La Segunda República Española: Reformas, Constitución y Contexto Histórico
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La proclamación de la Segunda República
La Segunda República se proclamó el 14 de abril de 1931. Se constituyó un gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora. El Gobierno Provisional tomó el poder en Madrid y se izó la bandera republicana. En la formación del gobierno se intentó mantener el equilibrio entre las diferentes fuerzas políticas y la representación regional entre vascos, catalanes y gallegos. La primera medida de este gobierno fue convocar elecciones para formar Cortes Constituyentes.
La Constitución de 1931
El 14 de julio se constituyeron las Cortes y el 29 de julio se formó la Comisión Constitucional. Tras tres meses de intenso debate, quedó aprobada la Constitución de 1931, un texto de carácter democrático y avanzado cuyos principales contenidos eran:
- Definición de España como una república democrática de trabajadores de toda clase.
- Declaración de derechos y libertades, destacando el sufragio universal sin distinción de sexos para mayores de 23 años.
- Poder judicial independiente con un Tribunal de Garantías Constitucionales como máximo organismo jurisdiccional del Estado.
- Estado unitario que admitía autonomías regionales.
- Establecimiento del matrimonio civil, el divorcio y la equiparación de derechos de hijos legítimos e ilegítimos.
- Igualdad en el derecho a la educación y el trabajo, considerado este último como una obligación social protegida por la ley.
- Derecho a la propiedad privada sujeto a interés público, permitiendo la expropiación.
- Separación Iglesia-Estado.
Las Cortes quedaron como la representación principal del pueblo, elegidas cada 4 años con poder legislativo. El Presidente de la República, elegido cada 6 años por las Cortes, nombraba al Jefe de Gobierno, cuyos ministros debían ser ratificados por el Parlamento. Tras la aprobación de la Constitución, el 10 de diciembre fue elegido Niceto Alcalá-Zamora como primer Presidente de la República y Manuel Azaña como Jefe de Gobierno.
Reformas del Bienio Reformista
Reforma agraria
El gobierno provisional adoptó medidas urgentes: prohibición a los propietarios de tierras arrendadas de expulsar a los campesinos, extensión de la jornada de 8 horas a los jornaleros agrícolas y obligatoriedad de contratar mano de obra local. En 1932 se aprobó la Ley de Reforma Agraria, que tuvo un éxito relativo debido a la lentitud en su elaboración y a la necesidad de indemnizaciones previas, lo que resultó en un reparto de tierras insuficiente.
Reforma del ejército
El ejército de la República era macrocefálico y mantenía una fuerte lealtad a la monarquía. Manuel Azaña lideró la reforma para asegurar la fidelidad al nuevo régimen y aumentar su eficacia:
- Nombramiento de militares de confianza política en capitanías generales.
- Ley Azaña: permitía a los oficiales pasar a la reserva voluntaria manteniendo el sueldo.
- Creación de un cuerpo de suboficiales y supresión de la Ley de Jurisdicciones.
- Sometimiento del ejército al poder civil y administración civil en el Norte de África.
Reforma autonómica
Se formalizó el Estatuto de Cataluña, creando la Generalitat con competencias en cultura, obras públicas y orden público. En el País Vasco, el proyecto de estatuto impulsado por carlistas y el PNV fue rechazado por considerarse tradicionalista.
Reforma religiosa y educativa
La reforma religiosa provocó gran conflictividad al eliminar la religión católica como asignatura y prohibir la enseñanza a las congregaciones religiosas. Por otro lado, la reforma educativa buscó combatir el atraso cultural mediante:
- Enseñanza primaria universal, obligatoria y gratuita.
- Creación de 7.000 plazas de maestros y mejora de sus salarios.
- Ley de Construcciones Escolares.
- Fundación del Patronato de Misiones Pedagógicas.
Oposición política
La extrema derecha, representada por los falangistas, adoptó una estética paramilitar (camisa azul, saludo romano, yugo y flechas) y un modelo de Estado centralizado y jerarquizado. De corte similar eran las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). Por su parte, el anarquismo, a través de la CNT, mantuvo una postura de oposición frontal al Parlamento con el lema: "Frente a las urnas, la revolución social".