Vitalismo de Nietzsche y Psicoanálisis de Freud: La Naturaleza Humana
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El vitalismo de Friedrich Nietzsche
Todo el pensamiento de dicho autor es una afirmación del valor irrepetible de la vida individual. El punto de partida para comprender al ser humano debe ser la vida, experimentada en toda su plenitud. No somos seres especialmente racionales; hay en nosotros elementos instintivos, impulsivos e irracionales, los cuales tienen una importancia decisiva y que es preciso reconocer y aceptar. El autor afirma la importancia de la vida, entendida como una experiencia individual llena de intensidad y plenitud.
Nietzsche criticó duramente a la filosofía occidental por haberse negado durante siglos a reconocer la importancia de la vida humana.
La crítica al dualismo tradicional
El alma es la parte noble y valiosa de las personas, mientras que el cuerpo es tratado con desprecio y rechazo. Según el autor, Platón es el principal responsable de este nefasto desprecio de la vida. La tradición filosófica en general ha condenado al cuerpo como impuro y ha valorado únicamente nuestra dimensión espiritual.
El rechazo de la vida adquirió un nuevo significado con el cristianismo, cuando se introdujo el concepto de pecado. Para los cristianos, lo más importante era salvar el alma inmortal; esto solo se podía conseguir venciendo la tentación. Las virtudes del cristianismo son las que ayudan a vencer las tentaciones del cuerpo.
La antropología psicoanalítica de Sigmund Freud
Esta tuvo una enorme influencia y relevancia durante gran parte del siglo XX. Para Freud, el psiquismo humano está formado por tres instancias o estructuras:
- El “ello”: Engloba las pulsiones primarias de la naturaleza humana que no son controladas por la conciencia. Entre esas pulsiones, las más importantes son las sexuales, las de autoconservación y las agresivas. También forman parte los rasgos hereditarios y los deseos reprimidos que se producen durante la historia personal del sujeto. Los contenidos son energía que debe liberarse y demandan su satisfacción. Son irracionales y amorales, debido a que exigen su satisfacción sin atender a prohibiciones morales o sociales.
- El “superyó”: Es el conjunto de normas y amenazas morales que el ser humano adquiere desde que nace; es lo que se denomina la conciencia moral de la persona y se opone a los impulsos primitivos del “ello”.
- El “yo”: Es la instancia que media entre el ello y la realidad exterior. Posee un papel regulador y trata de ajustar las pulsiones del “ello”, dominadas por el principio de placer, a las exigencias del superyó, dominado por el deber moral. Busca satisfacer las pulsiones del ello sin que dicha satisfacción provoque conflictos con las creencias del individuo, rigiéndose así por lo que se conoce como “principio de realidad”.
Determinismo y libertad en Freud
El ser humano se convierte, en el pensamiento de Freud, en un ser determinado psíquicamente, al estar dirigido por pulsiones de carácter inconsciente y al poseer también la misma condición del superyó.
Freud tenía el objetivo de acrecentar el dominio consciente del sujeto sobre su vida psíquica y así aumentar su libertad. Ese camino de liberación parece demasiado limitado porque el yo permanece bajo la influencia de un conjunto de fuerzas innatas y el superyó no es otra cosa que el conjunto de presiones que provienen del medio social-familiar.
La socialización es un proceso claramente represor del ser humano; provoca la aparición del superyó, que surge cuando el niño comienza a captar las pautas sociales que le van a permitir vivir en sociedad. A partir de ese momento, las normas morales de la sociedad interiorizadas en el superyó se oponen al ello, y el control de estos impulsos es el principal mecanismo para integrarse en la sociedad.