La Segunda República Española: Reformas, Constitución de 1931 y Tensiones Políticas
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Antecedentes y Proclamación de la República
Tras la dimisión de Primo de Rivera en enero de 1930, el rey Alfonso XIII encargó la formación de un nuevo gobierno al general Dámaso Berenguer. Sin embargo, el regreso al régimen político anterior a la dictadura resultó imposible: los partidos dinásticos estaban desprestigiados, el monarca era impopular, y las fuerzas antidinásticas tomaron una iniciativa unitaria, que culminó con el Pacto de San Sebastián.
Los firmantes del pacto acordaron la supresión de la monarquía y la proclamación de la República. La estrategia para derribar a la monarquía preveía hacer coincidir, el día 15 de diciembre, la insurrección de algunas unidades del ejército y una huelga general. Los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández se adelantaron a la fecha acordada y se alzaron en Jaca (Huesca). Fueron vencidos y ejecutados.
A principios de 1931, el general Dámaso Berenguer dimitió y fue nombrado Presidente del Gobierno el almirante Juan Bautista Aznar, quien convocó elecciones municipales para el 12 de abril. A pesar de que en el campo ganaron las candidaturas monárquicas, los resultados fueron abrumadoramente favorables a las candidaturas republicanas en las ciudades.
El 14 de abril se proclamó la Segunda República Española y se formó un gobierno provisional. Alfonso XIII se exilió ese mismo día.
El Gobierno Provisional y las Primeras Reformas
El Gobierno provisional de la República, presidido por Niceto Alcalá-Zamora, convocó elecciones legislativas para el 28 de junio, a la vez que planteaba reformas en cuatro frentes: el Ejército, la Iglesia, la educación y el campo.
- Ejército: Se ofreció a los generales, jefes y oficiales la posibilidad de jubilarse con el sueldo íntegro. Se consiguió reducir el número excesivo de comandantes y también se ofreció una salida a aquellos militares cuyas convicciones no les permitían continuar en el ejército bajo bandera republicana. Se clausuró también la Academia Militar de Zaragoza, dirigida por el general Francisco Franco y se creó la Guardia de Asalto, cuerpo de policía armada moderna y de fidelidad republicana.
- Iglesia: Al principio se mantuvo expectante. Pero dos sucesos enturbiaron la situación: en primer lugar, una pastoral del Cardenal Segura, arzobispo de Toledo, cuyos términos herían la sensibilidad republicana, ya que elogiaban al Rey. Más grave fue la quema de conventos en Madrid por grupos. Otros acuerdos del Gobierno a los que se opuso la Iglesia fueron el matrimonio civil, el divorcio, los cementerios civiles, etc.
- Educación: Se decretó la creación de escuelas laicas.
- Campo: Se llevó a cabo una reforma agraria con la finalidad de crear una clase de pequeños propietarios entre los jornaleros sin tierras a costa de los latifundios improductivos. El gobierno también actuó a favor de la jornada de ocho horas de trabajo en el campo. Los propietarios rurales debían tener todas las tierras cultivadas si no querían que las tierras yermas pasaran a ser usufructuadas por jornaleros.
La Constitución de 1931 y el Bienio Reformista
Las elecciones del 28 de junio de 1931 dieron el triunfo a las fuerzas de izquierda y de centro. Las Cortes se encargaron de redactar una nueva Constitución que reflejó los valores laicos e izquierdistas de la mayoría: Se implantó el sufragio universal, que incluía por primera vez el voto de las mujeres.
Alcalá-Zamora, elegido Presidente de la República, encargó a Manuel Azaña la formación del Gobierno. Se aprobó la Ley de Reforma Agraria y la concesión del Estatuto de Autonomía a Cataluña. Muchas hectáreas de tierra quedaron a disposición del Estado.
Durante esta época, la República se vio conmocionada por dos sucesos: la agitación en el campo andaluz (hechos de Casas Viejas) y el intento de golpe de estado monárquico del general José Sanjurjo. De acuerdo con lo establecido en la Constitución, en Cataluña, País Vasco y Galicia se inició la elaboración de sus estatutos de autonomía. El Estatuto de Autonomía catalán fue aprobado por las Cortes en septiembre de 1932. El estatuto vasco fue aprobado en 1936, en plena Guerra Civil.
El Bienio Conservador y la Revolución de 1934
El gobierno de Manuel Azaña cayó en septiembre de 1933 como consecuencia de las desavenencias políticas entre los partidos que lo apoyaban, a propósito de los hechos de Casas Viejas y de su incompatibilidad con el Presidente de la República. Alcalá-Zamora disolvió las Cortes y convocó elecciones para el 19 de noviembre, que fueron favorables a la derecha y al centro. El Presidente de la República encargó la formación del gobierno a Lerroux, líder del Partido Radical.
Pocos meses después, sectores del PSOE y de la UGT prepararon una insurrección armada que debía ir acompañada de una huelga general. El motivo con el que se justificó el estallido de la sublevación fue la entrada de miembros de la CEDA en el gobierno de Lerroux. Los partidos de izquierda identificaban a la CEDA con el fascismo. Así, temiendo que Gil-Robles diera un golpe de Estado, la UGT hizo un llamamiento a la huelga general.
En la revolución de octubre de 1934, Lluis Companys, Presidente de la Generalitat, proclamó el Estado Catalán de la República Federal Española. La política represiva aplicada por el gobierno contra los obreros asturianos se extendió a Cataluña con la detención de Companys y con la supresión de su régimen autonómico.
El Frente Popular y el Camino hacia la Guerra Civil
En septiembre de 1935, el Gobierno de Lerroux se vio obligado a dimitir como consecuencia del escándalo de corrupción del estraperlo. El Presidente de la República disolvió las Cortes y convocó elecciones en febrero de 1936. La izquierda se presentó unida en una coalición, que, con el nombre de Frente Popular, reunía desde los republicanos de Azaña hasta los comunistas. Esta formación ganó las elecciones de 1936.
A principios del mes de marzo de 1936 ya se produjeron los primeros contactos entre generales para preparar un alzamiento militar contra la República, que tenía que llevarse a cabo en julio de ese mismo año y daría lugar a la Guerra Civil Española.
Conclusión
La Segunda República fue un paréntesis de democracia y progreso entre dos dictaduras: la de Primo de Rivera y la del general Franco, tras la Guerra Civil. Se trató de un intento de solución democrática a la crisis del Estado liberal español causada por la corrupción electoral y el caciquismo de la Restauración.