Revoluciones liberales de 1820 y 1848. Independencia de las colonias americanas

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Las revoluciones liberales Aunque la restauració n de las monarquí as en toda Eu­ ropa significó la represió n de las ideologí as surgidas a partir de la Revolució n Francesa, durante la primera mi­ tad del siglo XIX se produjeron diversos ciclos revolu­ cionarios para romper con el sistema impuesto y conso­ lidar algunos de los principios defendidos por el libera­ lismo. Los rasgos generales son los siguientes: Las masas populares, tanto urbanas como rurales, en muchos casos iniciaron ¡ os estallidos revoluciona­ rios -Fueron dirigidas por la burguesí a, que se oponí a al absolutismo y que querí a introducir en la organi­ zació n social, polí tica y econó mica una serie de cam­ bios -En muchos casos, las revoluciones liberales fueron uni­ das a reivindicaciones nacionales. Así pues, los movimientos populares fueron utilizados por la burguesí a en su provecho, por lo que los burgueses fueron los má s beneficiados con el progresivo avance liberal. Las revoluciones de 1820 En 1820, el triunfo liberal en Españ a a causa del pronunciamiento mili­ tar de Rafael del Riego incidió en la extensió n de una se­ rie de movimientos revolucionarios por la Europa mediterrá nea. Primeros movimientos revolucionarios só lo partici­ paron algunos sectores de la burguesí a y la aristocracia, con el objetivo de establecer una monarquí a limitada por una Constitució n moderada. La mayor parte de las insurrecciones fueron vencidas por los ejé rcitos de la Santa Alianza, que resta­ blecieron regí menes absolutistas. Existia un sentimento nacionalista en los países ocupados, como Grecia, que inició una lucha por independizarse del imperio otomano. La revolució n condujo a una guerra que finalizó , en 1830, con la independencia de Grecia. Las revoluciones de 1830 Las revoluciones de 1830 tuvieron como cauSa" conjunto de factores de cará cter econó mico ysocial. Por una parte, la crisis agrí cola pro­ vocó una fuerte subida de precios que afectó a las clases populares. Al reducir sus gastos, é stas influyeron en la crisis industrial, la cual aí ectó a la burguesí a, que no podí a vender sus productos. Por otra parte, la crisis econó mica originó un profundo descontento social, a causa de los bajos salarios, la subida de precios y el aumento del paro. La insurrecció n de Francia fue el foco de los movimientos revolucionarios que se expandie­ ron por Europa occidental (doc. 17). El monarca Carlos X (1757-1836, rey de 1824 a 1830) pretendí a la im­ posició n de un ré gimen absolutista, lo que provocó el rechazo de los libe­ rales y del pueblo. El 26 de julio de 1830 aprobó una serie de ordenanzas, como la suspensió n de la libertad de prensa, la restricció n del derecho al voto, la disolució n de la recié n elegida Cá mara de representantes y la con­ vocatoria de nuevas elecciones. Estas ordenanzas suponí an la derogació n de la Carta Otorgada, conce­ dida por el rey Luis XVIII en 1814 y en la que se recogí an derechos como los principios de libertad e igualdad y se mantení a la abolició n de los pri­ vilegios feudales, aunque no se concedí a la soberaní a popular. La Carta no emanaba del pueblo, sino del poder real. Los polí ticos, los burgueses y los periodistas liberales protestaron con­ tra las nuevas medidas. La revuelta estalló el 27 de julio cuando estu­ diantes, obreros y algunos diputados se atrincheraron en las barricadas construidas en las calles de Parí s durante tres dí as, en lo que se conoce como las tres jornadas gloriosas. El rey tuvo que abdicar y, ante el temor a la pro­ clamació n de la repú blica por parte de los re­ volucionarios, algunos polí ticos liberales pro­ pusieron como rey al duque de Orleans, que reinó como Luis Felipe de Orleans, entre 1830 y 1848, nuevamente en el marco de la Carta Otorgada

La revolució n de 1830 se extendió a otros paí­ ses europeos, como Polonia, Italia y Suiza, aunque fue un fracaso en todos ellos. Solamente en Bé lgica fue un é xito, pues las in­ surrecciones acaecidas, de cariz nacionalista, tuvieron como consecuencia su independencia de los Paí ses Bajos. En el nuevo Estado belga se instauró una mo­ narquí a constitucional en la que se reconocí a la soberaní a nacional y cuyo primer rey fue Leopoldo I. Las revoluciones de 1848 El movimiento de 1848 se originó en Francia como respuesta a una pro­ funda crisis econó mica en el marco de una monarquí a constitucional que só lo satisfací a a la alta burguesía. Las clases medias y el proletariado ur­ bano se aliaron para reivindicar los ideales liberales má s radicales: el su­ fragio universal, el reconocimiento de la soberaní a popular y la igualdad social (doc. 19). Las barricadas volvieron a Parí s en febrero. El rey Luis Felipe abdicó y los revolucionarios proclamaron la repú blica, estableciendo el sufragio uni­ versal masculino. Luis Napoleó n Bonaparte, sobrino de Napoleó n, fue ele­ gido presidente de la repú blica en diciembre. Pero en 1852 se proclamó emperador como Napoleó n III e instauró el II Imperio Francé s bajo un sis­ tema autoritario. Los levantamientos de 1848 se extendieron por la mayor parte de los paí ses centroeuropeos. Las causas fueron tambié n la crisis econó mica y la reivindicació n del liberalismo polí tico. En el imperio austrí aco, las revueltas tuvieron cará cter nacionalista en Bo­ hemia, Hungrí a y en los Estados del norte de Italia. Pretendí an conseguir la independencia del imperio, pero fracasaron en su intento. Tambié n fra­ casaron las insurrecciones en Prusia y en Alemania, donde, ademá s, se reivindicaba la unificació n de los Estados alemanes (doc. 20). Aunque las revoluciones de 1848 fracasaron, sus reivindicaciones influ­ yeron profundamente en la ideologí a liberal, en la que durante la segunda mitad del siglo XIX se fue agudizando la divisió n entre moderados y ra­ dicales. En este perí odo apareció tambié n un movimiento obrero orga­ nizado como fuerza polí tica. La lucha ya no era solamente contra el ab­ solutismo, sino tambié n para conseguir las mejoras sociales que, por toda Europa, reclamaban los obreros industriales. Por lo tanto, los intereses de la burguesí a liberal y los de la clase obrera no coincidí an, hecho que creó una nueva causa de enfrentamiento. La independencia de las colonias latinoamericanas La difusió n de los ideales polí ticos liberales surgidos de la Revolució n Fran cesa y el ejemplo de la creació n dé una repú blica federal en Norteamé rica favorecieron los movimientos revolucionarios independentistas en las colo­ nias latinoamericanas. Con estos antecedentes, la burguesí a criolla, o des­ cendientes de europeos, se enfrentaba a la monarquí a porque no podí a ac­ ceder a los puestos polí ticos, reservados a funcionarios llegados de la me­ tró poli, y porque consideraba que las leyes españ olas entorpecí an sus actividades comerciales. La causa que determinó el inicio de los procesos de independencia fue el desconcierto creado con la invasió n napoleó nica de la Pení nsula Ibé rica y la caí da de la monarquí a. Entre 1810 y 1814 se formaron Juntas de Go­ bierno a imagen de la metró poli, que en lugar de disolverse tras la caí da de Napoleó n en 1815, se utilizaron como base para luchar por la independen­ cia. Entre 1815 y 1824 se produjeron las grandes campañ as militares de los lí deres de la independencia como José de San Martí n y Simó n Bolí­ var. En 1825, toda Latinoamé rica era independiente, excepto Cuba y Puerto Rico. Pero las ideas liberales que hicieron posible la revolució n fracasaron en parte, pues los criollos, que ya tení an el poder econó mico, concentra­ ron tambié n el poder polí tico, los indí genas continuaron en condiciones de inferioridad y se mantuvo la esclavitud.

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