Terrorismo de Estado y Memoria: Impacto Social y Procesos de Justicia en Argentina
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Los efectos del terrorismo de Estado
Durante la dictadura funcionaron al menos 550 centros clandestinos de detención en el país. Cerca de 30.000 personas son consideradas desaparecidas (que hoy se sabe que fueron asesinadas), alrededor de 500 niños —algunos nacidos en cautiverio— fueron apropiados y dados en adopción, y varios miles de personas se exiliaron en otros países frente al riesgo de ser detenidos. El terrorismo produjo otras lesiones en la sociedad: generó miedo al movilizar a la población y fracturó profundamente a la sociedad.
El proceso de Memoria, Verdad y Justicia
El movimiento de lucha por los derechos humanos y de búsqueda de justicia ha logrado avances importantes, y se han emprendido innumerables trabajos de investigación y difusión de los hechos, algunos de ellos reconocidos en el ámbito internacional. Nuestro país también participa activamente para que se incluyera el terrorismo de Estado como crimen de lesa humanidad bajo la figura del genocidio, delitos que no prescriben.
Obstáculos y avances democráticos
- Los avances de los primeros años de la democracia se vieron paralizados por la aplicación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que limitaron las posibilidades de enjuiciamiento.
- Asimismo, el indulto aplicado por el expresidente Carlos Menem a quienes habían sido juzgados y sentenciados frenó el proceso.
- Las leyes de Obediencia Debida y Punto Final fueron finalmente declaradas inconstitucionales y derogadas por el Congreso Nacional en 2003.
- Durante el gobierno de Néstor Kirchner, la Ley 25.779 declaró la nulidad de las leyes y dio un impulso a los juicios que se llevan adelante.
El autoritarismo
Es una ideología, una forma de pensar y entender el mundo que niega la igualdad entre las personas. El pensamiento autoritario se apoya en la idea de que hay personas superiores a otras, ya sea por supuestos motivos biológicos, culturales, de educación, de posición económica, etcétera.
Esta visión genera sociedades jerarquizadas en las que un pequeño grupo se arroga la facultad de conducir al resto; la obediencia debe ser incondicional y el orden se constituye en el bien superior.