La Revolución de Octubre de 1934 y el Camino hacia el Frente Popular
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La Polarización Política y la Insurrección de Octubre de 1934
Estos sucesos pusieron de relieve la extremada polarización a que había llegado la política española. La respuesta insurreccional dada por los socialistas y republicanos catalanes a la entrada de la CEDA en el gobierno significaba que preferían defender la República antes que la democracia, incluso apelando a la violencia. La convocatoria de una insurrección fue realizada por los socialistas para el 5 de octubre.
En Madrid, el País Vasco y Andalucía, la incidencia de la huelga general fue escasa, ya que no hubo participación conjunta de la CNT con la UGT. En Asturias, donde UGT y CNT actuaron unidas, tuvo lugar una auténtica insurrección de carácter armado. En Cataluña, el conflicto tomó una dirección distinta, dado el protagonismo de la Generalitat.
La Revolución Obrera de Asturias
Entre los días 5 y 12 de octubre se desarrolló la revolución obrera de Asturias. El objetivo era la toma del poder por parte del Partido Socialista para desplazar al fascismo del gobierno y poder aplicar un programa de carácter revolucionario.
La Sublevación en Cataluña y el Estado Catalán
La sublevación catalana, aunque de naturaleza distinta, estuvo animada del mismo terror a la desnaturalización de la República por la entrada de la CEDA en el gobierno. El 6 de octubre, el presidente Lluís Companys proclamó, imitando el gesto de Macià de 1931, el “Estado catalán de la República Federal Española”. Esta rebelión fue abortada por el ejército en pocas horas.
Consecuencias Políticas y el Escándalo del Estraperlo
Los sucesos de octubre provocaron el reforzamiento del papel de la CEDA en el gobierno, favorecida, además, por los escándalos en que se vio envuelto el Partido Radical, como el del estraperlo.
Reorganización de la Izquierda y el Nacimiento del Frente Popular
La experiencia de octubre obligó a la izquierda republicana y socialista a reconsiderar la táctica de la insurrección. Los partidos republicanos de izquierdas se agruparon en dos grandes formaciones:
- Izquierda Republicana: dirigida por Manuel Azaña.
- Unión Republicana: encabezada por Martínez Barrio.
Ambos apostaron por un entendimiento con los socialistas, que desembocó finalmente en la alianza del Frente Popular. El 16 de febrero de 1936, el presidente Niceto Alcalá-Zamora convocó elecciones.