Rousseau: Estado de Naturaleza, Contrato Social y Desigualdad
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Rousseau: el contrato social y el hombre natural
El hombre en estado de naturaleza
Rousseau escribe sobre el contrato social y la diferencia entre el hombre natural y el hombre social. El primero vive en la hipotética situación del estado de naturaleza, mostrado en el mito del buen salvaje. Para Rousseau, el hombre en estado de naturaleza tendría unas características que lo definirían como:
- Sano y bueno (bondad natural), feliz e independiente en relación a los otros hombres (solitario).
- Tendría amor de sí (egoísmo positivo), ya que no actúa en perjuicio de los demás.
- Este hombre siente amor hacia sí (instinto natural de conservación), que no implica buscar el mal de los otros hacia los que siente compasión (piedad natural).
- En estado natural, el hombre mantendría sentimientos puros (no conoce el vicio), no envenenados por el juicio social, y una relación directa con la naturaleza. Vive de la naturaleza y no posee ningún tipo de propiedad privada.
- Tiene conciencia plena de libertad.
Este estado natural de cómo sería el hombre en sus orígenes, Rousseau lo presenta como una hipótesis y, en cuanto a una realidad que se haya dado en la historia, se enfrenta el hombre social, es decir, aquel que vive en un estado de sociedad.
El hombre en estado de sociedad
En este estado social, que sí es real frente a lo natural, el hombre tendría otra serie de características:
- El hombre no es feliz ni bueno.
- El hombre que se vuelve egoísta y malsano, por lo cual busca su propio interés en detrimento de los otros seres humanos. Así, la cultura, el progreso no han hecho al hombre más feliz y mejor, sino que lo han hecho más dedicado, injusto e infeliz. Cultura y progreso actúan dentro de la sociedad como elementos que corrompen a los hombres. Muestra así Rousseau su crítica a la Ilustración.
- El sedentarismo que genera la agricultura y la ganadería acaba con la conciencia de la propiedad privada. Esto da lugar a las mayores desigualdades entre hombres, y eso lleva a la envidia (y esta a la agresividad, violencia y guerra).
- El hombre social es un hombre vicioso y encerrado en sí mismo.
Rousseau dice que hay que hacer una reflexión y salir de la situación en la que se ha metido el hombre social, pues ya no es posible la vuelta al estado de naturaleza, sino que hay que reconstruir al hombre dentro de una sociedad democrática e igualitaria. Si esto se lleva a cabo, el hombre recuperará, en cierto modo, su bondad natural.
Política y formas de gobierno
Pensamiento político: Las leyes, influencias y escritos marcan momentos históricos. Se encontrará cambiar el rumbo político del país: funda academias, escuelas elitistas y otros gobernantes. Para Platón, la unidad perfecta de la sociedad es la polis, y el hombre es socialmente natural. Esta debe ser construida a imagen del hombre: cada parte, hombre tipo ciudadano.
- Gobernantes: facultad racional, moderar prudencia. Debe ser filósofo que tenga episteme y la virtud de la sabiduría y la justicia.
- Guardianes: alma irascible, moderar fortaleza. Defender la ciudad.
- Productores: alma concupiscible, virtud templanza. Proveen a la ciudad de necesidades económicas y materiales. La virtud principal en la polis justa es reunir a todos; es la obligación de cada clase cumplir sus funciones que tienen por naturaleza y nunca pensando en el bien particular.
Platón pensaba que gobernantes y guardianes no pueden tener bienes propios, ni mujeres, ni familia. Platón menciona la necesidad de educación para todos los habitantes: básica, productora, y compleja para guardianes y gobernantes. Su planteo político era utópico, quedó expresado en Siracusa.
Formas de gobierno:
- Monarquía: filósofo-rey, tiene episteme. Si el monarca solo piensa en sí mismo, degenera en tiranía.
- Aristocracia: gobierno de los mejores, una ambición política de los guardianes, que quieren hacerse con el poder, instauran timocracia, degenera en oligarquía.
- Democracia: gobierno de todos. Se tiende a un bien común; si se atiende a bienes egoístas, degenera en demagogia.
Rousseau y el pensamiento social
Crítica social: Rousseau es crítico con el movimiento ilustrado, dirigido contra la idea optimista del progreso y el individualismo, que pretende poner en evidencia las contradicciones que se dan en la incipiente sociedad burguesa (influyó a Marx). El pensamiento ilustrado francés, por influjo de Locke, había defendido la existencia de unos derechos naturales (iusnaturalismo), entre los que destacaba el derecho a la propiedad privada. Pero precisamente es la propiedad, con la que comienza el mal, la degeneración del hombre. Imponerse la propiedad privada no solo desprecia la libertad y aparece la desigualdad, sino que los antiguos sentimientos de amor de sí mismo y piedad se transforman en amor propio, envidia y vanidad. El desarrollo económico y la ambición hacen que la lucha de todos contra todos se adueñe de la sociedad. Un punto que viene a legitimar la desigualdad y el dominio de los más poderosos: el Estado.
Las sociedades políticas son, el punto final de un proceso de degeneración, tanto mayor cuanto más absoluto sea el poder de los que gobiernan. El sol solo puede venir de la virtud asentada en el sentimiento que en la razón, más cercana a la naturaleza que a los ciudadanos.
El ideal educativo: el Emilio y el contrato social
Este ideal se expone en el Emilio, obra en la que Rousseau afirma que la educación permite al ser humano desarrollar cómo ser moral y social, y también permite evitar efectos de civilización. La educación del individuo debe permitir su integración en la vida social y política, esto lo plasma en su obra el contrato social.
En esta obra no se interesa por el origen de la sociedad ni por su justificación: la libertad de cada individuo no debe sufrir por integrarse en la sociedad, objetivo que consigue mediante un pacto o contrato, en el que cada ser humano se compromete a obedecer la ley que lo une a los demás y no a un individuo en particular. Así, nace el Estado civil como cuerpo moral y colectivo en el que los hombres se reconocen como ciudadanos. Su expresión es la voluntad general, que trata de conseguir el bien común. Además, esta se distingue también de la voluntad de todos, que no es más que la mera suma de las voluntades particulares, porque representa la medida de lo justo. Cada uno renuncia a la libertad de obrar de acuerdo al egoísmo propio y en contra de la comunidad.
La voluntad general es soberana e intransferible, pero puede expresarse en distintas formas de gobierno. Según Rousseau, el peligro de la corrupción hace que se gobierne mejor las pequeñas repúblicas o comunidades. El soberano será siempre el pueblo, que ejercerá el poder legislativo, que no admite representación, y al que debe subordinarse el poder ejecutivo, que puede ser entregado al príncipe, grupo de notables o a todos. Pero quien en última instancia debe sostener el poder es el pueblo, y "toda ley no ratificada por el pueblo es nula, no es una ley".
Así, Rousseau considera que los hombres pueden entrar en un nuevo estado que no es ni social ni tampoco natural. Este nuevo estado consiste en una sociedad racional y libre donde se erradicará el mal moral y la injusticia, y se permitirá que cada uno de los seres humanos pueda alcanzar su felicidad y plena realización.