Los Trabajos y los Días de Hesíodo y las Argonáuticas de Apolonio de Rodas

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Los Trabajos y los Días

Los Trabajos y los Días tiene como punto de partida un hecho concreto: la disputa de Hesíodo con su hermano Perses, quien le ha desposeído de su patrimonio y ha logrado sobornar a los jueces para que fallen a su favor cuando Hesíodo le lleva a juicio. Pero este hecho particular le sirve de pretexto para plantearse la cuestión general de las fuerzas que sustentan la existencia humana.

También aquí aparece Zeus como ordenador, el dios que ha establecido la justicia entre los hombres. Sin embargo, esto produce una íntima contradicción en el poeta, que por una parte ve cómo la injusticia abunda a su alrededor y, por otra, quiere confiar en el Zeus protector de la justicia. Es enormemente expresivo el pasaje en que desgarradoramente nos dice:

«Pero ojalá ni yo ni mi hijo fuéramos justos entre los hombres, puesto que es un mal que el hombre sea justo si es que el injusto ha de alcanzar una justicia más favorable»

Pero, enseguida, manifiesta la esperanza —no la convicción— de que el Providente Zeus no permita este estado de cosas. La obra continúa alternando las alocuciones directas a Perses, aconsejándole que deponga su afán de lucha y pendencias y se dedique a ganarse el sustento por medio del trabajo honrado, con las consideraciones de carácter general, como, por ejemplo, el mito de las dos Eris o diosas de la disputa: una mala, que lleva a los hombres a la guerra y a las luchas, y otra buena, que les sirve de estímulo para superarse.

Las reflexiones sobre los infortunios del mundo las desarrolla a través del mito de las edades, en las que sucesivamente la humanidad ha ido decayendo hasta su postración actual. Hace también una serie de consideraciones sobre los distintos tipos de trabajos y la forma más adecuada de llevarlos a cabo para que sean productivos para los mortales. La última parte, referente a los días adecuados para distintos trabajos o acciones, parece haber sido un añadido posterior.

Épica Helenística

Apolonio de Rodas: Argonáuticas

Cinco siglos separan la Ilíada y la Odisea de un tercer gran poema épico escrito en época helenística: las Argonáuticas (el viaje de los argonautas).

Apolonio de Rodas

Nació y vivió en Alejandría en la época de los Ptolomeos (siglo III a. C.). Trabajó junto a Calímaco, de quien fue discípulo, y llegó a ser máximo responsable de la Biblioteca. Se marchó a Rodas, donde corrigió y rehízo el poema. Los rodios le concedieron la ciudadanía y la posteridad lo conoce como Apolonio de Rodas.

Los Argonautas: argumento y estructura

Las Argonáuticas están basadas en una de las sagas más antiguas de Grecia: la historia de los intrépidos viajeros que, en la nave Argo, fueron a la Cólquide en busca del vellocino de oro; logrado su objetivo, regresaron a Yolcos, en Tesalia, el puerto de salida.

Toda una serie de peripecias se suceden a la ida y a la vuelta. Dividido en cuatro densos cantos, el argumento del poema es el siguiente:

  • Canto I: Tras la invocación a Apolo, el poeta indica los motivos de la expedición y se presenta el catálogo de héroes.
  • Canto I y II: Aventuras del viaje de ida.
  • Canto III: Aparece en escena Medea, que se enamora de Jasón.
  • Canto IV: Medea adormece al dragón, propiciando que Jasón obtenga el vellocino. Peripecias y llegada a Yolcos.

Los Argonautas son los protagonistas de casi todo el poema. Son personajes antológicos de toda la tradición griega que toman protagonismo en cada episodio: Heracles, Peleo, Tifis, Zetes, Orfeo, etc.

Jasón es el máximo responsable de la expedición, pero no destaca como es el caso de Odiseo. Medea es la protagonista de los dos últimos cantos del poema. Es la mujer de Jasón; ella decide, reacciona, lleva la iniciativa, discurre y maquina. Es una mujer cariñosa, tierna, pero, a la vez, fuerte y decidida. Es quien dirige y orienta a Jasón.

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