El Sexenio Democrático: Movimiento Obrero y la Guerra de Cuba
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El Movimiento Obrero en el Sexenio Democrático
En la etapa del Sexenio Democrático se inició el movimiento obrero, surgieron movimientos sociales de nuevo signo y se planteó de forma abierta la conflictividad social. Este fenómeno fue el resultado de la modernización económica, el desarrollo del capitalismo industrial y financiero y la influencia de la lucha obrera en otros países. Durante el Sexenio, el obrerismo empezó a estar influido por el anarquismo y el socialismo, alejándose progresivamente del republicanismo.
Los republicanos federales tuvieron presentes las ideas del movimiento obrero, tales como el rechazo al Estado, la concepción del pueblo como clase trabajadora y la propuesta de una república social. Sin embargo, las libertades políticas conseguidas con la Revolución de 1868 no fueron completadas con las conquistas sociales esperadas, lo que motivó una intensa agitación y la insatisfacción de las clases populares.
La Influencia de la I Internacional y el Anarquismo
En este contexto, y bajo el marco de la creación de la I Internacional o AIT (Asociación Internacional de Trabajadores, Londres, 1864), se debe entender la aparición del movimiento obrero en España. Este adoptó desde el principio la influencia del pensamiento anarquista de raíz bakuninista, cuyos pilares ideológicos eran:
- Soberanía popular
- Anti-estatismo
- Anticlericalismo
- Fe en el progreso y la ciencia
- Ateísmo
Algunos de estos puntos eran compartidos con el liberalismo y el republicanismo, especialmente la fe en la ciencia y el progreso. Su plasmación organizativa fue la creación de la Federación Regional Española de la AIT, cuyo primer congreso tuvo lugar en Barcelona en junio de 1870.
La Guerra Larga de Cuba (1868-1878)
El otro gran frente que tuvieron que abordar los gobernantes del Sexenio fue la Guerra Larga de Cuba. España había manifestado un gran interés por la expansión colonial, aunque las empresas coloniales de la etapa final del reinado de Isabel II acabaron en fracaso. Una de ellas fue la reincorporación de la República Dominicana, que se unió de nuevo a España, aunque la guerra posterior por su independencia afectó a toda el área de las Antillas.
El Inicio del Conflicto y el Grito de Yara
Cuba estaba muy ligada a la economía estadounidense y admiraba el desarrollo económico y la democracia de EE. UU. El interés del país norteamericano por Cuba aumentó hasta el punto de intentar comprar la isla. En este clima de tensión, se produjeron tres rebeliones en tan solo 21 días:
- La Gloriosa en España (19 de septiembre).
- La rebelión de Puerto Rico (23 de septiembre).
- La de Cuba (10 de octubre).
Esta última fue liderada por Carlos Manuel de Céspedes, quien dio el Grito de Yara, aldea desde donde se inició la Guerra de los Diez Años. La rebelión tuvo lugar en un ingenio azucarero llamado La Demajagua, una zona pobre y atrasada. Los graves problemas del gobierno español durante el Sexenio permitieron a los independentistas organizarse con mayor facilidad.
Evolución de la Guerra y la Cuestión de la Esclavitud
Aunque inicialmente se pidió la anexión a EE. UU., con la incorporación de Máximo Gómez, Modesto Díaz y los hermanos Marcano (experimentados en la guerra dominicana), el conflicto adoptó un carácter de lucha por la independencia. La zona oriental fue el principal teatro de operaciones. La fase más dura se desarrolló durante la etapa de la Restauración, hasta la firma de la Paz de Zanjón en 1878.
La guerra no se pudo resolver durante el Sexenio; la República se vio incapaz de abordarla debido a sus problemas internos, especialmente el cantonalismo y la Tercera Guerra Carlista. En el trasfondo del conflicto latía la cuestión social de la abolición de la esclavitud. Mientras que esta medida se adoptó en Puerto Rico en 1873, en Cuba el sistema productivo dependía de la mano de obra esclava, cuyo peso aumentó notablemente durante la primera mitad del siglo XIX.
Las presiones de Francia, Reino Unido y EE. UU. (que habían abolido la trata en 1807 y la esclavitud en 1863) obligaron al gobierno provisional español a aprobar la Ley Moret. Sin embargo, el sistema esclavista pervivió en la isla hasta 1886. Estos elementos, sumados a la interferencia de los gobiernos estadounidenses, forjaron definitivamente el nacionalismo cubano.