La Sospecha Filosófica: De Nietzsche y Freud a la Primacía de la Razón Práctica Kantiana

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Los Maestros de la Sospecha y la Crítica a la Razón

Schopenhauer y Nietzsche sospecharon de la razón y encontraron que tras ella se encuentra lo irracional, que con suma frecuencia la domina. Los valores de la razón son para Nietzsche falsos valores de una moral occidental que vive en decadencia y que desconoce los principios de una verdadera moral basada en los más auténticos valores del ser humano.

Marx y la Sospecha Ideológica

Marx sospechó de la ideología, entendida como el conjunto de creencias en relación con el modo de vida de una sociedad. Todo ese mundo pintado de colores expresa una falsa conciencia, y vio que tras ella se ocultan poderosos intereses económicos.

Freud y el Descubrimiento del Subconsciente

Freud sospechó de la mente humana, del ser consciente dueño absoluto de sus actos, y descubrió que nos habita otro: el subconsciente, que a veces nos guía como si fuéramos marionetas llevados por los instintos más primitivos, a los que Freud llamará pulsiones.

La Filosofía como Práctica de la Sospecha

El complicado mundo actual invita a la sospecha. Hemos de sospechar de cuanto nos rodea. Es preciso sospechar de nosotros mismos para perfeccionarnos. La filosofía, además de teoría, ha de ser práctica: si no sirve para mejorar el mundo, incluyéndonos a nosotros mismos, no sirve para nada.

La Primacía de la Razón Práctica en Kant

La segunda y tercera de las preguntas de Kant estarían enmarcadas en el uso práctico de la razón. De esto se ocupa la filosofía práctica, para Kant tan importante o más que la filosofía teórica.

Saber y Querer Saber

Saber es fundamental, según Aristóteles. Esto se explica: antes de saber, tengo que querer saber y luego dedicarme a ello. También es cierto que antes de decidirnos a hacer algo tenemos que reflexionar, no de manera teórica, sino práctica.

La primacía de la razón práctica significa que cualquier pensamiento siempre es adecuado al bien último, al valor indicado y a la forma de vida; más tarde o más temprano aparecerá la felicidad como fin último.

Felicidad, Libertad y Ética

Para ser feliz, tengo que saber lo que me hace feliz, en cuanto a individuo y en cuanto a especie, pero también como alguien que no puede alcanzar la felicidad junto a los demás, tengo que reconocerme como ser libre.

Podrá objetarse que tomárselo en serio no implica tener que recurrir necesariamente a la filosofía. Vida sana no es sinónimo de vida feliz. Se está identificando vida sana con vida feliz y se está eliminando la decisión personal reflexiva. Pero vivir más no significa vivir mejor. Si hubiéramos obligado a la humanidad entera a llevar este modelo de vida sana, hubiéramos perdido con seguridad grandes aportaciones científicas, artísticas o culturales de individuos que llevaron una vida poco sana, pero no necesariamente una mala vida.

La ciencia puede ayudarnos a vivir mejor, pero nunca nos puede indicar el camino hacia la felicidad. No siempre se enfoca la problemática de la ética desde el punto de vista de una vida feliz, también a través de ¿qué debo hacer?

La Tercera Pregunta de Kant y la Metafísica

Así entramos a la tercera pregunta de Kant, que se refiere a la vida ultraterrena, a la creencia en un más allá, en un ser supremo que premia a los buenos y castiga a los malos. A estas cuestiones responde la religión, y se puede abordar solo parcialmente de un modo racional, a través de posibles argumentos racionales para demostrar la existencia de Dios. En esa medida, caerían dentro del ámbito de la metafísica.

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