Teoría del Inconsciente de Sigmund Freud y el Aparato Psíquico

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Freud y la psicología del inconsciente

Según Sigmund Freud (s. XIX-XX), se distingue en el ser humano una estructura psíquica compuesta por tres elementos: el ello, el superyó y el yo.

El Ello: El reino de lo inconsciente y los impulsos

El ello se refiere a lo inconsciente e irracional en el ser humano. Es el ámbito de los impulsos primarios. Se distingue entre:

  • Impulsos sexuales (la libido).
  • Impulsos de autoconservación.

Estos dos tipos de impulsos funcionan conjuntamente como aspectos de un instinto vital total. Existe otro tipo de impulsos llamados de autodestrucción que se manifiestan en forma de agresividad. Estos impulsos agresivos reciben el nombre de Thanatos porque son opuestos a los impulsos vitales (Eros).

Todos estos impulsos primarios se rigen por el principio del placer, es decir, la exigencia de satisfacción inmediata e incondicional de su necesidad sin respetar ningún orden lógico ni ninguna limitación objetiva procedente de la realidad, ya sea de la sociedad o de la propia conciencia. Puesto que la realidad no hace posible casi nunca esta satisfacción, esos impulsos insatisfechos producen fantasías, sueños o comportamientos neuróticos a través de los que se consigue una satisfacción de tipo sustitutorio.

El Superyó: La moral y las normas sociales

El superyó es el conjunto de normas y prescripciones sociales y morales que hemos interiorizado durante la infancia en el proceso de nuestra educación, y que en parte son también inconscientes.

La sociedad tiende a reprimir los impulsos inconscientes, limitando el principio de placer, ya que la vida en sociedad exige de cada individuo el sacrificio de sus impulsos irracionales y su egoísmo por el bien común.

Por lo tanto, el superyó es la instancia moral que presiona sobre el individuo exigiéndole el control de los impulsos del ello y el cumplimiento de las obligaciones y prohibiciones sociales interiorizadas. La autoridad moral no está tan solo fuera de nosotros, sino también dentro como fuerza de contención y represión.

El Yo: La conciencia racional y el principio de realidad

El yo es la conciencia racional del individuo, el escenario de una lucha continua entre el yo y el superyó. Esta lucha inicia el principio del placer, que rige los impulsos inconscientes y cuyo deseo de satisfacción inmediato choca con las prohibiciones morales del superyó.

Por este motivo, el yo intenta sustituir el principio de placer por el principio de realidad, que pospone la satisfacción inmediata de sus impulsos por una satisfacción no inmediata, aunque más segura y aceptable por la sociedad. De este modo, la función del yo en este conflicto es activar el juicio y la decisión voluntaria para actuar como árbitro consciente y racional en esta lucha.

Cuando no es capaz de hacer esto y el conflicto no se resuelve por la acción de la conciencia, entonces interviene la represión para hundir el problema en el inconsciente.

Conclusión: El conflicto permanente del ser humano

En definitiva, el ser humano que ha de vivir necesariamente en sociedad siente permanentemente la amenaza de que afloren a su vida consciente las fuerzas y deseos reprimidos de su inconsciente, especialmente sus impulsos sexuales y agresivos. Para hacer frente a esta situación, el yo ha de fortalecer sus impulsos de forma racional y, sobre todo, respetuosa con los demás.

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