Sociedad y Movimientos Sociales en la España del Siglo XIX
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1. Evolución demográfica en el Antiguo Régimen y Crecimiento Poblacional
Durante el siglo XIX, España experimenta un crecimiento demográfico moderado en comparación con otros países europeos inmersos en plena revolución industrial.
Causas del crecimiento demográfico
- Desaparición de algunas epidemias devastadoras.
- Mecánicas de mejora en la dieta alimentaria.
- Introducción de nuevos cultivos procedentes de América, como el maíz y la patata.
Características principales de la población
- La población se concentra principalmente en las zonas costeras.
- La tasa de mortalidad se mantiene alta debido a guerras, epidemias, recurrentes crisis de subsistencia y una deficiente sanidad.
- Alta mortalidad infantil y baja esperanza de vida.
- A pesar de que el siglo XIX registra un incremento poblacional, este resulta insuficiente. Hasta principios del siglo XX, España continúa anclada en el régimen demográfico antiguo.
Éxodo rural y crecimiento urbano
Se producen importantes movimientos migratorios desde el campo hacia las ciudades, especialmente desde mediados de siglo. Los hombres se desplazan principalmente para incorporarse a las nuevas industrias, mientras que las mujeres lo hacen para dedicarse al servicio doméstico.
El crecimiento urbano resulta limitado a causa del escaso peso industrial y del retraso agrícola, por lo que su desarrollo es poco destacado. Sin embargo, aunque lento, se trata de un proceso constante en el que sobresaltan las ciudades de Madrid y Barcelona.
Cambios urbanísticos en las ciudades
- Derribo de las murallas defensivas medievales.
- Construcción de nuevos barrios, conocidos como ensanches, caracterizados por amplias avenidas.
- Implantación de nuevos servicios públicos: estaciones de ferrocarril, alumbrado público y redes de alcantarillado.
Migraciones transoceánicas
El crecimiento económico del siglo XIX resulta inferior al crecimiento demográfico, por lo que la economía es incapaz de ofrecer empleo a toda la población. Como consecuencia, muchas personas se ven en la necesidad de emigrar fuera de España.
Los principales focos de emigración peninsular son Galicia, Asturias, Cantabria y Canarias, zonas marcadas por la escasez de tierras y de trabajo. Asimismo, Cataluña destaca por flujos migratorios orientados hacia Cuba. Los principales destinos de acogida internacional son países de América Latina como Argentina, México y Cuba. Cabe destacar la especial relevancia de la emigración gallega, que gana un peso masivo a medida que nos acercamos al final del siglo.
2. De la sociedad estamental a la sociedad de clases
El Antiguo Régimen se sustentaba en una sociedad estamental, un modelo de organización social fundamentado en el nacimiento y en la función social. En ella se distinguían dos grandes grupos —privilegiados y no privilegiados—, los cuales se agrupaban en tres estamentos: nobleza, clero y trabajadores. Cada estamento contaba con sus propias leyes particulares y la movilidad social era prácticamente inexistente. Los estamentos privilegiados estaban exentos del pago de impuestos.
La sociedad contemporánea: La sociedad de clases
En la Edad Contemporánea se impone una sociedad de clases, un modelo de organización social basado en la igualdad jurídica, aunque marcado por la profunda desigualdad de riqueza, cultura y género. La propiedad privada se convierte en el elemento vertebrador para establecer las diferenciaciones sociales: la clase burguesa, propietaria de las riquezas, frente a la clase trabajadora. A diferencia del periodo anterior, las clases son grupos abiertos que permiten cierta movilidad social, un modelo que sigue vigente en nuestra sociedad actual.
Disolución de los estamentos privilegiados en la España del siglo XIX
La transformación hacia la nueva organización social estuvo impulsada por causas como la reforma agraria, la industrialización y la implantación del sistema político liberal. No obstante, el cambio social resultó lento debido al escaso calado de la industrialización. Los estamentos terminan por desaparecer formalmente a medida que las nuevas leyes imponen la igualdad jurídica y decretan el fin de los privilegios.
Evolución de la nobleza
La nobleza pierde privilegios históricos como las leyes particulares, pero logra conservar sus tierras gracias a las leyes de desvinculación, manteniendo con ellas su preeminencia económica y viéndose obligada a tributar por ellas. Conserva su prestigio social y su influencia en la corte gracias al amparo de Isabel II, integrándose plenamente en la clase alta. Por su parte, la pequeña nobleza (los hidalgos en Galicia) se va diluyendo como grupo social, mostrándose muy descontenta con el liberalismo y apoyando masivamente al carlismo.
Evolución del clero
El clero pierde sus antiguos privilegios, riquezas territoriales, el cobro del diezmo, los señoríos jurisdiccionales y parte de sus miembros, aunque estos últimos se recuperan durante la Restauración. Logra conservar su poder e influencia social, así como su peso en la corte, especialmente durante el reinado de Isabel II. Mantiene su influencia ideológica a través del control de la enseñanza (dirigida a las clases medias y altas), además de conservar ciertos privilegios legales y la exención de impuestos. La nueva relación con el Estado liberal queda plasmada oficialmente en el Concordato de 1851.
Nueva organización de los grupos sociales
Los principales grupos que conforman la pirámide social del siglo XIX son:
- Clases altas: Compuestas por la alta burguesía u oligarquía, la élite del dinero, la jerarquía militar, las altas dignidades de la Iglesia y los grandes terratenentes. La mediana y pequeña burguesía, propietarias de tierras, comercios o minas, completan este estrato.
- Clase baja o trabajadora: No poseen propiedades y su único sustento proviene del producto de su propio trabajo; abarca a campesinos y artesanos. Es en este periodo cuando nace el término «proletariado» para referirse a los oficios surgidos al amparo de la industrialización. El movimiento obrero nacerá como la manifestación del descontento de esta clase.
Conclusión social del siglo XIX
La sociedad española del siglo XIX es fundamentalmente una sociedad de clases donde los obreros industriales tienen un peso reducido, abunda masivamente el campesinado y existe un numeroso sector dedicado al servicio doméstico. Se trata de una estructura social fortemente marcada por la pervivencia demográfica de grupos propios del Antiguo Régimen. Es una sociedad muy polarizada, donde los ricos concentran grandes fortunas mientras la pobreza es generalizada, y donde las clases medias son débiles y poco influyentes. El prestigio de la antigua nobleza y el poder tradicional de la Iglesia y del ejército continúan siendo sumamente fuertes.
El movimiento obrero en España
Las condiciones de vida y de trabajo empeoran drásticamente con la llegada de la revolución industrial: jornadas laborales interminables, explotación del trabajo infantil y femenino, salarios de miseria y una total carencia de normas que protegieran a los trabajadores. Bajo las premisas económicas impuestas por el liberalismo, la libertad de actuación del empresario era absoluta durante todo el siglo XIX.
Instrumentos de protesta obrera
- Ludismo: Acción espontánea y violenta propia de los primeros tiempos del movimiento obrero, aunque con reapariciones esporádicas. El trabajador, considerando a las máquinas culpables de su precaria situación laboral, opta por su destrucción física.
- Huelgas: Pueden clasificarse en parciales o sectoriales, generales o revolucionarias.
- Otras formas de expresión: Manifestaciones, asambleas, mítines y motines.
Etapas del movimiento obrero
A) Etapa isabelina (Nacimiento del movimiento obrero): Una de las primeras reformas del Estado liberal fue la prohibición de los gremios tradicionales. Sin embargo, esta medida conllevó también la prohibición de cualquier tipo de asociación obrera, al ser consideradas contrarias a la sagrada libertad de mercado del empresario. Al carecer de organización legal, las primeras manifestaciones del movimiento obrero se desarrollan de forma clandestina, espontánea y, por lo general, violenta.
El asociacionismo: Con el tiempo, los trabajadores comprenden que sus verdaderos problemas no derivan de las máquinas en sí, sino del uso que se hace de ellas. Surge así el asociacionismo y la lucha reivindicativa por el reconocimiento legal del derecho de asociación, que se divide en dos vertientes:
- Asistencial: Sociedades de socorro mutuo organizadas por localidades u oficios para afrontar contingencias.
- Reivindicativo: Enfocadas en demandar aumentos salariales y reducciones de jornada mediante la organización de huelgas (prácticas ilegales bajo los gobiernos moderados, pero toleradas o legalizadas bajo los progresistas).
Las revueltas agrarias: Constituyen una constante a lo largo de todo el siglo XIX, especialmente en Andalucía, motivadas por la escasez crónica de tierras y trabajo, teniendo a los jornaleros como principales protagonistas. Destacan especialmente las revueltas provocadas por las consecuencias de la desamortización de Madoz. Por lo general, estas protestas campesinas fueron duramente reprimidas por la Guardia Civil, lo que propició como consecuencia directa la aparición del fenómeno del bandolerismo en zonas como Sierra Morena.