El Siglo XVII en España: Validos, Crisis de 1640 y el Declive de la Hegemonía de los Austrias
Los Austrias del Siglo XVII: Gobierno de Validos y la Crisis de 1640
Durante el siglo XVII se suceden los reinados de los llamados Austrias Menores. Estos monarcas se caracterizaron por delegar sus funciones de gobierno en miembros de la alta aristocracia, conocidos como validos o privados. En ellos, el rey depositaba toda su confianza; el valido carecía de cargo oficial, pero en la práctica ejercía las funciones de un verdadero primer ministro.
Los Validos de Felipe III
El principal valido de Felipe III fue el Duque de Lerma, un político corrupto y ambicioso que convenció al rey para trasladar la corte a Valladolid. En 1618, fue sustituido en la privanza por su hijo, el Duque de Uceda.
El Conde-Duque de Olivares y Felipe IV
Con Felipe IV, sobresale como valido el Conde-Duque de Olivares, quien apostó por devolver a España su grandeza imperial mediante una política centralista y autoritaria. Esta política terminaría provocando el estallido de la Crisis de 1640. La impopularidad de Olivares provocó su sustitución en 1643 por Don Luis de Haro, quien no logró restablecer la paz social.
Validos durante la Regencia y el Reinado de Carlos II
Durante la regencia de Mariana de Austria y el reinado de su hijo Carlos II, los validos se sucedieron en el poder con figuras como el Padre Nithard, Fernando Valenzuela, Don Juan José de Austria o el Conde de Oropesa.
La Crisis de 1640: Revueltas Periféricas
En 1640, durante el reinado de Felipe IV, se desencadenaron revueltas generalizadas en las zonas periféricas de la monarquía. Las principales se produjeron en Cataluña y en Portugal, aunque también estallaron en Aragón, Andalucía o Nápoles. Las causas de fondo de estas revueltas se encuentran en la política reformista del Conde-Duque de Olivares, basada en la homogeneización y la unificación administrativa, que buscaba devolver el esplendor imperial. La creación de la Unión de Armas fue determinante para el estallido de las protestas.
Las revueltas fueron finalmente aplastadas (con el fracaso de la intervención francesa en Cataluña), excepto en Portugal, donde, gracias al apoyo francés y británico, culminó su independencia, reconocida por España en 1668.
La Guerra de los Treinta Años y la Pérdida de la Hegemonía Española en Europa
El siglo XVII es el siglo de la decadencia política y territorial del Imperio Español. Felipe III logró la paz en los conflictos heredados de su padre, Felipe II. Así, firmó la Tregua de los Doce Años (1609-1621) con las Provincias Unidas. Además, el fallecimiento de Isabel I de Inglaterra posibilitó el restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas. Sin embargo, al final de su reinado se inició una nueva fase belicista. En 1618 estalló la Guerra de los Treinta Años, un conflicto de signo religioso (protestantes frente a católicos) que también significó una pugna política contra el dominio de los Habsburgo. Las potencias europeas (Francia, Inglaterra, Países Bajos, Dinamarca, Suecia) trataron de acabar con la hegemonía de España y Austria.
El Reinado de Felipe IV y el Fin de la Hegemonía
El reinado de Felipe IV estuvo completamente marcado por el desarrollo de la Guerra de los Treinta Años. A pesar de algunas victorias iniciales (como Breda, 1626), muy pronto se sucedieron las derrotas de los tercios españoles (como Rocroi, 1643). La Paz de Westfalia (1648) puso fin al conflicto: se aceptó que los intereses de los Estados y su propia religión prevalecerían sobre los del Sacro Imperio Romano Germánico. España reconoció la independencia de las Provincias Unidas. La guerra con Francia continuó y no finalizaría hasta la Paz de los Pirineos (1659), por la cual España cedió los territorios del Rosellón y la Cerdaña, además de la región del Artois, haciéndose patente el declive español.
Carlos II y la Consolidación del Declive
Durante el reinado de Carlos II, se reconoció la independencia de Portugal (1668). España se vio envuelta en una sucesión de guerras con Francia debido a la política expansionista de Luis XIV. Una nueva invasión francesa de los Países Bajos finalizó con la Paz de Nimega (1678), por la que España entregó a Francia el Franco Condado y otras plazas flamencas. Francia emergió como la nueva gran potencia europea.
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