La Revolución Argentina: Historia del Golpe de Estado de 1966 y el Régimen de Onganía

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Golpe de Estado del 28 de junio de 1966

El 28 de junio de 1966, un levantamiento militar liderado por el General Juan Carlos Onganía derrocó al Presidente Arturo Illia (Radical del Pueblo). El golpe dio origen a una dictadura autodenominada Revolución Argentina, que ya no se presentó a sí misma como un «gobierno provisional», como en todos los golpes anteriores, sino que se estableció como un sistema de tipo permanente. Este tipo de dictaduras militares permanentes se instalaron por entonces en varios países latinoamericanos en esos años (Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay, etc.) y fue estudiado detalladamente por el destacado politólogo Guillermo O'Donnell, quien lo denominó con la expresión de Estado Burocrático Autoritario (EBA).

Desarrollo del Régimen

La Revolución Argentina dictó en 1966 un Estatuto que tenía un nivel jurídico superior a la Constitución y, en 1972, introdujo reformas constitucionales, algo que también la distinguió de las dictaduras anteriores. En general, la dictadura adoptó una ideología fascista-católica-anticomunista, apoyada abiertamente tanto por Estados Unidos como por los países europeos.

La alta conflictividad política y social generada durante la Revolución Argentina y las luchas entre los diversos sectores militares produjeron dos golpes internos, sucediéndose en el poder tres dictadores militares: Juan Carlos Onganía (1966-1970), Marcelo Levingston (1970-1971) y Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973).

Económicamente, la dictadura entregó el Ministerio de Economía a los sectores civiles más conservadores-liberales, cuyo máximo exponente fue Adalberto Krieger Vasena, quien ya había sido ministro de la Revolución Libertadora. Hay que señalar, sin embargo, que durante la dictadura de Levingston predominó un sector nacionalista-desarrollista de las Fuerzas Armadas, que nombró Ministro de Economía al radical Aldo Ferrer.

Causas del Levantamiento

Las filas castrenses adherían a la Doctrina de Seguridad Nacional, por medio de la cual las Fuerzas Armadas argentinas aseguraban defender los valores nacionales de la agresión marxista, manifestada en forma de guerrilla y que se volvía xenofóbica mundialmente. De esta manera, empezó la conspiración para tomar el poder y poner fin al incipiente comunismo.

  • El gobierno de Arturo Illia debió afrontar la debilidad derivada de haber sido elegido en elecciones en las que el peronismo estuvo proscripto, por lo que una gran parte del electorado votó en blanco (un 19,72%) y ganó por minoría. Si bien tenía la mayoría en el Senado, en la Cámara de Diputados era inferior.
  • La falta de reconocimiento de legitimidad al gobierno de Illia por parte de los simpatizantes peronistas se vio agravada por un plan de lucha del movimiento obrero, afectado por la decisión del gobierno de sancionar modificaciones a la legislación sindical sin consultar a los sindicatos y tratar de dividirlo internamente para debilitar su monopolio de poder. Esto erosionó el frágil orden constitucional.
  • Existía un fuerte apoyo al golpe desde sectores de la ciudadanía como la prensa conservadora, que calificó su gestión de lenta e ineficiente, llegando a caricaturizarlo como una «tortuga»; un poder económico irritado por las medidas en los medicamentos y contratos petroleros; y una mayoría de partidos políticos en oposición, exceptuando el radicalismo, el comunismo y los socialistas. También pesaba un considerable sector del movimiento sindical. Ante la presión de todas estas fuerzas sobre el gobierno, consiguieron debilitarlo y derrumbarlo en la opinión pública. El general «azul» empezó a verse como la «única vía para garantizar orden y autoridad». Toda esta coalición confió en el ejército para la "modernización y organización del país".

Consecuencias del Golpe

Es posible comprobar la complicidad civil que siempre hubo en los golpes militares argentinos: los sectores políticos y sindicales del peronismo adhirieron unánimemente al Golpe de Estado, como así también lo expresó Perón desde el exilio.

El expresidente Frondizi consideró una necesidad el derrocamiento de Illia y se identificó con la imagen "desarrollista" de tecnicismo y eficacia que pretendían las fuerzas armadas.

La consecuencia directa fueron tres gobiernos militares que se sucedieron: Onganía, Levingston y Lanusse. Este último es quien finalmente retira al peronismo de la proscripción, dando lugar a las elecciones que llevan a "Cámpora al gobierno y a Perón al poder". Este último eslogan fue el que convenció a la mayoría de dar su voto al viejo líder justicialista.

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