El Bienio Conservador (1933-1935): Lerroux, CEDA y la Revolución de Octubre de 1934 en la Segunda República

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Los Gobiernos del Bienio Conservador (1933-1935)

El Gobierno de Lerroux y el Apoyo de la CEDA: Moderantismo

Alejandro Lerroux, quien había participado en el gobierno del bienio anterior, se vio obligado a buscar el apoyo parlamentario de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), puesto que su partido no tenía mayoría absoluta. Este apoyo parlamentario le obligó a llevar a cabo una política más derechista y comenzó a deshacer algunas de las reformas del periodo anterior:

  • Se paralizó la reforma agraria y se devolvieron tierras expropiadas a la nobleza.
  • Se derogó la Ley de Términos Municipales y se revisaron los Jurados Mixtos (que beneficiaban a obreros y campesinos).
  • Se concedió amnistía al general Sanjurjo y a sus compañeros del golpe de Estado de agosto de 1932.
  • Se permitió el regreso de la Compañía de Jesús (jesuitas).
  • Se volvió a incluir la partida para el clero rural dentro de los Presupuestos Generales del Estado.

Todas estas medidas encontraron una respuesta, a menudo violenta, en la calle, con huelgas, manifestaciones y movilizaciones en el campo.

La Crisis de Octubre de 1934

A principios de octubre de 1934, la CEDA exigió, para seguir apoyando al gobierno de Lerroux, la entrada en el gabinete con tres ministros (Agricultura, Justicia y Trabajo). La izquierda consideró esto una agresión contra la República y, a través del sindicato UGT (Unión General de Trabajadores), se dio la orden de una huelga general revolucionaria que tomó el carácter de insurrección popular en Cataluña, País Vasco y, muy especialmente, en Asturias.

El Problema Catalán: Proclamación del Estado Catalán

El día 6 de octubre, Lluís Companys, Presidente de la Generalitat de Cataluña, rompió con el gobierno de Madrid, alegando que este era de dudosa lealtad republicana y acusándolo de antidemocrático. Proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. Esta fue una declaración unilateral que contravenía la Constitución de 1931 y que, naturalmente, no fue aceptada por Madrid. El gobierno central ordenó a la autoridad militar que sometiera a los rebeldes.

El General Batet combatió en algunas calles de Barcelona y, al llegar a las puertas de la Generalitat, Companys se entregó sin ofrecer resistencia. Fue encarcelado, procesado y condenado a 30 años de cárcel. La rebelión duró unas diez horas, produjo casi 50 muertos y significó la suspensión del Estatuto de Autonomía de Cataluña.

La Revolución de Asturias

Los mineros asturianos estaban mejor organizados y muy unidos. Desde que comenzó la huelga general, todas las miradas de los españoles estaban puestas en lo que ocurriría en Asturias.

Desde el principio, la insurrección se mostró violenta: se asaltaron las casas cuartel de la Guardia Civil, se tomó la cuenca minera, los mineros se apropiaron de los explosivos de las minas, ocuparon fábricas de armas, sometieron la ciudad de Oviedo y, en algunas localidades, constituyeron comunas obreras, gobiernos utópicos con autoridades populares.

Esta revuelta, que no cogió desprevenido al gobierno, resultó un grave problema para Madrid por su intensidad. El gabinete llamó al General Franco para que asesorara militarmente. Se decidió desembarcar tropas del Ejército de África en Asturias y, en aproximadamente nueve días, se sofocó la revuelta.

Las represalias se extendieron por toda España. Unas 30.000 personas fueron detenidas, acusadas de participar en el levantamiento. Se impuso la censura previa y se limitaron las actividades de los partidos de izquierda, entre otras medidas.

La sublevación y las tropelías (quema de iglesias, asaltos a almacenes, asesinatos, etc.) cometidas por algunos rebeldes produjeron un enorme rechazo en las derechas y una profunda animadversión. Más tarde, la dura represión gubernamental provocó idéntica sensación en las izquierdas, alejándose cada vez más ambos bloques hacia un enfrentamiento fratricida que llegaría con la Guerra Civil en 1936.

Crisis del Gobierno y Convocatoria de Elecciones (1936)

Lerroux y otros altos dirigentes se vieron envueltos en un caso de corrupción política, el llamado caso del «estraperlo», y Don Alejandro dimitió. Le sucedieron varios presidentes (Joaquín Chapaprieta, Manuel Portela Valladares - Samper fue anterior a la crisis de octubre) que no supieron dar solución a los crecientes enfrentamientos entre partidos.

Ante esta situación de inestabilidad, el Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, disolvió las Cortes y convocó nuevas elecciones para febrero de 1936.