Transformaciones del Pensamiento Occidental: Crisis, Capitalismo y Alianza Divina

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La Paradoja del Fin de Siglo: Progreso Material y Crisis Existencial

A finales del siglo XIX, en el llamado Fin de Siglo, Occidente vivió una situación aparentemente contradictoria. Por un lado, experimentó un enorme desarrollo material, técnico y urbano; pero, al mismo tiempo, surgió una profunda sensación de crisis cultural, espiritual y filosófica. Es decir, mientras el progreso material parecía avanzar sin límites, muchas personas empezaron a sentir que ese progreso no era suficiente para dar sentido a la vida ni para hacer al ser humano más feliz.

Esta conciencia de crisis surge como reacción a la Modernidad, que había confiado plenamente en la razón, la ciencia y el progreso como medios para construir una humanidad mejor. Sin embargo, a finales del siglo XIX comenzó a cuestionarse esa confianza.

Movimientos de Reacción y Crítica

Uno de los primeros movimientos que expresó esta reacción fue el Romanticismo, que criticó el exceso de racionalismo y reivindicó los sentimientos, la imaginación, la naturaleza, el pasado y la libertad individual. También aparecieron los bohemios, que rechazaban los valores de la sociedad burguesa y preferían vivir al margen de las normas sociales como forma de protesta frente a una sociedad excesivamente materialista.

Además, se produjo una crisis del positivismo, corriente que defendía que solo era verdadero aquello que podía observarse y medirse científicamente. Esta confianza absoluta en la ciencia empezó a debilitarse con nuevos descubrimientos, como la teoría de la relatividad de Einstein, que puso en duda la idea de una realidad completamente fija y objetiva y favoreció una visión más compleja y subjetiva del mundo.

El Reflejo de la Angustia en el Arte y la Literatura

Esta crisis también quedó reflejada en el arte. Un ejemplo es El grito, de Edvard Munch, que expresa la angustia, el miedo y la ansiedad del ser humano moderno. Otro ejemplo es el cuento Mecanópolis, que critica una sociedad dominada por el progreso técnico y las máquinas, pero cada vez más deshumanizada, mostrando que el desarrollo material no garantiza la felicidad.

A esta crisis cultural se sumaron también problemas políticos, como la pérdida de las últimas colonias españolas en 1898, que aumentó la sensación de decadencia e incertidumbre.

El Esplendor del Desarrollo Material

Sin embargo, mientras todo esto ocurría, el mundo vivía un extraordinario desarrollo material. Las ciudades crecieron gracias a los ensanches urbanos y se implementaron notables mejoras:

  • Las calles se hicieron más amplias y rectas.
  • Apareció el alumbrado público.
  • Se introdujeron mejoras en la higiene urbana y nuevas fuentes.
  • Surgieron sistemas de transporte público y un importante desarrollo del ferrocarril.

Este último hizo necesaria la creación de una hora oficial, transformando la forma en que las personas organizaban su tiempo. El progreso también se reflejó en el deporte con la recuperación de los Juegos Olímpicos en Atenas en 1896, símbolo de confianza en el desarrollo físico, la organización y el progreso de la sociedad.

En conclusión, el Fin de Siglo estuvo marcado por una gran paradoja: mientras el progreso material alcanzaba niveles nunca vistos, aumentaba al mismo tiempo una profunda sensación de crisis cultural y existencial. Esta contradicción preparó el camino para muchas de las ideas propias de la Postmodernidad.


El Nacimiento del Capitalismo: De la Subsistencia a la Acumulación

El capitalismo es un sistema económico basado en la propiedad privada, la acumulación de capital y la búsqueda del beneficio mediante la inversión y la actividad económica. Este sistema nace en la Modernidad gracias a un cambio en la manera de entender el dinero, el trabajo y la economía.

El Cambio de Mentalidad Económica

Durante la Edad Media, la actividad económica estaba orientada a obtener el justo fruto, es decir, producir lo necesario para vivir y cubrir las necesidades básicas. La riqueza se entendía principalmente como un medio para sostener la vida y no como un fin en sí mismo.

Con la Modernidad se produce un cambio de mentalidad. La economía deja de buscar únicamente la subsistencia y comienza a orientarse hacia la producción de excedente, es decir, la riqueza que sobra una vez cubiertas las necesidades básicas. Ese excedente puede acumularse, invertirse y utilizarse para generar todavía más riqueza. Por ello, la riqueza deja de entenderse solo como un medio para vivir y pasa a convertirse en un capital capaz de crecer.

La Nueva Concepción del Dinero y las Instituciones

También cambia el significado del dinero. En la Edad Media era principalmente un medio de intercambio para facilitar la compraventa de bienes. En la Modernidad comienza a entenderse como una mercancía sometida a la oferta y la demanda. Martín de Azpilicueta explicó que el valor del dinero depende precisamente de su abundancia o escasez.

Además, aparecen nuevas instituciones económicas fundamentales:

  • Bancos: Que conceden préstamos y facilitan la actividad económica.
  • Crédito: Que permite invertir antes de disponer de toda la riqueza necesaria.
  • Sociedades mercantiles y anónimas: Que permiten reunir capital de distintos inversores, diferenciando entre quienes aportan dinero y quienes gestionan la empresa.

Como consecuencia de este cambio, el dinero deja de ser únicamente un medio para satisfacer necesidades y pasa a convertirse en un símbolo de inversión, crecimiento económico, prosperidad y poder. La capacidad para acumular capital y obtener beneficios se convierte en uno de los principales objetivos de la actividad económica.

En conclusión, el capitalismo surge cuando la economía deja de orientarse únicamente al justo fruto y pasa a buscar la acumulación de capital, la inversión y el beneficio, transformando por completo la manera de entender el dinero y la actividad económica.


La Elección Divina: Identidad y Poder en el Pueblo de Israel

La elección divina es la decisión libre de Dios de escoger al pueblo de Israel para establecer una alianza con él y confiarle una misión dentro de la historia de la salvación. Es uno de los elementos centrales de la identidad del pueblo judío.

La Alianza y la Identidad del Pueblo Elegido

Según la tradición bíblica, Dios establece una alianza con Abraham y le promete una tierra y una descendencia. A partir de ese momento, Israel se entiende como el pueblo elegido por Dios. Sin embargo, esta elección no significa que sea superior a otros pueblos ni que haya sido escogido por sus méritos, sino que responde a una elección gratuita, fruto de la voluntad libre de Dios.

Esta elección configura la identidad del pueblo judío porque deja de entenderse simplemente como una comunidad política y pasa a verse como un pueblo unido por una alianza con Dios. Dios guía, protege, libera y se revela a su pueblo, mientras que Israel debe responder viviendo conforme a esa relación.

Implicaciones Políticas de la Elección

Esta idea también influye en la política. La autoridad del rey no se considera fruto de la fuerza, la riqueza o el prestigio, sino de una misión recibida de Dios. Por eso los reyes son ungidos con aceite, signo de que han sido elegidos por Él. La elección divina sirve así para legitimar el poder político, ya que el rey gobierna en nombre de Dios y debe hacerlo de acuerdo con la alianza establecida con su pueblo.

En conclusión, la elección divina constituye el fundamento de la identidad del pueblo judío y determina también su concepción de la política, entendiendo que la autoridad legítima procede de Dios y debe ejercerse conforme a su voluntad.

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