Trabajo Social Familiar: Funciones e Intervención en la Sociedad Actual

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La complejidad de los problemas sociales exige una perspectiva multidisciplinaria para abordarlos y, como consecuencia, en la actualidad se está trabajando cada vez más en equipos integrados por profesionales diversos que tratan en común una determinada área o problema.

Es por esto mismo de particular importancia que el trabajador social aporte a este trabajo en equipo desde su identidad profesional, es decir, desde una profesión que se ocupa de la satisfacción de las necesidades básicas, desarrollando en las personas las potencialidades que les permitan enfrentar sus problemas y mejorar su calidad de vida, y creando condiciones sociales favorables al logro de esta meta.

A partir de esta concepción general de lo que es el Trabajo Social, abordaremos su especificidad desde la perspectiva interaccional, por considerar que es particularmente adecuada a nuestro enfoque del Trabajo Social con Familias.

Basándonos en este enfoque interaccional, el Trabajo Social Familiar puede ser definido en términos generales como la intervención profesional cuyo objeto son las interacciones conflictivas entre las familias y su medio social.

Analizaremos brevemente a continuación los tres elementos incluidos en esta definición.

Las Familias

En términos generales, esto abarca toda la diversidad de tipos de familias existentes en la realidad chilena: familias nucleares, familias extensas, familias uniparentales, familias reconstituidas, convivencias, etc. No es el tipo, ni la forma de constitución, ni la etapa de vida en que se encuentra la familia lo que determina la posibilidad de intervención profesional, sino la naturaleza de las necesidades que ésta presenta.

El Medio Social

Toda familia se encuentra inserta en un medio ambiente determinado, que podemos dividir en inmediato y mediato según su proximidad a la familia. En el medio ambiente inmediato se encuentra la vivienda y los parientes, amigos, vecinos y redes sociales con las cuales la familia tiene relación habitual.

En el medio ambiente mediato se encuentra el barrio o población en que la familia vive y las instituciones con las cuales se vincula y que le aportan servicios: fuentes de trabajo, escuela, servicios de salud, de seguridad social, de vivienda, municipalidad, establecimientos comerciales, servicios de movilización colectiva, etcétera.

En una relación ecológica, la familia debería encontrar en el medio ambiente todos los recursos y servicios necesarios para que ésta pueda funcionar adecuadamente. A su vez, el medio debería ser enriquecido con el aporte proveniente de las familias. Sin embargo, con frecuencia esto no sucede en la realidad, sino que se producen interacciones conflictivas entre ambos, generadas principalmente en carencias del medio, pero también en carencias de la familia. Viviendas estrechas o insalubres, carencia de trabajo, pobreza, consumo y venta de drogas, barrios deteriorados, delincuencia, instituciones ineficientes y burocráticas, servicios escasos y de mala calidad, contaminan y deterioran la vida familiar. A su vez, familias afectadas por falta de educación, conflictos conyugales y parentales, violencia familiar, alcoholismo, consumo de drogas, etc., y con incapacidad para establecer relaciones positivas con su medio, contaminan y deterioran el ambiente.

Son estas relaciones conflictivas entre familia y ambiente las que se constituyen en el foco del Trabajo Social y le exigen ampliar su intervención profesional hacia el interior de la familia y hacia el medio mediato o inmediato simultáneamente.

Objetivos Profesionales en el Trabajo Social Familiar

Frente a este objeto complejo, los objetivos profesionales apuntan a:

  • Colaborar con las familias para el desarrollo de capacidades y fortalezas que les permitan enfrentar las situaciones y problemas de su vida cotidiana.
  • Relacionar a las familias con los sistemas que les pueden aportar recursos, servicios y oportunidades.
  • Promover el funcionamiento eficiente y humanizador de los sistemas de recursos.
  • Contribuir al desarrollo de la política social y a los procesos de cambio social e institucional.

Funciones Profesionales Específicas

De estos objetivos, surgen funciones profesionales específicas:

  • Contribuir al desarrollo de las fortalezas y potencialidades de las familias, a fin de que puedan utilizar más efectivamente sus capacidades de resolución de problemas y de enfrentamiento de situaciones en su vida cotidiana.
  • Facilitar el establecimiento de vinculaciones constructivas entre las familias y los sistemas de recursos institucionales.
  • Promover el desarrollo de redes sociales que funcionen como apoyo solidario para las familias en su medio social.
  • Fomentar la coordinación de recursos para las familias, facilitando la interacción entre los sistemas.
  • Organización de la entrega de servicios y recursos materiales a las familias en situaciones de emergencia.
  • Evaluar los programas sociales desde la perspectiva de las familias y con participación de ellas.
  • Influir en la política social, contribuyendo a su desarrollo y modificación en respuesta a las necesidades de las familias.
  • Aportar a los procesos de cambio social e institucional que favorezcan a las familias.

Esta descripción de funciones permite aclarar cómo el trabajador social se ubica en el punto en que las familias y las instituciones se conectan, correspondiéndole desde ese punto intervenir:

  • Hacia las instituciones y las políticas sociales para que respondan a las necesidades de las familias.
  • Hacia las familias para que desarrollen sus potencialidades, se informen y se organicen para utilizar los servicios que las instituciones les ofrecen y demandar una atención adecuada a sus necesidades. Este desarrollo de potencialidades constituye un proceso educativo familiar y social, y supone el enfrentamiento de dificultades que afectan a las familias en su dinámica interna y que limitan el despliegue de sus fortalezas.

Como se puede observar, la definición interaccional de las funciones profesionales incluye las funciones más generales de acompañamiento, facilitación, entrega de servicios, capacitación, defensa, denuncia, mediación y asistencia.

En la práctica del Trabajo Social con familias, las funciones profesionales se combinan de modo que en el esfuerzo por enfrentar los problemas, hecho con las familias, se vaya desarrollando en ellas un proceso de educación familiar y social. La integración de las dos dimensiones: enfrentamiento de problemas y la dimensión educación social, es un elemento esencial en el Trabajo Social.

Situaciones Comunes de Intervención

De acuerdo a lo planteado anteriormente, y sobre la base de la observación de la práctica profesional, visualizamos que al trabajador social le corresponde prestar servicios a las familias básicamente en tres tipos de situaciones que se dan con frecuencia combinadas:

  • Cuando las familias están experimentando dificultades en su funcionamiento o en su dinámica interna. Problemas típicos que se presentan al trabajador social en este aspecto son dificultades en la relación conyugal y en la relación padres-hijos. Respecto a la relación conyugal o de pareja, su intervención es solicitada prioritariamente frente a problemas con el manejo del dinero, infidelidad, abusos de poder, comunicación, violencia doméstica, alcoholismo, irresponsabilidad parental, abuso sexual. En la relación padres-hijos, debe intervenir frente a dificultades en la comunicación, a problemas en el manejo de la autoridad de los padres, rebeldía de los hijos, dificultades en relación a las normas, problemas escolares, abandono del hogar, vagancia, consumo de drogas, embarazo adolescente, etcétera.
  • Cuando las familias están experimentando dificultades en su relación con las instituciones y organismos que les proporcionan o que deberían proporcionarles apoyo y servicios. La intervención del trabajador social es demandada por las familias cuando ellas no encuentran respuesta adecuada de estas instituciones para la satisfacción de sus necesidades. Los problemas que con mayor frecuencia se presentan en este ámbito se refieren principalmente a dos áreas:
    • a) Dificultades relacionadas con el trabajo y el ingreso: inestabilidad laboral, cesantía, escasez de ingresos, desempleo juvenil, pobreza.
    • b) Dificultades en la interacción de las familias con los organismos que implementan las políticas sociales y que proporcionan servicios de seguridad social, salud, educación, vivienda, justicia, etc. A su vez, esas instituciones demandan al trabajador social una intervención orientada a lograr que las familias utilicen adecuadamente los servicios que se les están ofreciendo.
  • Cuando el medio o contexto social no está ofreciendo a las familias un ambiente adecuado para el desarrollo de sus miembros. Aquí se presentan múltiples problemas en relación a los cuales se solicita la intervención profesional. En el contexto de cada comunidad o población, toda la gama de dificultades que afectan la vida familiar cotidiana: falta o insuficiencia de servicios de salud, de educación, delincuencia, alcoholismo, drogadicción, falta de jardines infantiles, de áreas verdes, etc. En el contexto municipal, falta de respuesta de los gobiernos locales a las necesidades de las familias, excesiva burocracia y politización, falta de coordinación, etc. Todo lo planteado anteriormente hasta ahora se relaciona, finalmente, con el contexto de las políticas sociales, que al estar diseñadas básicamente en función de individuos y no de familias, carecen de una perspectiva familiar y, al hacerlo, dispersan sus esfuerzos y minimizan sus resultados.

Si analizamos el contenido de estos tres tipos de situaciones, nos encontramos que la mayoría de los problemas que en ellos se incluyen han sido abordados tradicionalmente por el trabajador social, principalmente a través del trabajo de casos y de comunidad. La intervención familiar no presenta tanto problemas nuevos a la profesión, sino que permite abordarlos con un enfoque familiar más desarrollado que enriquece la práctica, aportando una perspectiva sistémica global, y aumenta su eficacia al favorecer la centralización y coordinación de los recursos en torno a la totalidad de la familia, superando las miradas individuales y parciales y facilitando la colaboración multidisciplinaria con otros profesionales.

Las familias afectadas por problemas en su mayoría plantean demandas al trabajador social por iniciativa propia, pero también pueden ser detectadas a través de la práctica, referidas por otros profesionales o enviados por una autoridad que las condiciona u obliga, como es el caso de los servicios judiciales.

Colaboración Multidisciplinaria

Al enfrentar los problemas frente a los cuales se solicita su intervención, el trabajador social se relaciona con diversos profesionales que también intervienen en el área de la familia: psicólogos, terapeutas familiares, psiquiatras, consejeros familiares, sacerdotes, educadores familiares, profesores, médicos, enfermeras, abogados, policías, etc. En el nivel de las políticas sociales, se relaciona prioritariamente con administradores, economistas, planificadores, legisladores, políticos, periodistas, etcétera.

Tampoco esta es una situación nueva en la práctica del Trabajo Social, pero los desafíos que en la actualidad presenta esta relación en el área de la familia son diferentes. La creciente demanda por la formación de equipos multidisciplinarios exige del trabajador social manejar un conjunto de conocimientos especializados sobre familia que se constituyen en la base común sobre la cual los profesionales participantes aportan su especificidad. Si no domina estos conocimientos, el trabajador social se integra a estos equipos en inferioridad de condiciones, lo que limita las posibilidades de su contribución profesional.

Podríamos afirmar entonces que, en general, el trabajador social no atiende a las familias aislado, sino vinculado con otros profesionales en una relación que varía según la situación. En algunos casos, la relación es de información, coordinación y complementación desde distintas instituciones. En otros se trabaja en equipo, asumiendo los diversos profesionales similares funciones, como en el caso de la mediación familiar, en el cual las duplas psicosociales están llegando a desarrollar un trabajo integrado. La situación más frecuente es la de los equipos multidisciplinarios en los que cada profesional asume funciones específicas. En este último caso, el trabajador social frecuentemente asume la dimensión social que se refiere básicamente a la vinculación de la familia con el medio.

Como se señaló anteriormente, abordar la problemática de la familia exige hoy la presencia de una gran variedad de profesionales, y una de las destrezas específicas de quienes se desempeñan en esta área debe ser la capacidad de trabajar conjuntamente en equipos multidisciplinarios, potenciando de este modo los aportes específicos de cada disciplina y/o profesión para ofrecer un mejor servicio a las familias.

Es importante, por esto mismo, hacer un esfuerzo por precisar qué es lo que caracteriza a la intervención del trabajador social en cada uno de estos ámbitos de problemas.

Intervención en Problemas Familiares

El trabajador social es uno de los profesionales que primero detectan los problemas existentes en la relación de pareja o en la relación padres-hijos en las familias a las cuales le corresponde atender, ya sea como asistente social del personal o como profesional en trabajo directo en un servicio público o privado. En todos los casos, el trabajador social da una orientación inicial a la familia, pudiendo a continuación asumir directamente la intervención en la situación o referir la a un psicólogo o psiquiatra cuando se requiera una atención de tipo clínico, a un abogado cuando se trata de un problema legal, a un servicio de salud cuando se trata de un problema médico. No siempre es indispensable o posible trabajar con toda la familia, lo más frecuente es que el contacto se realice con un miembro o una parte de ésta, pero lo importante es mantener la perspectiva familiar durante todo el proceso.

En relación al trabajo con cada familia en particular, Hollis y Woods señalan algunos criterios que nos ayudan a definir cuándo se justifica una intervención a este nivel. En opinión de estas autoras, se puede considerar una intervención a nivel familiar en las siguientes situaciones:

  • Cuando la familia como grupo o algún miembro de la familia, sea debido a una crisis o agobiado por problemas que se arrastran por mucho tiempo, solicita tratamiento familiar y considera que sus dificultades involucran a todos sus miembros.
  • Cuando el problema presentado sugiere de inmediato dificultades en las relaciones familiares.
  • Cuando las perturbaciones o sintomatología de los niños son la razón para pedir ayuda. La exploración usualmente revela que los síntomas del niño son, por lo menos en parte, expresión de dificultades en el sistema familiar.
  • Cuando los adolescentes o los adultos poco diferenciados, presentan situaciones de dependencia o de rechazo defensivo a sus familias.
  • Cuando la comunicación aparece deteriorada en la familia.
  • Cuando los miembros de la familia consideran que los problemas familiares son enteramente generados por los síntomas o la conducta de uno de sus miembros.
  • Cuando hay evidencia de una violación constante de los límites generacionales (hijos parentificados, coaliciones intergeneracionales disfuncionales, etc.).
  • Cuando uno de los miembros está recibiendo un apoyo físico o emocional inadecuado o escaso de su familia, situación frecuente en los viejos y en los discapacitados.
  • Cuando las relaciones internas de la familia se han empobrecido efectivamente, son caóticas u hostiles.

Las mismas autoras indican que una intervención directa con toda la familia no es aconsejable cuando un miembro de la familia está afectado por problemas graves de salud mental o hay riesgo de que experimente un quiebre psicótico. También se desaconseja cuando las interacciones familiares son intensamente negativas y destructivas. En estos casos, hay que buscar formas de apoyar a la familia sin tratarla como grupo.

Una modalidad interesante de trabajo respecto al tipo de situaciones que estamos describiendo es la atención grupal de familias que tienen problemas similares. El Trabajo Social tiene una larga tradición de trabajo con grupos abordando problemas familiares comunes a sus miembros, como grupos de familias de alcohólicos, de madres solteras, de padres de drogadictos, de padres de niños discapacitados, de familias con adultos mayores, etc. Lo que sí parece necesario es fortalecer el enfoque familiar de esta modalidad de trabajo, a fin de aprovechar todas sus potencialidades para el trabajo con familias.

Intervención en la Relación Familia-Instituciones

En relación al segundo tipo de situaciones, el trabajador social detecta y recibe peticiones de intervención frente a desajustes y dificultades en la relación de la familia con los organismos gubernamentales y no gubernamentales que deben o pueden proporcionarle servicios.

Al intervenir en esta área de problemas, el trabajador social se conecta con las familias y con las instituciones o servicios, y habitualmente detecta carencias que impiden o limitan que las familias utilicen los servicios disponibles y que las instituciones respondan adecuadamente a las necesidades familiares.

Para responder a esta situación, le corresponde habitualmente desempeñar un rol de mediación entre las familias y los diversos servicios, en una gama de alternativas de intervención que varían según la ubicación en que se encuentre el trabajador social en relación al servicio o institución al que se está demandando.

Si el trabajador social se ubica desde fuera de esa institución, su atención a las familias incluye la entrega de información sobre sus derechos y recursos existentes, la referencia a instituciones o profesionales que pueden proveerle servicios, el desarrollo de destrezas para facilitar la obtención de los beneficios, el acompañamiento, la gestión directa ante la institución, la defensa de los derechos de las familias, etcétera.

Si el trabajador social es funcionario de la institución, su atención a las familias incluye la colaboración en la investigación de las necesidades y características de las familias usuarias y en el diseño de políticas y programas con perspectiva familiar, la búsqueda de normas y procedimientos que faciliten el acceso de las familias a los servicios ofrecidos, la agilización de los trámites que establece la burocracia interna de las instituciones, la entrega de información oportuna y actualizada a las familias sobre los recursos y servicios que provee la institución y los requisitos necesarios para postular a ellos.

También al trabajador social le corresponde con frecuencia intervenir frente a problemas económicos de las familias a través de diversas estrategias que incluyen la orientación en situaciones de cesantía, la vinculación con fuentes de empleo, la búsqueda de posibilidades de capacitación para el trabajo, la información sobre servicios gubernamentales y no gubernamentales existentes, la búsqueda y obtención de recursos, etcétera.

Intervención en la Relación Familia-Contexto Social

El tercer ámbito de situaciones problemáticas corresponde a la intervención en las relaciones de la familia con el medio o contexto en que se desenvuelve, desde el ámbito más inmediato al más amplio.

Una intervención muy específica del trabajador social se orienta a potenciar los recursos que las familias pueden obtener de su medio ambiente mediato o inmediato a través de una acción orientada a activar redes familiares, a potenciar y ampliar redes sociales comunitarias y a promover la organización de las familias de un barrio o población para enfrentar conjuntamente sus problemas comunes.

En el nivel municipal, se orienta a colaborar en el desarrollo de programas que den respuesta a los problemas de las familias y que promuevan su participación.

A nivel regional o nacional, el trabajador social integrado a los equipos de planificación, contribuye a enriquecer los diagnósticos aportando su conocimiento profesional, y presentar ideas y sugerencias en forma de proyectos que aborden los problemas de las familias o que consideren la perspectiva familiar.

Finalmente, el Trabajo Social, a través de sus organismos representativos: Colegio Profesional, Escuelas, etc., puede influir a nivel político, haciendo presente a la opinión pública las necesidades de las familias y procurando que ellas sean consideradas por los diversos Ministerios y el Parlamento.

No hay duda que, como profesión, al Trabajo Social le corresponde intervenir en todos los ámbitos señalados para aportar sus servicios a las familias del país, pero también es habitual en la práctica cotidiana que la intervención con familias específicas involucre a más de un nivel, de modo que la familia que solicitó atención por un problema económico, por ejemplo, presenta además dificultades en la relación padres-hijos y pide apoyo frente a las demandas que está recibiendo del sistema escolar. Esta diversidad de ámbitos de intervención es una de las características del Trabajo Social con familias.