Ascenso y Caída de la Dictadura de Primo de Rivera y la Guerra Civil Española: Causas, Desarrollo y Consecuencias

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La Guerra Civil Española (1936-1939): Orígenes y Desarrollo

La Guerra Civil (1936-1939) puso un trágico fin a un proceso de apertura y modernización que quería poner al país en una situación equiparable a la de las democracias occidentales. La victoria del bando nacional en 1939 truncó el proceso democrático y se resolvió con la implantación de una dictadura del general Franco, que duraría cuatro décadas. La guerra fue un acontecimiento mundial. En un contexto de consolidación de las dictaduras fascistas en Alemania e Italia, la guerra de España se convirtió en un pulso internacional entre los dos grandes modelos que estaban en juego: el democrático y el autoritario. El ambiente social era cada vez más tenso. La izquierda obrera había optado por una postura revolucionaria y la derecha buscaba el fin del sistema democrático. Desde abril se sucedieron enfrentamientos violentos callejeros entre grupos falangistas y milicias. El teniente José Castillo murió a tiros. El 13 de julio, Calvo Sotelo fue asesinado. La clase media española quedó paralizada por el asesinato y ello proporcionó a los golpistas gran apoyo popular. Mientras, la conspiración militar contra el gobierno del Frente Popular avanzaba. Había una trama política conformada por los principales líderes de los partidos: Gil Robles, Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera. Por otro lado, crecía el número de generales implicados: Franco, Varela... Emilio Mola se convirtió en el jefe de la conspiración, el "director" del golpe.

El Inicio de la Rebelión

El enfrentamiento era inevitable. El gobierno de Casares Quiroga no había decidido tomar medidas concretas, ni dio instrucciones a las autoridades provinciales pese a las continuas advertencias de las organizaciones obreras; en esta situación vio como el 17 de julio de 1936 el ejército de Marruecos iniciaba la rebelión contra el gobierno de la República.

El Fracaso del Golpe y la División de España

El golpe militar no pudo lograr su principal objetivo, conquistar el poder. Fracasó en las principales ciudades españolas, salvo en Sevilla y en Zaragoza, y como triunfó en buena parte de la España interior, provocó la división de España en dos zonas y el inicio de la guerra civil. Pero el golpe de Estado contó con apoyos civiles y eclesiásticos, logrando controlar inicialmente amplias áreas de España.

La Zona Sublevada y la Consolidación del Poder Franquista

La zona sublevada contaba con la baza del ejército correoso de África, además de las activas milicias del carlismo y del falangismo. Contaba además con divisiones en la zona republicana, con superiores recursos materiales y humanos, frente a la vocación de unidad de la zona sublevada o nacional: liderazgo de Franco, unificación de partidos afectos a la sublevación y apoyo de la Iglesia. La ayuda de Italia y Alemania (potencias fascistas) facilitó el puente aéreo del estrecho, que aceleró el avance sublevado por Andalucía occidental y Extremadura, liberando Toledo y con Madrid en el horizonte. El estado de la república desapareció fulminantemente. Progresivamente se va a crear otro distinto caracterizado por la concentración del poder, la militarización y disciplina reinante y el nacional-catolicismo como ideología imperante. Es decir, el rumbo opuesto a la España republicana; la contrarrevolución.

Se creó una Junta de Defensa Nacional, cuya primera tarea fue el nombramiento del jefe del mando militar, nombramiento que recayó en Franco como Jefe del Gobierno del Estado Español, Caudillo, Generalísimo de los Ejércitos, líder indiscutible del “Movimiento”, como se le llamó al partido único, FET y de las JONS, creado en abril de 1937. Franco confirmó su dominio absoluto y se puso como objetivo ganar la guerra y construir un nuevo Estado. La construcción de ese nuevo Estado fue acompañada de la eliminación física del oponente, la destrucción de todos los símbolos y políticas de la República y de la búsqueda de una victoria rotunda e incondicional sin posibilidad de mediación alguna.

En ese camino Franco contó con el apoyo y bendición de la Iglesia católica. La Iglesia católica española, que había sufrido durante la República considerables mermas en sus privilegios, vejaciones y ataques frecuentes, apoyó desde el primer momento el golpe militar del verano de 1936 y le prestó todo su apoyo dignificando la rebelión militar con el nombre de “Cruzada de liberación”.

La España Republicana: División y Resistencia

La España republicana se caracterizó por la atomización del poder y las disputas políticas, el desorden y el movimiento asambleario. La destrucción del poder del Estado y la proliferación de poderes sindicales locales determinó el futuro inmediato de la revolución, la guerra y la república. Durante la guerra civil, hasta su final el 1 de abril de 1939, la República pasó por tres diferentes etapas, con tres presidentes de Gobierno: el republicano José Giral, hasta comienzos de septiembre de 1936; el socialista Largo Caballero, desde el 4 de septiembre de 1936 hasta mediados de mayo de 1937; y el socialista Juan Negrín, desde mediados de mayo de 1937 hasta el final de la guerra.

Largo Caballero creó un gobierno de concentración, con ministros socialistas, republicanos, comunistas, nacionalistas, de UGT y CNT, un gobierno, pues, en el que estaban representados todas las organizaciones y partidos leales a la república y que hacían frente a la rebelión, cuyos objetivos eran: ganar la guerra y se aparcaba la revolución; creación de un ejército regular, militarización de las milicias, nacionalización de las industrias de guerra, restablecimiento de la autoridad del gobierno, centralización de la actividad económica, defensa de la pequeña y mediana propiedad, contención de la revolución social y pacto de unidad de acción entre partidos y sindicatos. La CNT y el POUM seguían compatibilizando la guerra con la revolución, los nacionalistas hacían caso omiso a las decisiones del gobierno central. La crisis estallaría definitivamente con los sucesos de Mayo en Barcelona. La CNT y el POUM se enfrentarían a la República y en donde los comunistas tuvieron un papel preeminente, teniendo lugar una guerra civil dentro de la guerra civil. Al final se impone la República. Se formó otro gobierno de concentración, presidido por el socialista Negrín con Prieto como Ministro de Defensa y sin la presencia de los sindicatos, su objetivo era resistir en la guerra del interior y ganar la guerra del exterior. La política más criticada de Negrín fue la centralización, cuando cayó el norte, la república era más pequeña pero también más unificada.

Las Fuerzas en Presencia y el Desarrollo de la Guerra

La relación de fuerzas era al principio bastante equilibrada. La República superaba a la zona rebelde en el dominio de las regiones industriales: toda la siderurgia, la industria mecánica, la textil, buena parte del hierro y del carbón, estaban en sus manos. El bando de los militares rebeldes, por su parte, tenía las reservas de cereal y ganado de la meseta norte y Galicia, además del carbón leonés y las minas de Riotinto. La República aventajaba en otro aspecto importante a los sublevados: contaba con las reservas de oro del Banco de España.

Pero esa superioridad se resquebraja si atendemos a los efectivos militares. La gran mayoría de los oficiales se había sublevado, y las unidades estaban prácticamente desarticuladas, lo que obligó al gobierno republicano a empezar casi desde cero para recomponer un ejército sobre la base de las entusiastas pero mal organizadas milicias obreras. Además, el bando rebelde contaba con varias divisiones íntegras y sobre todo con el ejército de África, el mejor equipado y entrenado.

Los primeros días de la guerra sirvieron para consolidar los frentes. Durante septiembre y octubre, el avance de las tropas nacionalistas fue continuo. La primera y principal batalla ocurrió en Madrid en noviembre de 1936.

En noviembre el Gobierno abandonó la capital rumbo a Valencia, lo que produjo la indignación del pueblo madrileño, y se constituyó la Junta de Defensa de Madrid, presidida por el general Miaja, con el teniente coronel Vicente Rojo como Jefe de Estado Mayor. Los militares rebeldes, que ya le había dado a Franco el supremo mando desde el 1 de octubre, fracasaron en el asalto a la capital y la guerra se prolongó. En Madrid entran los soldados de las primeras Brigadas Internacionales, voluntarios de todo el mundo que acudieron a España para luchar contra el fascismo.

Los franquistas, en 1937, conquistaron Málaga (en febrero) y todo el norte de España, desde junio a octubre (Bilbao, Cantabria y la zona de Asturias que quedaba en zona republicana). La conquista del norte les permitió el acceso a una parte importante de la industria y de las minas y privó a la República de esos recursos tan importantes.

Teruel fue la única capital de provincia que conquistaron los republicanos, a finales de diciembre de 1937, aunque la recuperaron las tropas de Franco a finales de febrero de 1938. Al mes siguiente, el ejército de Franco conquistó toda la mitad oriental de Aragón. La principal batalla de toda la guerra fue La batalla del Ebro: tras unos meses de ofensivas y contraofensivas, desde julio a noviembre de 1938, la lucha costó 100.000 vidas y un enorme desgaste de material. Tras esa batalla, el ejército de Franco comenzó la conquista de Cataluña y unos meses después, había ganado la guerra. El 28 de marzo unidades franquistas entraban en Madrid. Franco firmó, el día 30 de marzo, su célebre último parte de guerra.

Causas de la Victoria Franquista

Las causas de la victoria nacionalista: Son muchos los factores, lógicamente, que contribuyen a explicar el resultado de la guerra. Sin embargo, podemos subrayar como determinantes tres razones fundamentales: el desequilibrio militar de ambos bandos, el apoyo nazi y fascista a Franco (acompañado de la falta de apoyo de las potencias democráticas) y la desunión en el bando republicano.

Consecuencias y Balance Final de la Guerra

  • Las cifras son muy dispares, además el debate ha estado revestido siempre de un fuerte componente ideológico, en favor o en contra de cada uno de los bandos. De forma aproximada, si a las muertes ocasionadas por la guerra y la posguerra, sumamos el medio millón de exiliados republicanos, las pérdidas demográficas superan con creces el millón de habitantes, al que habría que añadir las consecuencias de la caída de natalidad habida durante la guerra, así como el hecho de que la mortalidad se centró principalmente en la población joven y activa.
  • Por si esto fuera poco, la derrota republicana fue seguida del exilio masivo, y en él se incluyó la gran mayoría de los científicos, ingenieros, catedráticos, escritores y artistas del país. Las consecuencias de la ausencia de esa élite cultural y científica fueron muy graves, por cuanto retrasó durante varias décadas el desarrollo de España.
  • Queda, por último, el efecto moral. La guerra dejó marcadas a varias generaciones por el trauma del sufrimiento durante los tres años de conflicto, pero también por la represión posterior y la atmósfera de la España postbélica, un clima de revancha, de persecución y de imposición de una escala de valores unilateral, la de los vencedores, que prolongó durante muchos años la división y el enfrentamiento entre los españoles.

La Represión Durante y Después de la Guerra

Represión

La guerra civil española ha pasado a la historia por la deshumanización del contrario, por la enorme violencia que generó. Las primeras semanas después del golpe fueron de una violencia inusitada en ambos bandos. Los ajustes de cuentas, los paseos, los juicios sumarísimos o las ejecuciones y asesinatos sin juicio proliferaron. Es imposible calcular cuántos miles de personas fueron ajusticiadas de forma más o menos irregular en aquellos días. Según las revisiones más actuales podemos hablar de 50.000 ejecuciones en el bando republicano y de más de 100.000 en el bando franquista (además de cincuenta mil fusilados en la posguerra).

En el bando sublevado, los fusilamientos fueron la respuesta habitual a la resistencia, por mínima que hubiera sido, al golpe; entre los ejecutados destacan varios generales e intelectuales y artistas, como el poeta Federico García Lorca, en su Granada natal. En general, puede decirse que la represión, concentrada sobre todo en los dirigentes obreros y en cuantos se habían manifestado a favor del Frente Popular, fue bastante más organizada y dirigida que en el bando contrario, pese a que en ocasiones los pistoleros de Falange y de otros grupos afines actuaban por su cuenta. Además, se prolongó durante toda la guerra.

En la zona republicana, por el contrario, la represión fue espontánea y desigual. Fue una respuesta visceral al golpe militar, llevada a cabo por grupos radicales y casi siempre incontrolados por sus propias organizaciones, y se ensañó especialmente en miembros del clero, dirigentes de partidos de derecha, empresarios y terratenientes, así como en personajes de conocida tendencia conservadora. En las primeras semanas del golpe fueron juzgados por tribunales militares y ejecutados jefes militares que participaron en el golpe. En noviembre fue también ejecutado José Antonio Primo de Rivera, que estaba preso en la cárcel de Alicante desde la primavera. Tras los primeros meses, sin embargo, la represión -lo que se llamaba desde el otro lado el terror rojo- se atenuó mucho, y las autoridades pasaron a controlar más la situación.

Tras la guerra civil, la dictadura de Franco siguió matando, rindió culto a los asesinados en la zona republicana y silenció, con el apoyo de la Iglesia católica, los miles de asesinatos cometidos en la zona franquista. Recuperar esa memoria es lo que persiguen hoy muchos en nombre de la democracia.

La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930): Causas y Consecuencias

Antecedentes y Causas del Golpe de Estado

Entre 1902 y 1923 se vivió una permanente crisis política que afectó a los fundamentos del sistema de la Restauración. Las causas fueron diversas, entre ellas, la personalidad del rey Alfonso XIII, quien se implicó en los cambios de gobierno, participó en la acción política, y se rodeó del sector conservador. Su actitud de apoyo a la Dictadura sería decisiva para el descrédito de la Monarquía. Otros factores incluyen la división de los partidos de «turno», provocada por la desaparición de los dirigentes históricos, y el debilitamiento del caciquismo, que restó eficacia al falseamiento electoral. Como resultado, las mayorías en las Cortes fueron precarias. Al fraccionamiento parlamentario contribuyó la aparición de otros partidos políticos. Desde 1917, ningún partido era capaz de formar gobierno por sí solo. La derrota del ejército español en Annual, en 1921, frente a las tribus africanas, provocó un movimiento en el Ejército de exigencia de un cambio político. Un gobierno autoritario podía ser el freno a la protesta social y al auge del movimiento obrero. La posibilidad de un «hombre de hierro» comenzó a ganar partidarios. Dos factores más serán el apoyo del Rey y el contexto internacional. El Golpe de Estado se produce el 13 de septiembre de 1923, dirigido por Miguel Primo de Rivera. El general Primo se sublevó el 12 de septiembre. El golpe triunfó gracias al silencio y al apoyo del Rey. El nuevo régimen militar se presentó al país, a través de un Manifiesto, como un proyecto de regeneración. Se trataba de corregir los defectos del sistema político y de eliminar el caciquismo. Se orientó a implantar una Dictadura en la que el Ejército asumía un papel importante. El 15 el Rey aceptó nombrar ministro al general Primo a quien asistiría un Directorio Militar compuesto por jefes del Ejército. Era una Dictadura personalista. Declaró el estado de guerra en todo el territorio, sustituyó los gobernadores civiles por militares, cambió a gran parte de altos cargos de la Administración por mandos militares, se elaboró un Estatuto Municipal que no se aplicó, disolvió el Congreso y la parte electiva del Senado y estableció una censura de prensa.

El Directorio Militar y la Institucionalización del Régimen

En enero de 1924 comenzó un proceso de institucionalización del régimen. La acción política se encaminó a acabar con los viejos partidos de la Restauración y el régimen parlamentario. Sin embargo, la Dictadura no tocó la base real del sistema: la oligarquía de terratenientes e industriales siguió dominando la vida económica y social. Se creó la Unión Patriótica, bajo la dirección de un militar. Marruecos fue el centro de las preocupaciones de Primo de Rivera y se atribuía la responsabilidad personal de la acción allí. Dos hechos cambiaron la situación: El ataque de Abd el-Krim a las tropas españolas que se retiraban y el avance marroquí hacia territorio dominado por Francia. En mayo comenzaron conversaciones Francia y llegaron a una conclusión; había una acción militar coordinada. El dirigente rifeño se entregó a las tropas francesas que le desterraron a la isla de la Reunión. El gobierno español protestó porque pensaba someterle a juicio por haber exterminado a todos los oficiales que mantenía prisioneros. Esta victoria fue el triunfo más espectacular de Primo de Rivera.

La Asamblea Nacional Consultiva y la Prosperidad Económica

Primo de Rivera propuso al Rey la sustitución del Directorio Militar por un Gobierno civil. El proceso de institucionalización de la Dictadura se realizó mediante una Asamblea Nacional Consultiva en 1927, constituida por 400 miembros elegidos mediante sufragio restringido. Se le encargó la elaboración de una nueva Constitución. El proyecto que se presentó no satisfizo a nadie. La Asamblea Nacional y la Unión Patriótica demostraron ser un fracaso. La Dictadura subsistió hasta 1930 por la victoria militar en Marruecos y la prosperidad de la segunda mitad de la década. El Gobierno aprovechó ese clima para realizar una política de carácter populista (inversiones en carreteras y obras hidráulicas).

Esta década se denominó como los felices años 20. Primo se vio beneficiado por una situación de auge económico. Se caracterizó por el intervencionismo estatal y el nacionalismo económico. La organización corporativa contribuyó a la paz social de la época. Primo no prohibió las huelgas. Los beneficios principales obtenidos por la clase obrera se debían a la estabilidad del empleo y la extensión de la Seguridad Social. Lo más notorio fue la colaboración del Partido Socialista. Primo persiguió a anarquistas y comunistas, por considerarlos revolucionarios.

La Oposición y el Fin de la Dictadura

La oposición: el fracaso de la Dictadura y la irritación de los grupos de oposición hicieron revivir las movilizaciones. La oposición abarcó un amplio terreno político. Parte de los políticos de los partidos del turno se negó a colaborar con Primo y exigió a Alfonso XIII el restablecimiento de la Constitución y la convocatoria de elecciones. Ante la negativa del Rey, se alejaron del Monarca. El movimiento republicano permaneció aletargado. Dentro del Ejército creció el descontento. Creció la oposición entre los intelectuales. La descomposición de la Dictadura se precipitó. Primo, cansado, presionado por el Ejército intentó conseguir el apoyo de la Corona. Alfonso XIII aplazó su respuesta. En enero de 1930 el Dictador presentó su dimisión al Rey. Tras despedirse con un nuevo Manifiesto se exilió. Alfonso XIII encargó la formación de Gobierno al general Berenguer. Su objetivo era la vuelta al régimen constitucional. Pero tal propósito era imposible. La lentitud con que se restablecieron las libertades constitucionales y la falta de precisión en el proceso de vuelta al sistema político parlamentario fueron minando mes a mes el prestigio del Gobierno. La oposición fue creciendo. Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 se realizaron sin incidentes. Los republicanos habían ganado. El 14 de abril se proclamó la Segunda República.