El alacrán de fray Gómez: tradición limeña y milagros franciscanos

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Resumen

Esta tradición limeña explica el dicho popular «vale tanto como el alacrán de fray Gómez». Narra los milagros del lego franciscano fray Gómez, contemporáneo de San Francisco Solano, y el episodio del préstamo de quinientos duros a un buhonero a cambio de una joya en forma de alacrán. El texto permite conocer la tradición oral y las costumbres de la Lima colonial.

Puntos clave

  • Fray Gómez era un lego franciscano del convento de Lima, contemporáneo de San Francisco Solano.
  • Se le atribuyen milagros como resucitar a un jinete descalabrado y curar al santo con dos pejerreyes fuera de temporada.
  • Un buhonero pobre pide un préstamo de quinientos duros a fray Gómez, quien le entrega un alacrán envuelto en papel como prenda.
  • La prenda es un prendedor de oro con una esmeralda y dos rubíes, que el buhonero empeña por quinientos duros.
  • Al devolver la joya, fray Gómez libera al alacrán con una bendición, y de ahí procede el dicho popular sobre su valor.

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El Tesoro del Alacrán de Fray Gómez: Una Tradición Limeña

Cuando yo era muchacho escuchaba a las viejas exclamar, cuando una alhaja era de mucho precio:

—¡Esto vale tanto como el alacrán de fray Gómez!

Explicar este dicho de viejas es lo que me propongo con esta tradición.

I. Fray Gómez y sus Prodigios

Fray Gómez era un lego contemporáneo de San Francisco Solano que desempeñaba en el convento de los padres seráficos en Lima la función de refitolero del hospital de los devotos frailes, y a quien nunca se le conoció de otra manera que fray Gómez.

Fray Gómez hizo en Lima milagros en cantidades, como quien no quiere la cosa. Un día un caballo desbocado arrojó a su jinete. El desgraciado quedó patitieso, arrojando sangre por la nariz y la boca.

—¡Se descalabró! —gritaba la gente, creyéndolo listo para la tumba.

Fray Gómez se acercó pausadamente al infeliz, le puso el cordón de su hábito en los labios, le echó tres bendiciones y el descalabrado se levantó tan fresco como si no hubiera recibido golpe alguno. Los fieles intentaron llevar en triunfo al lego, pero él huyó a su celda. Aunque la versión franciscana cuenta que fray Gómez escapó volando de la multitud. Yo no lo afirmo ni lo niego, puede que sí y puede que no.

Ese mismo día estaba milagreando fray Gómez, pues se encaminó a la enfermería y halló muy débil a San Francisco Solano, víctima de una jaqueca.

—Haría bien en tomar algún alimento —le dijo fray Gómez.

El santo se negó, pero ante las insistencias de fray Gómez le pidió algo que sabía imposible de conseguir, por no ser la estación propicia:

—Pues mire, hermanito, solo comería con gusto un par de pejerreyes.

Fray Gómez metió la mano en el bolsillo y sacó dos pejerreyes, tan frescos como recién salidos del mar. Los guisó y quedó San Francisco curado como por ensalmo.

Dejo en el tintero otros milagritos de nuestro lego, porque no me he propuesto relatar su vida y milagros.

II. El Préstamo Inesperado

Estaba una mañana fray Gómez en su celda, cuyo mobiliario eran cuatro sillones de vaqueta, una mesa mugrienta y una tarima sin colchón, con una piedra en lugar de almohada, cuando llamaron a su puerta con unos ligeros golpecitos y una voz quejumbrosa.

El recién llegado era un castellano agobiado por la pobreza, pero con semblante de persona honrada.

—Soy buhonero —le dijo el castellano—. Tengo familia y mi negocio no prospera; parece que Dios se ha olvidado de mí.

—No desespere, hermano.

—El caso es que he tocado muchas puertas para pedir en préstamo un capital de quinientos duros y nada he conseguido. Y en mis cavilaciones pensé pedírselo a usted, que así pobre como es, encontrará una manera de sacarme del apuro.

—¿Cómo imagina, hijo mío, que en esta triste celda pueda tener esa cantidad?

—Tengo fe de que no me dejará ir desconsolado —respondió el castellano.

—La fe lo salvará, hermano. Espere un momento.

Y paseando los ojos por las desnudas paredes, vio un alacrán que caminaba por el marco de la ventana. Fray Gómez arrancó una página de un libro viejo y cogió a la sabandija, la envolvió y se la entregó al visitante.

—Tome, y procure devolverme esta alhajita en seis meses.

El buhonero agradeció mucho y se encaminó de prisa a la tienda de un usurero. La joya era de una delicadeza incomparable, un prendedor con figura de alacrán; el cuerpo, una esmeralda engarzada sobre oro y la cabeza un grueso brillante con dos rubíes por ojos.

La empeñó por quinientos duros, aunque el usurero intentó convencerlo de que le vendiera la joya.

Con ese capital le fue tan bien en su negocio que al cabo de seis meses pudo desempeñar la alhaja y devolvérsela a fray Gómez. Este tomó el alacrán, lo puso en la ventana y dándole la bendición le dijo:

—Animalito de Dios, sigue tu camino.

Y el alacrán echó a andar libremente por las paredes de la celda. Por Alvaro Felipe.

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Preguntas frecuentes

¿De dónde viene el dicho «vale tanto como el alacrán de fray Gómez»?

Es un dicho de las viejas limeñas que se usaba para decir que una alhaja era de mucho precio. El autor explica su origen en esta tradición, basada en el préstamo que fray Gómez hizo al buhonero.

¿Quién era fray Gómez?

Era un lego franciscano del convento de Lima que desempeñaba la función de refitolero del hospital. Fue contemporáneo de San Francisco Solano y se le conoció siempre solo por ese nombre.

¿Qué prenda entregó fray Gómez al buhonero?

Entregó un alacrán que había atrapado en el marco de la ventana, envuelto en una página de un libro viejo. Era en realidad una joya, un prendedor con cuerpo de esmeralda sobre oro y cabeza de brillante con dos rubíes.

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Test

1. ¿Con qué santo era contemporáneo fray Gómez?
2. ¿Qué le pidió San Francisco Solano que no era posible conseguir por la estación?
3. ¿Cuánto dinero pidió en préstamo el buhonero?
4. ¿Con qué material estaba envuelto el alacrán que entregó fray Gómez?
5. ¿Por cuánto empeñó el buhonero la joya?
6. ¿Cuánto tiempo dio fray Gómez al buhonero para devolver la prenda?

Preguntas generadas con IA a partir del documento: comprueba las respuestas con el texto.