII
Durante el reinado de Alfonso XIII (1902-1931), concretamente desde 1917, el régimen de la Restauración entró en una profunda crisis. Aumentó la conflictividad social (huelgas, motines, revoluciones) debido a las consecuencias de la Primera Guerra Mundial y al triunfo de la Revolución Rusa. A ello se unió, en 1921, el desastre de Annual, en el que murieron más de 10.000 españoles. Por todo esto, el régimen derivó en una solución autoritaria.
El golpe de Estado y el Directorio
El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, dio un golpe de Estado y declaró el estado de guerra. Distribuyó un manifiesto titulado "Al país y al ejército españoles", con el que prometía acabar con el desorden. Alfonso XIII reconoció el nuevo orden mandándole formar gobierno sin contar con el Parlamento, nombrándole Presidente del Gobierno militar o Directorio. El nuevo régimen recibió el apoyo de la burguesía, del Partido Socialista y la UGT. Primo de Rivera afirmaba no pretender establecer un régimen definitivo, sino una solución temporal. Su dictadura se desarrolló en dos etapas:
- Directorio Militar (1923-1925)
- Directorio Civil (1925-1930)
Directorio Militar (1923-1925)
En esta primera etapa, Primo de Rivera ejerció como ministro único, disolvió las Cortes, suspendió la Constitución, sustituyó los gobernadores civiles por militares (militarizando la Administración), paró el expediente Picasso, creó el Somatén Nacional para controlar el orden público y disolvió la Mancomunidad de Cataluña. Asimismo, creó la Unión Patriótica (1924), un partido político único de apoyo al régimen. Su mayor éxito vino de Marruecos: tras una etapa de abandono, se preparó un potente ejército que desembarcó en la bahía de Alhucemas (1925) y, tras semanas de batallas, Abd-el-Krim se entregó.
Directorio Civil (1925-1930)
Tras los éxitos económicos y políticos, Primo de Rivera intentó consolidar el régimen imitando el fascismo italiano. Para ello, formó un gobierno constituido por civiles de extrema derecha, como José Calvo Sotelo o Eduardo Aunós, quien creó la Organización Corporativa Nacional en 1926. Convocó una Asamblea Nacional Consultiva (1927), formada por miembros de la Unión Patriótica, de la Administración y de las actividades profesionales, que llegaría a presentar un proyecto de Constitución en 1929 que no llegó a promulgarse. Entre las reformas destacan: la ejecución de obras públicas (carreteras, ferrocarriles), una reforma fiscal que introducía la declaración sobre la renta y la creación de monopolios estatales (Telefónica, CAMPSA).
La caída de la dictadura y el fin de la monarquía
La dictadura no solucionó la cuestión catalana ni frenó a un movimiento obrero que se fortalecía. Desde 1928, el PSOE empezó a pensar en una solución republicana, al igual que la CNT y el PCE. También contribuyeron a la caída de la dictadura:
- Intelectuales: Como Unamuno, expulsado de la Universidad de Salamanca.
- Agitación estudiantil: Liderada por la Federación Universitaria Escolar (FUE), que provocó el cierre de universidades.
- Ejército peninsular: Organizando conspiraciones como la “Sanjuanada”.
- Partidos de la Restauración: Con líderes como Niceto Alcalá-Zamora o Sánchez Guerra.
- Republicanos: Como Manuel Azaña o Lerroux.
- Represaliados: Nacionalismo catalán, CNT y PCE.
Debido a esta oposición, a partir de 1928 comenzó la decadencia del régimen. Cada vez más aislado políticamente, en enero de 1930 Primo de Rivera presentó la dimisión al Rey y se exilió a París.
El final del reinado de Alfonso XIII (1930-1931)
El rey decidió restablecer el viejo sistema parlamentario, confiando el poder a Dámaso Berenguer, quien intentó sin éxito restablecer la Constitución de 1876 en un gobierno conocido como “dictablanda”. Por su parte, las fuerzas políticas republicanas firmaron el Pacto de San Sebastián (1930) y crearon un comité revolucionario presidido por Alcalá-Zamora, al que se unieron PSOE y UGT. Estas fuerzas fueron respaldadas por acciones del ejército (sublevación de Jaca, diciembre de 1930). En 1931, Berenguer fue reemplazado por Juan Bautista Aznar, que formó un Gobierno monárquico de concentración y convocó elecciones municipales el 12 de abril. Acudieron en coalición los firmantes del Pacto de San Sebastián, con un resultado favorable que desencadenó la abdicación del rey y la proclamación de la II República.