Virtudes dianoeticas Aristóteles

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3.1 Las partes de alma  y los tipos de virtud
Según Aristóteles el alma tiene dos partes, una racional y otra irracional. La irracional se divide a su vez en otras dos partes, una vegetativa, común con el resto de los seres vivos, y otra apetitiva o desiderativa. Hay dos clases de virtud, la intelectual o dianoética y la ética. Las virtudes intelectuales o dianoéticas son excelencias de la parte racional del alma y surgen y se desarrollan a partir de la enseñanza, por ello necesitan experiencia y tiempo. Son la ciencia, el arte, la prudencia, el intelecto, la sabiduría. Las virtudes éticas son excelencias de la parte desiderativa o apetitiva de la parte irracional del alma y surgen a partir de la costumbre. Por esto ninguna de las virtudes éticas nace en nosotros por naturaleza. Las virtudes éticas son posesiones del individuo adquiridas mediante la actividad, lo que Aristóteles llama hábitos. Son hábitos elogiables que nos predisponen a actuar movidos, no por deseos y pasiones descontroladas, sino convenientemente moduladas por la razón y por la prudencia (virtud dianoética) (inteligencia práctica).



3.2 Las virtudes dianoéticas. Su caracterización Las virtudes del alma racional son cinco: el intelecto, la ciencia, la sabiduría, el arte y la prudencia. Las virtudes que se dedican al conocimiento de lo necesario son: - Intelecto: Es una especie de intuición intelectual que capta de manera inmediata los principios de nuestro conocimiento de lo universal y necesario, que sirven para las demostraciones de la ciencia. Es idéntica a todos los seres humanos. - Ciencia: se obtiene conocimiento mediante la demostración, partiendo de los principios obtenidos por el intelecto. Es enseñable y sus conclusiones son necesarias. - Sabiduría: es el saber más elevado. Engloba el intelecto y la ciencia, porque conoce los principios y lo que deriva de ellos. Es propia del filósofo y Aristóteles afirma que está desprovista de utilidad, porque al ser el saber más elevado no puede cultivarse en función de otro saber. Las virtudes que se dedican al conocimiento de lo Contingente son: - Arte: es un hábito productivo acompañado de razón verdadera. Crea el conocimiento y habilidad para producir cosas, lo que crea puede ser y no ser, por lo tanto es contingente al poder ser de otra manera.



- Prudencia: es un hábito racional, verdadero y práctico, acerca de lo que es bueno y malo para el hombre. Genera conocimiento acerca de lo conveniente y perjudicial, para aplicarlo a la acción concreta. Dirige la acción moral, eligiendo lo que es correcto en cada ocasión. La elección prudente es resultado de la deliberación. (Es el puente que une la parte racional con la parte irracional del alma).


3.3 Las virtudes éticas. Vérselas con las pasiones


Las virtudes éticas se distinguen de las dianoéticas, pero coinciden en que en su creación y desarrollo las dos necesitan de la razón. Respecto a la continencia, placer y dolor Aristóteles distingue entre seis tipos de caracteres: la excelencia sobrehumana, que sólo pueden poseer los dioses, la bestialidad infrahumana, propia de las bestias, la virtud y el vicio, y la continencia y la incontinencia, ambas 4 propias del hombre. Pero aquí también entra en juego la akrasía (debilidad humana) que complica el panorama moral. La excelencia del carácter del hombre virtuoso es que posee tanto virtudes éticas como dianoéticas, pero la fuerza de las pasiones puede afectar a la acción moral.




 Podemos saber lo que está bien y no hacerlo, podemos saber lo que está bien y hacerlo pero venciendo una gran resistencia interna que no se consideraría una virtud.Aristóteles también se aleja de la doctrina de la unidad de las virtudes de Platón y da como ejemplo casos intermedios, como por ejemplo un injusto valiente, tendría una virtud (la valentía) pero a su vez iría acompañada de un vicio (la injusticia). Por tanto la ética y la política deben su existencia a que el mero hecho del conocimiento no asegura la excelencia moral. Una cosa es saber que es el bien y la justicia y otra es ser buenos y justos, de esto último se trata la ética. En el platonismo la prudencia era la capacidad de conocer las ideas y la de llevar a cabo la acción correcta. Para Aristóteles la moderación no forma parte de la prudencia ya que saber lo que es correcto no basta para dominar los apetitos y deseos. Aristóteles define la moderación como relativa al placer y al dolor y es entendida como una especie de evitación del exceso. Aunque la virtud ética no consiste solamente en la evitación del exceso, pero hay que buscar lo que Aristóteles presenta como el término medio que es una cualidad propia de toda virtud.




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