Valoración de las utopías filosofía

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A lo largo de la historia del pensamiento político se han planteado multitud de sociedades "perfectas" o "ideales", que han recibido el nombre de utopías.
En general, las utopías han servido para que los distintos autores expresaran una crítica del mundo en el que vivían, aunque en ocasiones se han presentado como si fueran realmente realizables —algo que, evidentemente, no ha ocurrido—. A la izquierda puedes ver un fragmento de la famosa obra de El Bosco El Jardín de las Delicias —que se encuentra en el Museo de El Prado— en la que aparece el jardín de Edén, lugar que ha sido considerado como una utopía.

A veces nos encontramos con planteamientos aparentemente opuestos: algunos pensadores han imaginado cómo sería una sociedad perversa, en la que los defectos y males de la nuestra hubieran crecido hasta límites intolerables. También en este caso se trata de hacer una crítica del mundo en el que vivimos, pero en la forma de una advertencia: si no tenemos cuidado puede que acabemos así de mal... Estos últimos planteamientos han recibido el nombre de distopías.
Una distopía es lo contrario de una utopía, una especie de utopía negativa.

Utopía y distopía son dos términos antitéticos que hacen referencia a dos hipotéticas sociedades radicalmente opuestas. Entre ambas está la nuestra, la sociedad real, que puede mejorar y acercarse a la utopía, o bien empeorar y dirigirse hacia la distopía.

En el año 1516, el pensador, político y escritor inglés Tomás Moro (1478-1535) publicó una obra en la que describe una imaginaria sociedad perfecta, titulada Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía
. Era la primera vez que la palabra "utopía" se utilizaba. La palabra proviene del griego y significa "en ningún lugar" (en griego "ou" significa "no" y "topos" se traduce como "lugar").

Había nacido el concepto de utopía, que desde entonces hace referencia a una sociedad ideal que no existe realmente en ninguna parte —y que por añadidura es irrealizable.

En el libro Tomás Moro nos narra la decripción que un explorador llamado Hythloday hace de una isla llamada Utopía, que casualmente ha descubierto en uno de sus viajes y en la que ha permanecido durante cinco años —en la imagen puedes ver una representación de la isla aparecida en una de las primeras ediciones del libro—. En Utopía la vida es idílica y pacífica: las ciudades y las viviendas se organizan racionalmente, de forma que ningún ciudadano tenga privilegios o riquezas mayores que los demás. No existe la propiedad privada y todo el mundo trabaja por el bien común, establecíéndose turnos para que las tareas más duras sean desempeñadas por todos. El trabajo ocupa el tiempo imprescindible para producir lo necesario para una vida cómoda, gozando los ciudadanos de suficiente ocio, que dedican al arte, la música y la filosofía. Las autoridades son elegidas democráticamente y disfrutan de una envidiable libertad religiosa. Todo parece perfecto en Utopía.

La descripción de esa isla ideal le sirve a Moro para criticar y señalar los aspectos negativos de la sociedad de su tiempo:
Las desigualdades, las guerras, la intolerancia religiosa, etcétera.

Platón (427-347 a. C.) vivíó en la época de decadencia de la democracia ateniense. Conocíó también la tiranía y la injusticia. Insatisfecho con las formas políticas existentes en su tiempo, se preguntó acerca de cómo construir una sociedad perfecta. Debemos evitar en primer lugar, pensó, que el poder se convierta en objeto de disputas, pues si el poder es tenido por algo valioso los gobernantes harán uso de él en su propio provecho. Tampoco es aconsejable que el pueblo ignorante asuma las riendas del Estado, pues de él solo podemos esperar injusticias y errores. Tampoco los guerreros deben gobernar, ya que buscarán por encima de todo el honor y la gloria. ¿Quién debe entonces gobernar para que el Estado sea justo?

-En él establece Platón que los gobernantes deben ser los hombres sabios, los filósofos, pues estos desprecian el poder y la riqueza y por tanto no utilizarán el poder en su propio beneficio. Además de gobernantes, la ciudad ideal platónica debe estar constituida por guerreros y trabajadores.
Los guerreros deben ser valerosos, y entre ellos no puede haber propiedad privada ni familias, pues deben estar totalmente entregados a la defensa del Estado. Entre los trabajadores, encargados de producir todos los bienes necesarios para el mantenimiento de la vida.
La utopía platónica ha sido estudiada y comentada ampliamente a lo largo de la historia. También ha sido criticada y considerada como una sociedad más cercana a la distopía que a la utopía.

La época en la que las utopías se convierten en un tema recurrente es aquella en la que vive Tomás Moro:
El Renacimiento.
Probablemente por que se trata de la época en la que el ser humano adquiere conciencia de su propio valor y protagonismo, y deja de pensar el mundo como algo ya terminado y estático —pensamiento que era común en la Edad Media— y empieza a pensarlo como algo dinámico que puede ser transformado.

Además de la ya mencionada Utopía de Moro aparecen dos importantes obras: La Ciudad del Sol, de Tommaso Campanella (1568-1639) y La Nueva Atlántida, de Francis Bacón (1561-1626).

En el Siglo XIX y XX las utopías están generalmente relacionadas con el desarrollo de la ciencia y la tecnología.
Éstas adquieren un gran protagonismo y aparecen como una herramienta esencial para conseguir la felicidad humana. Pero también encontramos en ellas advertencias acerca del peligro que una excesiva tecnificación e industrialización pueden entrañar —algo que será más explícito en las distopías)—. Observamos una tendencia hacia formas de vida sencillas y espirituales, en algunos casos buscando una síntesis entre la cultura científica de Occidente y la espiritual de Oriente. Veamos dos ejemplos; Walden Dos, de B. F. Skinner y La Isla, de Aldous Huxley.

Skinner (1904-1990)


fue uno de los grandes psicólogos del siglo pasado, y está considerado como uno de los padres del conductismo.
Esta teoría psicológica se centra en el estudio del comportamiento humano, investigando las formas de aprendizaje por las que adquirimos determinadas conductas. La idea de Skinner y los conductistas consiste en que cualquier comportamiento humano puede ser modificado utilizando un método de aprendizaje adecuado.

Partiendo de esta idea Skinner imagina una comunidad ideal, Walden Dos, en la que la ciencia conductista ejerce de omnipotente organizador social.
Gracias a una educación minuciosamente establecida los individuos aprenden a comportarse sin maldad ni egoísmos, a convivir haciendo compatible la felicidad individual y el interés colectivo. La natalidad está científicamente controlada y el trabajo ocupa una pequeña parte del día, pudiendo disfrutar todo el mundo de un tiempo ocioso feliz y sin preocupaciones.

En La Isla de Huxley —que recibe el nombre de Pala— la vida también trancurre tranquila y feliz. La ciencia ha hecho posible mitigar el sufrimiento y controlar la natalidad, así como asegurar una alimentación completa y saludable para todo el mundo. Pero los habitantes de la isla de Pala rechazan la industrialización, pues ésta conlleva una vida entregada al trabajo y al consumo. Prefieren una vida sencilla desde el punto de vista material que haga posible una rica vida espiritual.

¿Cómo será el futuro de la humanidad?


Nuestra cultura está repleta de relatos en los que se muestra un futuro no demasiado atractivo: películas o novelas en las que el mundo ha quedado devastado por una gran catástrofe, o en las que la sociedad ha degenerado hacia sistemas totalitarios que convierten la existencia humana en algo despreciable.
  -Un futuro así, aunque no nos agrade, podría ser posible. Los relatos que nos muestran esa penosa posibilidad reciben el nombre de distopías.
El término "distopía" fue acuñado por John Stuart Mill —filósofo y economista inglés del Siglo XIX — como antónimo de "utopía":

Las distopías son un fenómeno relativamente reciente.
Por otra parte las distopías tienen su expresión preferentemente en la literatura y en el cine, aunque también hayan sido objeto de reflexión filosófica Las distopías transcurren normalmente en un futuro cercano, y son consecuencia de los riesgos que entraña nuestra sociedad.

Algunas distopías contemporáneas

Un mundo feliz,de Aldous Huxley;
1984,de George Orwell;
YFahrenheit 451,de Ray Bradbury.
Se trata de tres novelas, llevadas al cine, que ocupan un lugar destacado en la literatura del Siglo XX, tanto por su valor literario como por la repercusión social que en su momento obtuvieron.

En 1932 A. Huxley publicó la novela Un mundo feliz. En ella se muestra una sociedad en la que no existen el hambre ni la guerra, en la que todo está perfectamente organizado y los individuos parecen felices y satisfechos. El siguiente vídeo nos muestra un fragmento de la adaptación cinematográfica que los directores Leslie Libman y Larry Williams llevaron al cine en 1998:

Bradbury imagina en su novela, publicada en 1953, una sociedad que ha declarado la guerra a los libros, considerándolos responsables de la infelicidad humana.

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