La España de la Restauración: Política, Movimientos Sociales y Crisis del 98

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El sistema político de la Restauración en España, que se consolidó con la Constitución de 1876, era conservador y se basaba en un sistema parlamentario liberal, pero escasamente democrático. La Constitución establecía la soberanía compartida entre las Cortes y la Corona, reconociendo a la Corona como uno de los pilares del régimen y otorgándole el derecho de veto, la cosoberanía con las Cortes y el nombramiento del gobierno. Además, se proclamó la confesionalidad del Estado y se restablecíó el presupuesto del culto y clero. El sistema se apoyaba en los partidos dinásticos y el ejército, y se basaba en el bipartidismo y el turno pacífico o alternancia regular en el poder entre el Partido Conservador y el Partido Liberal. El fraude en los resultados electorales garantizaba la mayoría del partido en el poder y las elecciones no eran justas ni libres. Fuera del sistema quedaban los republicanos y los carlistas, y más tarde aparecerían otras opciones como los socialistas o los nacionalistas catalanes y vascos, que tampoco tendrían cabida en el mismo. En definitiva, el sistema canovista era una democracia formal pero no real.


El movimiento obrero en España se desarrolló durante el Sexenio Democrático y la primera etapa de la Restauración. Las corrientes marxistas y anarquistas de la I Internacional encontraron eco en España. La corriente anarquista se hizo popular entre los obreros y campesinos, y se organizó en la Federación Regional Española (FRE), que más tarde se transformó en la Federación de Trabajadores de la Regíón Española (FTRE). Algunos grupos autónomos revolucionarios llevaron a cabo actos de violencia social.
Otra tendencia del anarquismo optaba por la creación de organizaciones de carácter sindical. Los socialistas, liderados por Pablo Iglesias, fundaron la Agrupación Socialista Madrileña, que se convirtió en el núcleo originario del Partido Socialista Obrero Español (PSOE)
. En 1888 impulsaron la creación de la Uníón General de Trabajadores (UGT)
, que respondía al sindicato de masas. Tanto el PSOE como la UGT defendían la lucha por la mejora de las condiciones laborales y la abolición de las clases sociales, y lograron obtener representación política.


El nacionalismo surge en España en el último cuarto del Siglo XIX, en plena Restauración, y se manifiesta principalmente en Cataluña y el País Vasco. El nacionalismo catalán tiene su origen en la Renaixensa, un movimiento intelectual que pretendía la difusión de la lengua, la cultura y el pasado histórico de Cataluña entre la población. En 1882 se creó el Centre Catalá, que reclamó la autonomía para Cataluña dentro del estado español. El proceso nacionalista culminará con la fundación en 1901 de la Lliga Regionalista. Por otro lado, el nacionalismo vasco surge con la fundación del Partido Nacionalista Vasco por Sabino Arana en 1895. El nacionalismo vasco propugnaba desde su inicio la independencia política y la creación de un nuevo Estado. En cuanto a las similitudes y diferencias entre ambos movimientos, cabe destacar que surgen en las dos regiones más industrializadas y desarrolladas económicamente de la España de la Restauración y fundamentan su nacionalismo en una exaltación de los elementos culturales diferenciales. Ambos son movimientos impulsados por la burguésía, pero mientras el movimiento catalán es autonomista, es decir, defiende un alto grado de autogobierno dentro del Estado español, el nacionalismo vasco es independentista y muestra un agresivo radicalismo antiespañol.


En el Siglo XIX, España perdíó casi todas sus colonias, quedándole solo Cuba, Puerto Rico y Filipinas. A partir de 1868, comienzan las rebeliones independentistas en Cuba, extendíéndose a Filipinas y Puerto Rico. En 1898, después de una explosión en el acorazado Maine en el puerto de La Habana, EE.UU. Culpa a España y le declara la guerra. España es derrotada sin paliativos y pierde sus últimas colonias en el Caribe y el Pacífico en la Paz de París. Las consecuencias de la derrota incluyen: una crisis moral e ideológica, críticas al sistema político de la Restauración, el fortalecimiento de los nacionalismos catalán y vasco, y el surgimiento de la "generación del 98", un movimiento literario que reflexiona sobre los problemas de España y posibles soluciones. Además, se implementan medidas proteccionistas para proteger el mercado español a las industrias nacionales, y se presta una mayor atención al norte de África en lugar de la presencia en ultramar.