Schoenberg: Pierrot lunaire y Webern: 5 piezas para orquesta, op. 10 – Atonalismo y expresionismo
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Schoenberg: Pierrot lunaire
Schoenberg, Arnold: Pierrot lunaire. Nº 14. Fecha: 1912. Estilo: expresionismo, atonalismo. Schoenberg, al contrario que Debussy o Stravinsky, trata con cien por cien de evitar que su música suene tonal en todo momento. En la búsqueda de un método sistemático para conseguirlo, inventará el dodecafonismo, pero esta obra es anterior a dicha sistemática y pertenece al periodo atonalista (sin tonalidad), técnica compositiva que utiliza para tratar de que la música suene más expresiva, radicalmente nueva, nada agradable y acomodada a la tradición, sino abiertamente rupturista, violenta y descarnada. Género: es un ciclo de canciones para voz y un grupo limitado de instrumentos, variable en cada canción. Timbre: es la primera canción, pero no simplemente para voz y piano, como sería esperar de un lied habitual. En este lied, de texto oscuro y tenebroso, utiliza los timbres graves del clarinete bajo y del violonchelo junto con los registros más graves del piano. La voz hace una especie de canto recitado: canto en cuanto que la afinación y el ritmo no son precisos, pero recitado en cuanto que la voz se emite como declamación y no como canto. Es lo que se resume en el término alemán Sprechgesang (canto hablado), usado para dar mayor expresividad. Forma: Schoenberg dice que su forma es la de una passacaglia, y puede entenderse que casi lo es si consideramos la passacaglia como la variación continua de un tema o idea fija, que es la idea melódica que aparece, tras los 3 compases de introducción, primero en el clarinete, luego en el violonchelo, después en la mano izquierda del piano y luego en la derecha, a modo de canon. Esta idea consta de 3 motivos: el inicial de 3ª menor ascendente seguida de 3ª mayor descendente, el cromatismo descendente que sigue y el salto de séptima ascendente para finalizar. Estos 3 motivos aparecen en toda la pieza, cada vez más disociados y entrecortados. El motivo cromático, por ejemplo, es con el que comienza la voz, y su inversión (ascendente) también aparece con profusión. Textura: contrapunto. Comienzo en canon (después de la introducción). Elaboración contrapuntística de los motivos mencionados. No se puede hablar de voz y acompañamiento. Melodía: absolutamente expresiva, cromática y llena de intervalos «difíciles», incluso en la línea del canto. Construida a partir de los motivos mencionados al hablar de la forma. Armonía: es música atonal. Ritmo: hay variaciones agógicas (de tempo) que tienden a aclarar algunas partes del texto. El compás, de 3/2 y regular, pasa desapercibido, pues no hay un intento de subrayar las partes iniciales con la música y la textura de contrapunto tampoco facilita la tarea. La voz, siempre en el mismo ritmo declamatorio. Los instrumentos primero utilizan básicamente la negra; en la parte central del poema, las semicorcheas (clarinete y violonchelo) frente a las corcheas del piano, y al final la calma vuelve relativamente con negras en el clarinete, mientras el piano todavía sigue en las corcheas y el violonchelo con la figuración más rápida, salvo en los 3 últimos compases. Dinámica: muy variada en poco tiempo, con un espectacular crescendo en el centro del poema hasta un fortissimo triple. La dinámica describe, pues, una especie de arco, que va desde el pianissimo inicial al fff central para volver al pp final. Relación música-texto: voz ambigua y misteriosa, y carente de un ritmo muy definido. Texto sacado de un poema simbolista.
Webern: 5 piezas para orquesta, op. 10: primera pieza
Fecha: 1913. Estilo: atonalismo, expresionismo (véase obra anterior). Género: Webern renuncia a ellos explícitamente. Es una «pieza para orquesta» (como decir que es una pintura al óleo, o sobre lienzo). Es música pura, sin más, sonidos que deben escucharse atentamente para que cada cual saque sus conclusiones. Timbre: es una orquesta sinfónica porque tiene todo tipo de instrumentos (madera, metal, cuerda y percusión), pero realmente está considerada como un grupo de cámara, pues todos los instrumentos son solistas (también los de cuerda). En cada una de las piezas Webern hace una selección de instrumentos diferente. En la primera intervienen una flauta, un clarinete, una trompeta, un trombón, una celesta, un arpa, un glockenspiel, un violín solista, una viola solista y un violonchelo solista. Todos intervienen de forma escueta, con unas pocas notas, y predomina el silencio en sus partituras. Forma: sin desarrollos, sin repeticiones, sin variaciones, sin nada: es la desintegración de la forma musical. Textura: evidentemente amelódica, ¿o pueden considerarse melodías las notas seguidas del violín o del arpa, casi al final? Melodía: sin melodía. Armonía: absolutamente atonal. Ritmo: los compases no son más que una guía para orientar a los intérpretes. Tampoco se puede captar una métrica o un tempo claros. Los sonidos duran, pero son impredecibles. Dinámica: la dinámica es muy importante, y hay casi más signos de dinámica que notas en la partitura. Sin embargo, toda la pieza está envuelta en una atmósfera de misterio que no permite que crezca demasiado el volumen, siempre entre ppp y pp.