Totalitarismo y Democracia en la Europa de 1920: Crisis, Ascenso de Dictaduras y Respuestas Democráticas
Enviado por Chuletator online y clasificado en Historia
Escrito el en
español con un tamaño de 2,93 KB
Totalitarismo y Democracia
En la Europa de 1920 se vivieron unas difíciles circunstancias económicas, acompañadas de una crisis social revolucionaria. Los sindicatos y partidos socialistas y comunistas se reforzaron, recordando que la revolución soviética había llevado al poder a la clase obrera. Todo ello condujo a una fuerte oposición en las democracias por parte del proletariado y a un enorme temor de la burguesía y las clases medias por no poder controlar una situación que parecía revolucionaria.
Democracias ante la Crisis
Ante la crisis económica y la agitación social, los países con fuerte arraigo del parlamentarismo y la democracia consiguieron integrar el socialismo emergente en el sistema, a través del sufragio universal y de la formación de coaliciones políticas amplias. Así fue posible aislar a los partidos más radicales.
Este fue el caso de Gran Bretaña, cuya situación económica era grave: las industrias se habían quedado anticuadas y sus exportaciones se redujeron; en 1921 el país tenía 2,5 millones de desempleados. A pesar de la dureza con la que se reprimieron las huelgas, especialmente la huelga general de 1926, la acción del partido laborista permitió canalizar de forma parlamentaria las demandas populares.
En Francia, la crisis económica se extendió en la década de 1930. Se produjeron protestas obreras, contestadas por amplias movilizaciones de la derecha. En este contexto, se originó una gran coalición de republicanos, socialistas y comunistas que formaron el llamado Frente Popular (1936) dentro del marco parlamentario y democrático.
Sin embargo, preocupados por sus propios problemas económicos y sociales, las democracias se encerraron en sí mismas y contemplaron sin intervenir el ascenso de las dictaduras en otros países de Europa.
Ascenso de las Dictaduras
En los países donde el sistema liberal-parlamentario tenía escasa tradición y los partidos liberales o conservadores se veían impotentes ante la crisis económica y la revuelta social, se establecieron sistemas políticos autoritarios. Eran dictaduras que prometían restablecer el orden, exaltaban el nacionalismo y se apoyaban en los grandes propietarios, el ejército o la iglesia para combatir el avance de las ideas socialistas y comunistas. Eran estados policiales que rechazaban el sistema liberal-democrático porque lo consideraban incapaz de acabar con la inestabilidad social y con la amenaza del socialismo.
El fascismo se extendía por Italia (en 1922, Mussolini era nombrado jefe de gobierno) y los nazis se hacían con el poder de Alemania en 1933. En estos regímenes, las reacciones contra las fórmulas políticas liberal-parlamentarias iban más allá y eran más peligrosas: definían nuevos proyectos totalitarios e imperiales y se presentaban con la pretensión de crear un nuevo orden alternativo, tanto al modelo de sociedad democrático como al socialista.