Turismo de borde de agua

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EL IMPACTO DE LAS ACTIVIDADES TURÍSTICAS

El impacto del turismo en el espacio se manifiesta sobre todo en el desarrollo de infraestructuras de transportes, en el acondicionamiento del propio espacio turístico –tanto en el  interior del mismo como en las zonas inmediatas–, así como en la atracción inmigratoria sobre la población cercana. A ello hay que añadir sus repercusiones sobre el medio ambiente.

4.1.  Cambios en la ordenación del espacio

  1. La modificación en la red de transportes.

La organización de las redes de comunicaciones se ha modernizado y transformado en función de los intereses turísticos, especialmente en las zonas costeras, a las que se pretende dotar de buena accesibilidad. La creación de la autopista del Mediterráneo se debe al papel que estaba llamada a desempeñar la costa mediterránea en la atracción de turistas, de igual manera que muchos de los aeropuertos de esta zona y, muy especialmente, de las diversas islas mediterráneas y atlánticas deben su importancia al turismo. Además en el futuro inmediato juega también un papel importante el desarrollo de los trenes de alta velocidad, así como la creación de una nueva red de puertos deportivos de calidad, destinados a una clientela selecta.

  1. Acondicionamiento del espacio turístico.

El desarrollo del turismo ha provocado una urbanización intensiva de los lugares costeros (“marbellización”), dando lugar a la consolidación de conurbaciones en amplios tramos costeros. Se han creado auténticas ciudades, al menos en su morfología, con grandes volúMenes de edificación, con torres elevadas de muchos pisos, aprovechando avariciosamente el terreno, sin que se hayan dejado apenas espacios verdes o formando auténticos muros de cemento justamente al lado de las playas. Esta ocupación del territorio se ha realizado generalmente sin un marco planificador previo –con la excepción notable de Benidorm, primer municipio turístico español en desarrollar un plan urbanístico en los años sesenta–. 

Entre sus efectos más negativos destacan:

  • La acentuación de los desequilibrios territoriales entre un eje lineal paralelo a la costa, con alta densidad de población, más puestos de trabajo y mejores equipamientos, y las tierras del interior, poco pobladas, con escasez de empleos y peor equipadas.

  • La masificación, especialmente en ciertos meses del año, que dificulta el uso sostenible de los recursos naturales —sobre todo el agua—, y agrava los problemas medioambientales.

  1. Capacidad fijadora de población en el espacio. 

Las zonas turísticas –sobre todo aquellas que se sitúan dentro o al lado de comarcas o provincias económicamente menos desarrolladas– han tenido la gran virtud de contribuir a la fijación de la población en el espacio, impidiendo la emigración de contingentes importantes de personas que han encontrado empleo en el propio sector turístico o en el de la construcción. Al lado de esta población, constituida sobre todo por adultos jóvenes o adultos maduros, existe además una inmigración de personas mayores o jubilados, procedentes de Europa o de territorio nacional, a la que se unen empresarios o profesionales acomodados que pueden llevar sus negocios a distancia.

4.2. El turismo y el medio ambiente

El turismo inicialmente ha tenido un indudable papel destructor del medio ambiente, sobre todo en gran parte de la Costa Mediterránea. Ello se debíó tanto a la urgencia en satisfacer una demanda turística en continuo aumento en medio de una tolerancia constructiva excesiva, como a que el turismo de masas de esa época no exigía más que la existencia de sol y  playa y que los precios fueran baratos.. Estas repercusiones se concretan en la destrucción, por ocupación, de espacios naturales de gran valor paisajístico o ecológico (Albufera, salinas y dunas de Torrevieja, la Manga del Mar Menor, Doñana amenazada por la urbanización de Matalascañas...), en la contaminación de las aguas costeras por los residuos urbanos sin depurar, el agravamiento del déficit hídrico, la contaminación de playas y bosques...

Hoy, sin embargo, pasada esta primera fase y allá donde la recuperación es más factible, el turismo se está convirtiendo en un regenerador de la preocupación por el medio ambiente, sobre todo porque la conciencia ecológica de los turistas está aumentando y, por ello, se alejan de aquellas zonas que, sin ofrecer los precios baratos de antes, tampoco ofrecen ahora posibilidades de contacto gratificante con la naturaleza. Ejemplos en tal sentido existen ya en determinadas lugares de las Islas Canarias -de la mano del arquitecto César Manrique- y en la propia Costa del Sol, que, por otro lado, tiene la ventaja de estar al pie de una montaña que proporciona agua abundante y espacios naturales.

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