Las Revoluciones de 1848 y el Surgimiento del Nacionalismo Orgánico en Europa

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La Revolución de 1848 en Francia

En febrero de 1848, las medidas autoritarias provocaron revueltas; por ello, el gobierno prohibió las reuniones políticas. La presión llegó al palacio real y los guardias se negaban a disparar; por ello, Luis Felipe I huyó y se proclamó la Segunda República. En ella se fomentó el sufragio universal masculino, se abolió la esclavitud y la pena de muerte, y también se reconocieron los derechos de los trabajadores. Después se provocaron motines donde las clases populares y los burgueses se dividieron por sus intereses. Más tarde, Luis Napoleón Bonaparte llegó a la presidencia y, a través de un golpe de Estado, proclamó el Segundo Imperio.

El Estallido Revolucionario en el Imperio Austríaco

Las manifestaciones consiguieron la destitución de Metternich y la abdicación de Fernando I, a quien le sucedió Francisco José I. Este se vio obligado a abolir la servidumbre feudal y a promulgar una constitución liberal, pero el parlamento no aceptó la propuesta de los pueblos del Imperio Austrohúngaro y los aplastó.

Los Estados Alemanes y el Parlamento de Frankfurt

En los estados alemanes se formó un parlamento en Frankfurt, el cual quería aprobar una constitución liberal, pero el rey de Prusia, Federico Guillermo IV, no lo aceptó y disolvió el Parlamento.

El Nacionalismo Orgánico: Fundamentos y Romanticismo

El nacionalismo orgánico es una vertiente procedente del romanticismo alemán. La nación es entendida como un ser viviente que se desarrollaba mediante la acción de una fuerza superior (Volksgeist o genio nacional). Este se manifestaba por ciertos caracteres exteriores hereditarios:

  • Comunidad de lengua.
  • Costumbres y tradiciones.

La nación se concebía, pues, como el producto de un largo proceso histórico resultado de fenómenos inconscientes e involuntarios, especialmente presente en la lengua materna y en las tradiciones populares. Los derechos de la nación no se derivan de los derechos de los ciudadanos que la integraban, sino que nacían de ese organismo vivo y eterno que era la nación de la base cultural. El giro fue radical: los sujetos de derechos no serían los individuos, sino los pueblos como colectividad; se justificaba la libertad para un pueblo en particular.

La Identidad Nacional y el Caso de Alsacia

Si la nación se define por su lengua, todos los que hablaran francés tenían que pertenecer a Francia, tanto si querían como si no. Si una comunidad tenía los caracteres comunes en lo referente a la lengua, cultura, etc., esta pertenecía independientemente de su voluntad a la nación cultural y política correspondiente. El ejemplo de Alsacia es evidente: quería pertenecer a Francia pero hablaba alemán.

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