Simbolismo y Existencialismo en la Obra Maestra de Unamuno

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Contexto y Origen de San Manuel Bueno, mártir

Miguel de Unamuno escribe San Manuel Bueno, mártir en noviembre de 1930. La primera edición se publica en 1931, aunque hay que esperar hasta 1933 para la edición definitiva, publicada junto con otras tres historias. Esta novela no es fruto de la espontaneidad: pertenece a una época ya madura para Unamuno, en la que seguía reflexionando sobre sus eternas luchas existenciales, sociales y políticas.

Llevaba algún tiempo pensando en publicar una obra que girara en torno a un cura que había perdido la fe. Determinadas lecturas (Nietzsche, Kierkegaard, entre otros) y visitas a ciertos lugares le ayudan a dar un cuerpo novelesco a su obra. La obra nace con una fuerte relación con otra “nivola” suya: Niebla, que plantea parecidos conflictos existenciales y religiosos, pero de forma mucho más apasionada.

Diferencias y Simbolismo en la Obra

San Manuel Bueno, mártir es una obra más contemplativa y resignada por el engañoso consuelo y por la ilusión. La obra posee un complejo simbolismo (el lago, la montaña, la nieve, la ciudad sumergida) y un profundo drama interior. En ella se proyectan las grandes obsesiones del alma de Unamuno:

  • La inmortalidad y la fe.
  • La muerte y el consuelo de la religión.
  • Lo trágico de la verdad.
  • La angustia existencial.

El Personaje de Don Manuel y la Angustia Vital

Sus angustias (la obsesión ante la muerte y su duda sobre la fe y la existencia de la inmortalidad) quedan reflejadas en el personaje de Don Manuel, quien siente esa angustia vital cada día. Tiene la voluntad de creer, pero esta creencia no se sostiene desde términos racionales. Lázaro y Ángela, la narradora, son los nexos de unión entre ambas actitudes. Como en Niebla, Unamuno concede a sus personajes idéntico grado de realidad o de ficción que a sí mismo.

El Arte del Relato y la Estructura Narrativa

Hay que subrayar también el arte del relato, la maestría y la claridad con que Unamuno conduce la narración. Durante la primera parte, asistimos a una caracterización progresiva del personaje central mediante un hábil engarce de anécdotas. Pronto, sin embargo, el autor comienza a intrigarnos, haciéndonos entrever algo oculto en el sacerdote.

Tras el nuevo impulso narrativo con el que pasamos a la segunda parte, la intriga y la suspensión van en aumento. De una manera gradual y verdaderamente admirable, nos acercamos al secreto, cuyo descubrimiento es el momento culminante del relato. Con la misma seguridad, y a través de diálogos que ahondan en el problema, la novela caminará hacia su final.

Abnegación, Caridad y el Legado de Unamuno

Por otro lado, San Manuel Bueno, mártir es también la novela de la abnegación y del amor al prójimo: precisamente un hombre sin fe ni esperanza es quien se convierte en ejemplo de caridad. También aparece el problema de la salvación, bajo un enfoque complejo por la ambigüedad que introduce el desdoblamiento entre el autor (Unamuno) y la narradora (Ángela).

Según Ángela: “Don Manuel y Lázaro se murieron creyendo no creer lo que más nos interesa; pero, sin creer creerlo, creyéndolo…”. ¿Eran estas paradojas compartidas por el Unamuno autor? El interrogante queda abierto. Cierto es que Unamuno, en el epílogo, toma la palabra y, en sus reflexiones finales, podría verse una voluntariosa apuesta por la esperanza, pero es un punto que queda abierto a la discusión.

Conclusión

En síntesis, Unamuno es, después de más de ocho décadas de su muerte, un gigante del pensamiento moderno gracias a su obra intelectual. Junto con figuras como Ortega y Gasset, Lorca, Neruda y Octavio Paz, proporcionó una unidad cultural extraordinaria a nuestra literatura.

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