San Agustín: La Búsqueda de la Verdad a Través del Interiorismo y la Iluminación Divina
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Teoría de la Verdad: Interiorismo e Iluminación en San Agustín
1. Punto de Partida: La Verdad Puede Ser Conocida (Contra el Escepticismo)
- A partir de una concepción de la verdad con influencia platónica: la verdad se da en lo inmutable, en lo eterno.
- Esta fundamentación parte de la autoconciencia, pues solo en la autoconciencia (es decir, en nuestro interior, en el propio pensamiento) podemos encontrar alguna certeza.
- El escepticismo es imposible; dudar de toda verdad es contradictorio: al menos, es verdad que se duda. San Agustín lo resume en una frase célebre:
"Si dudo, existo" (Si fallor, sum).
- El conocimiento es un proceso concatenado:
- Sensaciones: El alma conoce los objetos del mundo exterior a ella.
- Juicios: El alma juzga el mundo sensible y contingente con criterios necesarios, universales e inmutables (ya sean matemáticos o morales). Pero, ¿de dónde le vienen al alma esos criterios? ¿Los fabrica ella misma? No, porque el alma también es mutable y los criterios son inmutables. Nos vienen dados por otro.
- La verdad será la medida de todas las cosas, y el intelecto mismo es medido por ella. La verdad está por encima del intelecto.
2. El Interiorismo Agustiniano
- A partir de la conciencia pensante, todo conocimiento parte de un proceso de interiorización, que posibilita una primera certeza y que lleva al descubrimiento de la Verdad, identificada con Dios.
- El proceso se desarrolla en los siguientes pasos:
- Lo sensible es puro devenir, puro cambio.
- A la vez, la Verdad y el Ser son lo inmutable.
- Por tanto, si lo eterno e inmutable no se halla en el mundo sensible (en el "exterior" de las cosas), habrá que buscarlo en otro sitio: en el "interior", en el alma.
- Pero vemos que también el alma es mudable. En el alma descubrimos en primer lugar las sensaciones, que son representaciones de objetos físicos, tan mudables como ellos.
- Si seguimos buscando en nuestro interior, vemos que en el alma hay unas reglas con las que juzgamos sobre las sensaciones y las cosas (cosas que son y después no son, que cambian). Por ejemplo, dos manzanas sumadas a otras dos (por mucho que muden las manzanas) siempre serán cuatro. Por tanto, por "debajo" de lo cambiante hay algunas reglas eternas; entre ellas también están las reglas morales, pues no son datos sensibles (sometidos a cambio), sino que nos permiten juzgar y estructurar lo sensible.
- Conclusión: Si estas reglas no pueden proceder del exterior, que es puro devenir, ni del alma, que también es mudable y contingente, solo pueden proceder de algo eterno e inmutable: Dios.
3. Influencia de la Teoría de las Ideas de Platón y la Iluminación Divina
- Los criterios inmutables de verdad equivalen a los modelos inteligibles (las Ideas) de Platón. San Agustín conoce la Teoría de las Ideas y las sustituye por las "Rationes": estas son las formas fundamentales, las razones estables e inmutables de las cosas.
- Rectifica a Platón, convirtiendo las Ideas en pensamientos de Dios, ya que todo ha sido creado por Dios racionalmente, de acuerdo con una razón. El hombre no puede haber sido creado por la misma razón o idea que el caballo; cada cosa ha sido creada por su propia razón o idea. ¿Dónde se hallarán estas "razones" sino en la mente de Dios?
- También rectifica a Platón replanteando la doctrina de la reminiscencia y hablando de iluminación divina:
- Como la reminiscencia de Platón implica la preexistencia del alma y Agustín es creacionista (el alma es creada por Dios), habla de iluminación.
- ¿Qué es la iluminación? San Agustín explica:
"Igual que del sol se puede decir que existe, brilla e ilumina, de Dios decimos que existe, es inteligible y vuelve inteligible todas las demás cosas."
Igual que los ojos ven gracias a la luz del sol, el alma conoce lo incorpóreo por una iluminación incorpórea. - También a la luz de Dios, el hombre descubre verdades eternas impresas en su corazón: verdades teóricas y prácticas que deben regir la conducta libre, que no son arbitrarias, sino diseñadas por Dios para la naturaleza humana.
- Dios crea al hombre y lo quiere de una manera concreta: con voluntad libre, pero con una ley moral que perfecciona esa libertad. El primer deber —la verdad del hombre— es, pues, amar a Dios.
- La noción de Verdad admite varios significados; el más "alto" de los cuales se identifica con Dios. Demostrar que existe la verdad coincide con demostrar la existencia de Dios.