Análisis de la Poesía de Miguel Hernández: Temas y Evolución
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El Compromiso Social y Político en la Poesía de Miguel Hernández
El compromiso social y político en la poesía de Miguel Hernández en El rayo que no cesa aparece por primera vez los signos de la poesía proletaria que desarrollará en las siguientes obras. El estallido de la guerra y su participación en ella dan lugar a una poesía pesimista, íntima, de preocupaciones personales que se refleja en Viento del pueblo, El hombre acecha, Cancionero y romancero de ausencias. Destacan poemas de preocupación social, como Aceituneros. Se adentra por El hombre acecha con una poesía directa, terriblemente mediatizada por la realidad que vive el poeta y su pueblo. Y el poeta se ve obligado a estar al lado de los combatientes, a combatir; luchará en el bando republicano y cantará a los héroes de esa facción en tonos políticos. Poemas que carecen de sentido fuera de su contexto político o han perdido en gran parte el vigor que les venía dado por la realidad inmediata de un pueblo en lucha. Por su noble sinceridad y porque se sentía hombre del pueblo, adquirió los convencimientos, cree que la poesía es la esencia misma del pueblo y tiene su raíz en la tierra. El hombre acecha sigue esta línea, pero con un doloroso acento por la tragedia de la guerra. La guerra había acumulado experiencias demasiado feroces y el hambre, las cárceles, las mutilaciones y la destrucción ensombrecieron su poesía. En ambos libros (Viento del pueblo y El hombre acecha), el lenguaje es más claro, más directo. La preocupación estética es menor. Por último, en Cancionero y romancero de ausencias aparece el tema de la situación de prisionero y las consecuencias de la guerra. Precursor de la poesía social, el poeta se hace solidario con los demás hombres. Aparece en él un nuevo concepto de la función de la poesía en el mundo.
Temas Poéticos de Miguel Hernández
1. El Amor en la Poesía de Miguel Hernández
En la obra de Miguel Hernández tiene gran importancia la temática, breve pero rica. Llama la atención, en primer lugar, la presencia de los elementos de la naturaleza, sobre todo, la luna, alrededor de la cual gira todo un mundo de elementos de la vida rural: el gallo, el espantapájaros, el limón, etc. En segundo lugar, la utilización simbólica de cuanto ve. El toro es el símbolo por excelencia. El toro se convierte en símbolo del amor. Pero el tema por excelencia es el del amor. Las mujeres que lo inspiraron fueron su amor de toda la vida, Josefina Manresa, Maruja Mayo, un amor breve pero intenso y el amor no correspondido de María Cegarra. En El rayo que no cesa se produce la maduración íntima de un concepto de amor como destino trágico. El amor es sexual, ardiente, pero también es la llamada de protección que lo cobije. Solo la amada puede consolar la pena del poeta. Entre el amor y la muerte va el hombre. Pero también se rebela contra el amor que lo esclaviza. En El rayo que no cesa el dolor se impone. La tristeza equipara muerte-vida. Por último, en Cancionero y romancero de ausencias vemos cómo la mujer amada e idealizada, en estos poemas, está, como la tristeza, vestida de negro.
2. Miguel Hernández y la Naturaleza
La naturaleza es contemplada como generadora de vida. Para Miguel, en la naturaleza se muestra la conciencia de totalidad del mundo, de equilibrios de fuerza, de vida que se mueve, se transforma, la muerte y la vida. Aparecen los motivos cotidianos de su vida pastoril y el léxico agreste. La periodicidad de la luna está relacionada con el ciclo fecundo de la mujer. El erotismo es, ahora, impulso vital hacia la mujer y hacia la tierra. Hay que mencionar sus reiteradas imágenes de la muerte. El vientre de la mujer es vida, pero lo son también la sangre y la savia de la tierra.
Trayectoria Poética de Miguel Hernández
La Evolución de su Poesía
En 1933 se publica en Murcia Perito en lunas: canaliza en 42 octavas reales que describen, en complejísimas metáforas, objetos de la vida cotidiana. Y en 1936 aparece la obra maestra de Hernández, El rayo que no cesa, conjunto de poemas, en su mayor parte sonetos -un total de 27, de rigurosa factura clásica-, cuyo tema central es la frustración amorosa del poeta. La obra incluye la emocionada Elegía a la muerte de Ramón Sijé, su gran amigo de infancia y juventud. La poesía intimista de El rayo que no cesa da paso a la poesía de tono social en las obras Viento del pueblo, El hombre acecha y Cancionero y romancero de ausencias. En Viento del pueblo y en El hombre acecha los motivos bélicos y patrióticos se expresan en un lenguaje tan directo como vigoroso; los versos de Cancionero y romancero de ausencias reflejan la amargura de la última etapa de su vida: su situación de prisionero, la angustia por la suerte de su mujer e hijo. Algunos de estos poemas (como Las nanas de la cebolla) siguen conmoviendo a los más variados lectores, impresionados por su tono humanísimo; poemas de una simplicidad e intimismo lírico sobrecogedor, muy distantes del barroquismo de los poemas adolescentes.
Vida y Muerte en la Poesía de Miguel Hernández
La vida y la muerte son parte fundamental de la obra de Miguel. En un primer momento, en Perito en lunas, su poesía refleja la naturaleza, los animales y las plantas en metáforas y símiles. Es el comienzo de la vida, una vida casi festiva e inconsciente, con una cierta despreocupación y un optimismo natural que rinde homenaje a la naturaleza. Destaca el atributo regenerador de vida de la luna que se relaciona con el ciclo fecundo de la mujer y las alusiones sexuales de los frutos, y el barro, material de la semilla humana. El amor impregna su obra desde las primeras obras; en El rayo que no cesa la vida se presenta como agonía. Muestra al hombre contra el destino, pero el destino gana siempre. Por eso la sangre es símbolo de corriente hacia la muerte, y el rayo es la muerte que pende sobre el poeta. Predominan dos sustantivos: muerte y amor, solos o combinados. La muerte gana al amor. Entre el amor y la muerte va el hombre. Toda la obra está plagada de símbolos de muerte: el toro, el rayo, la espada... En El hombre acecha ofrece una visión desalentadora de la realidad que se mide ya en miles de muertos, heridos, cárceles, odio. En Cancionero y romancero de ausencias, a la soledad y la angustia de siempre, ahora hay que sumar la soledad por la muerte. Vida y muerte se interrelacionan a lo largo de toda la obra de Miguel. El hijo muerto será objeto de una constante pena que hace que la fuerza y la rebeldía de Miguel comiencen a resquebrajarse y se vislumbre un final inevitable en el que canta los pedazos de vida que va dejando en el camino, la agonía a la que vuela.