San Agustín de Hipona: Fe, Razón y la Búsqueda de la Verdad
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Nacido el 13/11/354 en Tagaste y fallecido en 430, San Agustín de Hipona consideraba que la verdad plena reside en el cristianismo. Sin embargo, reconocía que antes del surgimiento del cristianismo, existían verdades inspiradas por Dios a los filósofos. Por ello, San Agustín utiliza conceptos griegos que considera útiles. En su pensamiento, se aprecia una gran influencia del platonismo y neoplatonismo.
Búsqueda de la Verdad
Para San Agustín, no existe conflicto entre la fe y la razón; para él, son complementarias. Critica el escepticismo, afirmando la necesaria certeza de la propia existencia, pues aunque todos nuestros juicios estuviesen siempre equivocados, existiríamos. Esto implica que también conocemos, pues entendemos nuestra existencia. Una vez asegurada la posibilidad de conocer, distingue dos tipos de conocimiento: sensible y racional.
- Conocimiento sensible: Adquirido por los sentidos, mutable, cambiante y no fiable.
- Conocimiento racional: Propio del alma, consiste en verdades eternas, universales e inmutables, como las de la fe o las matemáticas.
Considera las ideas como pensamientos de Dios, eternas y consustanciales a Él, fuente de todo conocimiento. Se pueden conocer mediante una especial iluminación que Dios concede al alma. La iluminación es un poder que Dios concede a la razón, pero que no posee la naturaleza. Esta concepción del conocimiento está inspirada en el símil de Platón entre el Sol y el Bien: La idea de Bien ilumina todas las demás, presentándose así como la fuente del ser y el conocimiento. Con la doctrina de la iluminación, San Agustín supera la teoría de la reminiscencia de Platón, pues no es necesario que el alma haya contemplado las verdades eternas en una vida anterior. Lo que es necesario es que Dios abra nuestra mente para acceder a ellas. La idea que tiene San Agustín del ser humano la toma de Platón: es un ser compuesto de cuerpo y alma. Pero como cristiano, no considera el cuerpo un lastre, sino perteneciente a la esencia humana.
La verdad no se halla en el exterior, en el conocimiento sensible, sino en el interior, en la experiencia que el hombre posee de su propia vida interior. Esta exigencia de interiorización tiene resonancias platónicas. La interiorización es el punto de partida de un proceso ascendente que lleva al ser humano más allá de sí mismo. Y este proceso es un proceso de autotrascendimiento, por el cual el alma, tras volverse a sí misma, siente y entiende que ha de ascender más allá de sí. El primer paso de este proceso consiste en que el hombre constate que su propia naturaleza es mutable y que a pesar de ello encuentra verdades inmutables en sí, por tanto, son ideas que el ser humano encuentra en sí y que son superiores a él. Como Platón, reconoce que las ideas son inmutables y necesarias y que no pueden tener su fundamento en el alma humana. Siguiendo los desarrollos del platonismo, sitúa el fundamento y el lugar de las ideas en Dios, realidad inmutable y verdad absoluta, éste es el segundo paso en el proceso de autotrascendimiento. El autotrascendimiento se despliega tanto en el conocer como en el querer, en busca de la propia plenitud y felicidad. El ser humano está obligado a autotrascenderse ya que solo puede hacer feliz al hombre algo que sea superior a él y esto es Dios. La felicidad se halla en el amor a Dios.
Filosofía de la Historia
Tres años antes de morir, publica un libro llamado *De civitate Dei* (Ciudad de Dios) en el que defiende a los cristianos frente a aquellos que los critican por la caída del imperio y consuela a los cristianos diciendo que la Historia tiene un sentido, que Dios sigue sosteniendo la Historia, cae Roma pero no el mundo, la caída de Roma también tiene un sentido y al final el bien se producirá.