El Atomismo Clásico y el Giro Antropológico: Leucipo, Demócrito y la Filosofía de los Sofistas
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El Atomismo de Leucipo y Demócrito: Átomos, Vacío y Movimiento
Existen infinitos seres diminutos, *los átomos*, que comparten las mismas características que el Ser de Parménides. Sin embargo, a diferencia de este, para poder admitir el movimiento, es necesario otorgar algún tipo de realidad al vacío. Las dos realidades fundamentales son, por tanto, los átomos y el vacío.
Los átomos son infinitos en número; el vacío lo es en extensión. Los átomos son cualitativamente iguales, compactos, plenos y sin vacío interior, son impenetrables e indivisibles. Nunca sufren cambios en su interior, por lo que son eternos. Poseen diferentes tamaños, figuras o formas. Su movimiento es eterno como ellos, inherente a la materia: no es necesario postular un *Noús* o demiurgo que dé el impulso original a la materia.
Cosmogonía y Cosmología Atomista
Su **cosmogonía** (origen del mundo) y **cosmología** (explicación del mundo) se desarrollan del siguiente modo: el movimiento de los átomos es eterno, pero desordenado, estando situados en un principio en un espacio (*khora*) infinito. En este espacio chocan azarosamente entre sí y algunos se entrelazan, surgiendo de este modo un torbellino que dará lugar a los diferentes compuestos y a los infinitos mundos.
La Posición Ética: La Euthymía
Su posición ética busca alcanzar la **euthymía** o «buen ánimo», evitando cualquier perturbación del mismo. Esto se logra mediante la moderación de los placeres, el saber medir. Hay que huir también de las perturbaciones que puedan producir las supersticiones o cualquier otro temor o sufrimiento. Todo esto pasará a **Epicuro**, ya en el periodo helenístico.
El Giro Antropológico: De la Physis al Hombre
El «giro antropológico» se produce a mediados del siglo V a. C. en la filosofía griega. Si con los presocráticos el tema de investigación era la *physis* (naturaleza), con los sofistas y Sócrates la filosofía dirige su atención a **problemas de tipo político, ético y lingüístico**.
No obstante, parte de esta temática ya había sido objeto de interés en pensadores y poetas anteriores, aunque no de un modo tan marcado.
Los Sofistas
Características de la Sofística
Los sofistas son maestros en la *paideia* o educación. Su enseñanza se centraba en dos ámbitos:
- Educación política: Enseñando una habilidad política de carácter práctico para solucionar asuntos de la ciudad.
- Educación retórica: Formación en gramática, retórica o erística, para poder enfrentarse con éxito en la asamblea o ante asuntos judiciales.
Los sofistas cobraban por sus enseñanzas unos honorarios relativamente elevados, hecho que les reprocha Platón.
Los sofistas se presentan como maestros de virtud (*areté*). La palabra *areté* significaba tanto virtud moral como *excelencia*. Ellos pretenden enseñarla. Frente a la concepción tradicional aristocrática que suponía que la *areté* se heredaba, la pretensión sofística es un producto de la nueva democracia: el sofista **Protágoras** mantiene que la virtud puede ser enseñada, en el sentido de crear un buen ciudadano. Ahora bien, qué sea ese buen ciudadano era objeto de disputa entre los propios sofistas. En la segunda generación, parece admitirse que el buen ciudadano es aquel que tiene éxito o poder.
Cuestiones Fundamentales de la Sofística
La Oposición Nómos-Physis
La reflexión sobre el *nómos* (ley) ha surgido del espíritu viajero de Grecia. Hace referencia a cualquier tipo de norma, sea de carácter legal o moral, las cuales han sido adquiridas por el hombre *por convención, por costumbre*. Es algo no natural, o conforme a la naturaleza, sino *convencional*, distinto en cada ciudad, una solución a menudo creada para la ocasión, como cuando se fundaban nuevas colonias por el Mediterráneo. No procede de la naturaleza (*physis*) ni de un *lógos* universal. Menos aún, como en la época mítica, son decretos de los dioses.
Convencionalismo y Relativismo en la Moral Sofística
Igualmente, fruto del espíritu viajero, los sofistas se preguntan por la gran variedad de costumbres que existen en diferentes pueblos y países. Si son diferentes, uno se pregunta cuáles son las válidas, y parece claro que el *nómos* o mundo de las convenciones no puede tener un fundamento universal, válido para todas las culturas. Ya no es posible hablar de una verdad absoluta. Lo que llamamos «*justicia*» no es más que un acuerdo que puede cambiar con el tiempo y en cada *polis*, un asunto de convención que se puede aprender socialmente.