Caracterización y Metateatro en Miles Gloriosus de Plauto: La Comedia de los Tipos Fijos
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Introducción a Miles Gloriosus: Estructura y Personajes
La comedia El soldado fanfarrón (Miles Gloriosus) de Plauto consta de cinco actos. La obra se articula mediante la presentación y el desarrollo de los principales tipos fijos de la Comedia Nueva, adaptados al contexto romano.
Acto Primero: La Presentación del Fanfarrón y el Parásito
El primer acto, que consta de una única escena, introduce a dos personajes fundamentales: el militar que da nombre a la obra, Pirgopolinices, y un parásito de su entorno, Artotrogus (aunque no se nombra en el texto original, se infiere su rol), quien lo elogia prodigiosamente.
En un aparte, el parásito lo llama embustero y jactancioso, y justifica sus propias mentiras en su necesidad de comer. Lo elogia con tal desmesura que se adelanta incluso a lo que el militar va a escuchar. Sin embargo, Pirgopolinices ni siquiera sospecha de la burla.
La Hipérbole Numérica como Recurso Cómico
En esta escena inicial, el parásito realiza la suma de los enemigos que el militar supuestamente había matado en un día determinado. Los números iniciales ya eran exagerados en sí mismos:
- 150 enemigos
- 100 enemigos
- 30 enemigos
- 60 enemigos
La suma real de estas cifras es 340. No conforme con esto, el parásito, en lugar de dar la cifra correcta, cuenta un total de 7000 enemigos muertos por Pirgopolinices en solamente un día. Ante esta exageración de la exageración por parte de su adulón, el militar contesta: «…muy bien llevas la cuenta».
El parásito, subrayando su interés material, dice para sí mismo: «Los panecillos dorados me inspiran». Esta situación de dependencia con respecto al sustento es también señalada por el mismo Pirgopolinices, quien llega a decirle en esta escena —la única en la que aparece el parásito—: «Mientras te portes como hasta ahora tendrás qué comer…».
De esta manera, utilizando al tipo popular del parásito, ya usual desde la Comedia Nueva griega, Plauto nos presenta una característica esencial de la personalidad de Pirgopolinices: su vanidad desmedida.
Acto Segundo: El Esclavo Ingenioso y el Prólogo
Otro de estos tipos fijos, el del esclavo ingenioso (servus callidus), lo encontramos en la escena siguiente, la primera del segundo acto. Su nombre es Palestrión y es quien expone el prólogo, en el que cuenta cuál es la situación hasta ese momento y anuncia los planes a seguir inmediatamente para revertirla, lo que en parte significa volver a una situación original.
Marcas de Teatralidad y la Relación con el Espectador
En esta escena ya encontramos marcas evidentes que indican que la obra no se dirige a lectores, sino a espectadores. Se llama la atención al público sobre lo que se va a decir, se anuncia que se va a contar el argumento y se pide que salgan quienes no estén interesados en prestar atención.
La Repetición como Recurso Didáctico
Una indicación clara de la orientación al público es la insistencia en las repeticiones sobre puntos necesarios para no perderse en el desarrollo de la obra. Por ejemplo, el esclavo da las indicaciones al vecino del militar sobre lo que dos mujeres deben hacer. Al presentarse estas dos mujeres en escena, Palestrión quiere comprobar si han entendido lo que deberán hacer, y les hace repetir todo lo que ya el público escuchó cuando él mismo dijo estas cosas al vecino del militar, que por otra parte es exactamente lo que irá sucediendo a continuación.
Este recurso de ir explicando insistentemente lo que está por suceder, cosa que se da a lo largo de la obra, nos muestra no solamente que está dirigida a un público espectador, sino también las condiciones de este público, que es dable imaginar en un clima de no entregar toda su atención al espectáculo (aunque esto también estaría relacionado con la extensión de la obra).
Interacción Directa (Metateatro)
Además, hay oportunidades en las que los personajes se dirigen directamente al público, un claro ejemplo de metateatro. Por ejemplo, en la escena cuatro del segundo acto, un muchacho al servicio de Pirgopolinices dice: «Os pido por lo que más queráis que no digáis nada».
Otra señal evidente de que la obra no está escrita para un lector es el parlamento final, en el que un actor dice: «¡Aplaudidnos!».