La Era del Absolutismo: Impacto de la Guerra de los Treinta Años y el Surgimiento del Pensamiento Moderno
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El Siglo XVII: Transformaciones Históricas y Filosóficas hacia la Modernidad
Contexto Social e Histórico: El Siglo XVII y la Guerra de los Treinta Años
Durante el siglo XVII se consolidaron los cambios que se habían iniciado con el comienzo de la Edad Moderna. Los descubrimientos y la conquista de los inmensos territorios americanos originaron un aumento del comercio.
En este periodo se produjo la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Esta contienda, que comenzó como una guerra de religión, derivó en una guerra total con profundas repercusiones en el continente europeo. Las consecuencias de esta larga guerra deben evaluarse desde distintos puntos de vista:
- Debilitamiento de las grandes potencias: Tras la guerra, potencias como España y el Sacro Imperio Romano Germánico (Alemania) sufrieron un considerable debilitamiento.
- Fin de la unidad religiosa europea: Se produjo el entierro definitivo de la idea de una Europa unida por la religión cristiana; y el nacimiento de un buen número de estados independientes que reivindicaban su soberanía nacional y esgrimían la razón de Estado como argumento principal en las relaciones internacionales.
- Devastación económica y social: Desde el punto de vista económico y social, las consecuencias de la guerra fueron devastadoras. La población se redujo drásticamente y hubo zonas que vieron menguar significativamente su demografía.
Tras la guerra, se inició un largo periodo de crisis del que muchos territorios tardaron en recuperarse. En el escenario surgido, resultaba de vital importancia contar con un Estado fuerte. Esto se lograba mediante una fuerte concentración del poder político, lo que propició la expansión del absolutismo monárquico.
El Absolutismo Monárquico y el Mercantilismo
Esta forma de gobierno se centraba en la figura del rey. Su palabra era la ley y sus decisiones se ejecutaban sin someterse a revisión. El monarca se rodeó de la nobleza y el clero, convirtiéndolos en sus consejeros y pilares de su poder.
En este contexto social y político, prosperó el mercantilismo como doctrina económica. Se intentaba por todos los medios lograr una balanza comercial favorable, es decir, que las exportaciones fueran mayores que las importaciones. Por ello, se adoptaron medidas proteccionistas. La política económica parecía estar a favor del sistema político basado en el absolutismo monárquico, aunque la economía mercantilista, con su énfasis en la acumulación de riqueza, sentaría las bases para futuras tensiones.
Eventualmente, estas dinámicas provocarían una serie de revoluciones sociales que terminarían por resquebrajar los cimientos del Antiguo Régimen y del absolutismo monárquico, abriendo paso a nuevas eras políticas y sociales.
Corrientes Filosóficas del Periodo: Realismo e Idealismo
Paralelamente a los cambios políticos y sociales, dos problemas fundamentales centraron el interés de los filósofos de este periodo: uno de índole teórica y otro de tipo práctico, ambos relacionados con la naturaleza del conocimiento:
- Realismo: Fue la doctrina según la cual el sujeto conoce directamente la realidad.
- Idealismo: Se caracterizó por caer en la cuenta de que, al conocer, nos hacemos una representación de la realidad y que es esa representación, y no la realidad misma, el objeto de nuestro conocimiento.
Filósofos como Descartes y Kant son considerados figuras clave del idealismo moderno. La última de las propuestas idealistas de la filosofía moderna fue la de Kant, quien consideró que no es posible fundar nuestro conocimiento prescindiendo por completo de la experiencia, como pretendían los racionalistas, integrando así la razón y la experiencia en su sistema filosófico.