Símbolos e Imágenes en la Poesía de Miguel Hernández: Un Recorrido Temático
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La Simbología en la Obra Poética de Miguel Hernández
Periodo de Aprendizaje: Perito en Lunas (1924-1931)
Entre 1924 y 1931 podemos situar el periodo de aprendizaje de Miguel Hernández. Su publicación, Perito en Lunas, consta de 42 octavas reales con una gran influencia de Góngora. Los poemas son acertijos líricos debido a la dificultad de sus metáforas.
Entre otros símbolos representativos de este primer poemario, podemos citar:
- El toro: con el significado de sacrificio y de muerte.
- La palmera: elemento paisajístico mediterráneo, comparada con un chorro.
En este primer libro de Miguel Hernández, también se encuentran imágenes y símbolos de su tiempo, como cuando califica a las veletas de danzarinas en vértices.
El Rayo que no Cesa: Amor Insatisfecho y Trágico
En El rayo que no cesa, el tema fundamental del poemario es el amor insatisfecho y trágico. Así, el «rayo», que es fuego que hiere, representa la fuerza aniquiladora de la pasión amorosa.
La imagen de la herida está encarnada en un fatídico cuchillo amenazante, símbolo preferido de su cosmovisión trágica que marca con sangre hasta los temas del amor y de la vida. El rayo es la representación hiriente del deseo en el poema con el que se abre el libro, al igual que el cuchillo o el ave que picotea en el costado. La fuerza expresiva de estas imágenes deriva, en gran parte, de la acumulación de los tres símbolos que se entrelazan de modo sorprendente y de la transposición del sufrimiento amoroso a la esfera del dolor físico.
Existe un paralelismo simbólico entre el poeta y el toro de lidia, destacando en ambos su destino trágico de dolor y muerte, la fiereza, la pena y la burla. El hierro infernal que marca su costado es un símbolo de la pena que deviene en dolor físico y herida. En este poemario encontramos símbolos recurrentes como:
- La espada
- La cornada
- Los cuernos
- Los puñales
- Los pétalos de lumbre
Estos elementos son los instrumentos con los que el amor hiere al poeta. A su vez, la sangre es el deseo sexual, la camisa el sexo masculino y el limón el pecho femenino.
Pero no solo amor y muerte se encuentran en estos poemas, también amistad y muerte. En la «elegía», la muerte es un manotazo duro, un golpe helado, un empujón brutal.
Viento del Pueblo: Poesía de Guerra y Compromiso Social
Viento del pueblo ejemplifica la poesía de guerra como arma de lucha. En este libro, hay un desplazamiento del «yo» del poeta hacia los otros.
El buey es símbolo de sumisión, mientras que el león es la imagen de la rebeldía y del inconformismo. El poeta, como combatiente, se identifica a sí mismo y a su pueblo como leones, águilas y toros, que son símbolos de orgullo y lucha. La pena es ahora el fruto de la injusticia, y la tierra es aquí la madre. Asimismo, ya no se canta tanto a la amada como objeto de deseo, sino que ahora se pone el acento en su maternidad. El símbolo principal es el vientre.
El Hombre Acecha: La Animalización del Ser Humano
En el siguiente poemario, el tono combativo se acalla ante tanto sufrimiento. En El hombre acecha, nos encontramos con el tema del hombre como fiera y, en consecuencia, con colmillos y garras. La garra es símbolo de fiera; a su vez, la fiera es símbolo de la animalización regresiva del hombre a causa de la guerra y del odio.
Por otro lado, el amor a la patria queda de manifiesto en «Madre España», a la que el poeta se siente unido como tronco de su tierra. Se cierra este poemario con la «Canción última», un claro homenaje a Quevedo, porque la casa es símbolo de España.
Cancionero y Romancero de Ausencias: Dolor, Esperanza y Pervivencia
En Cancionero y romancero de ausencias, el poeta ha depurado su estilo y muestra una cosmovisión y un lenguaje propio.
Se abre con elegías tras la muerte del primer hijo, quien es evocado mediante imágenes tangibles como, por ejemplo, «ropas con su olor». La esperanza renace con la venida de un nuevo hijo, y a él van destinadas las tiernas y tristes «Nanas de la cebolla».
Las alas son la esperanza y la libertad, que vienen de la mano del amor. El hijo asegura la pervivencia del poeta porque, a través del amor y de él, se proyecta en el futuro. La ahora esposa y madre se simboliza en el vientre, centro de la vida y refugio seguro. El amor a la esposa, como la risa del hijo, es la libertad.
Frente a la luz, las alas y el vientre, se encuentran la cárcel, la muerte y el sufrimiento, que representan la ausencia. Vuelve el símbolo de la herida, y las puertas de la muerte están simbolizadas por el mar.