Resumen matute luciérnagas primera parte capitulo vi

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1. Estas primeras páginas de la novela sitúan la infancia de Sol en el segundo cuarto
del Siglo XX, puesto que su ingreso en el colegio de Saint-Paúl se produjo el 2 de
Octubre de 1927. También se nos dice que en el internado pasó «nueve años largos y
casi inútiles» (p. 11) y que «con dieciséis años inquietos, ignorantes [...] le sorprendíó
el estallido de la guerra» (p. 36), de lo que deducimos que es en 1936 cuando la
muchacha termina su formación en Saint-Paúl (y así nos lo confirma la nota del
cuaderno que hallamos en la página 13: «Concluyó su educación en Saint-Paúl:
quince de Junio de mil novecientos treinta y seis.»).
En cuanto al entorno que rodea a la protagonista, podemos inferir que proviene
de una familia acomodada, ya que Sol se ha criado con niñeras y, después, ha asistido
a un internado privado y católico. Su padre «Era dueño de unos talleres de fundición,
que constituían el patrimonio de los Roda desde hacía tres generaciones» (p. 16). Su
madre, Elena, era una mujer bella y religiosa, «un poco a la antigua» (p. 19), a la que
todo el mundo propone como modelo a seguir para Sol, de ahí que los planes de su
padre para la joven terminen «Cuando te cases...» (p. 20). En resumen, debemos
concluir que el ambiente que rodea a la protagonista es burgués, tradicional, elitista,
machista, frío y distante.
2. En Lucíérnagas nos hallamos ante el tipo de narrador que suele conocerse como
omnisciente. Algunas citas que demuestran la omnisciencia de la voz narrativa de
Lucíérnagas son: «Íntimamente, le invadía un hondo desfallecimiento, una dilatada
pereza», (p. 19); «Esta fue la primera vez que perdíó confianza en su padre» (p. 26);
«Sol empezó a sentir una irreprimible antipatía por su abuela» (p. 30).


3. Ya hemos mencionado que los años de la protagonista en el internado fueron
«largos y casi inútiles» (p. 11), motivo por el que cuando, a los dieciséis, abandona
Saint-Paúl, los considera «ignorantes» (p. 36). En las páginas 13-14, se nos explica en
qué ha consistido la educación de la joven: «Ciertamente logró dominar a medias su
torpeza de movimientos, sus manos demasiado nerviosas. Sabía escribir
correctamente, con letra delgada, pulcra. Recitar, con cierto énfasis, poesías
francesas. Dibujar flores y paisajes con corzas y cipreses. Pero continuaba negada al
mundo de los números, casi como el primer día de colegio. Sus notas en matemáticas
habían sido siempre lamentables. Sin embargo, en historia y geografía consiguió
incluso diplomas, prolijamente adornados con cenefas de rosas, y algún lacito del que
pendía una medalla de aluminio. Aun así, al cabo de aquellos nueve años, seguía
sintiéndose insatisfecha, curiosa.» El hecho de que las monjas no satisfagan las dudas
y las preguntas de Sol nos hace pensar en un tipo de educación demasiado restrictiva
y tradicional, que no estimula ni la curiosidad ni la inteligencia de las alumnas y que
no las prepara para valerse por sí mismas en el día a día, sino para limitarse a un
ámbito doméstico y depender de otras personas en lo demás. Se trata también de una
educación elitista, tal y como demuestra la cita de la página 12 que se incluye en el
enunciado. Se nos habla de los niños «desharrapados» de los que procuran apartar a
1Sol, pero también de las distinciones que se hacen con las niñas de «“la otra casa”
[...] donde se daba educación gratuita a muchachas pobres» (p. 21).


Para Sol, el hecho de poder relacionarse con una persona ajena a ese mundo,
como Ramón Boloix, que «no creía que preguntar ciertas cosas estuviera vedado a
una muchacha de quince años» (p. 32), supone una gran novedad y una cierta
liberación, puesto que le permite enfrentarse a sus dudas y miedos. Aun así, esa
primera relación que la joven considera sincera e inocente termina por ser
«destruida de un modo sencillo y decisivo» (p. 33) por su abuela, quizá la persona del
entorno de Sol que más claramente encarna el ideal de educación represiva que se le
está imponiendo a la muchacha.
4. La religión es uno de los elementos fundamentales del entorno de Sol, tanto en el
internado como entre su familia. Sin embargo, para la muchacha se trata de una idea
confusa y poco clara, de algo que tan pronto le provoca miedo («Oscuramente, con
una gran angustia, se temía dentro de aquella ancha sombra donde se apretujan y
gimen los que están al lado izquierdo de aquel Dios que le habían enseñado a temer,
sin comprenderlo», p. 22), como fascinación («Sentía hambre de belleza, y aquel
invierno se enamoró de Jesucristo», p. 20). También en la concepción de la religión
por parte de Sol podemos apreciar, entonces, las consecuencias de la educación
impuesta, irracional y dogmática.

Efectivamente, el contexto ha cambiado. Tal como nos indicaban las últimas
palabras del capítulo anterior, la guerra ya ha comenzado (hecho que sabemos que se
produjo el 18 de Julio de 1936). Ese es el momento que debemos tomar como
referencia para entender expresiones como «Los primeros días la sumieron en un
estado de apatía» (p. 37) o «Apenas transcurríó una semana desde que se oyeron los
primeros disparos» (pp. 37-38).


La guerra ha trastocado enormemente la vida de toda
la familia de Sol, ya que «Su padre ya no era dueño de nada» (p. 37) y el miedo
impide incluso que salgan a la calle.
2. Sol, que apenas comprende el porqué de la guerra en la que de repente se ha
visto inmersa, compara el alboroto que la revolución provoca en las calles con la fiesta
del carnaval que «de niña tuvo que contemplar [...] desde detrás de los cristales» (p.
38) porque le estaba vedado, porque era «malo» (p. 38). El miedo de la muchacha se
acrecienta, ya que «Ahora, esas gentes que no debían mirarse, prohibidas [...],
invadían de nuevo la ciudad» (p. 38).
3. Ya hemos comentado que la familia de Sol experimenta grandes cambios en esta
etapa, pero el más importante de todos ellos, sin lugar a dudas, es el de la muerte de
Luis Roda, su padre, a manos de unos «hombres» (p. 40) que se presentan a buscarlo
en su casa en mitad de la noche. Para Sol, la muerte de su padre supone un punto de
inflexión en su vida, toma conciencia de que «algo irremediable había sucedido que
trastornaba el curso de su vida. Un mundo había concluido» (p. 42). A pesar de ello,
continúa paralizada, «quieta, como golpeada» (p. 42). En cambio, su hermano parece
vivir la muerte de Luis Roda como una liberación que le permite centrarse en lo que
realmente le interesa («Algo había en su mirada que denotaba cierta satisfacción por
el rumbo que su existencia iba tomando. Por alguna razón, había momentos en que
Eduardo casi parecía feliz. Hasta entonces su vida fue como a rastras de algo, forzada.
Ahora, por vez primera, parecía hacer lo que más le agradaba», p. 43). 4. Sol siente curiosidad por Cloti porque se trata, al igual que Ramón Boloix, de una
persona completamente ajena a lo que hasta entonces ha sido su vida. Además, Cloti
es también muy diferente a Sol en lo que a personalidad se refiere:


«Su vitalidad desbordante le fascinaba y le atraía, su deseo de beberse las horas a grandes tragos,
como si presintiera, desesperadamente, que lo bueno acaba demasiado pronto» (pp.
55-56). Al contrario que la protagonista de Lucíérnagas, Cloti es una joven trabajadora
que no ha recibido ningún tipo de educación. Su vida ha sido muy dura, tanto que
incluso se ha visto obligada a prostituirse, de ahí que entienda la guerra como una
revolución que la ayudará a vengarse, a dar salida a su rencor: «tenían que vengar
haber nacido fruto de la desesperación o la casualidad» Esta breve cita es, probablemente, una de las más reveladoras en lo que a la
personalidad de Eduardo se refiere, ya que pone de manifiesto su extremo
materialismo y su egoísmo. Para el hermano de Sol, la vida acaba en su cuerpo; tan
solo le importa, en consecuencia, la satisfacción de sus propias necesidades físicas, sin
tener en cuenta si para ello ha de llevar a cabo acciones reprobables desde el punto
de vista de la conciencia o el espíritu o si debe dejar a un lado sus vínculos amistosos
o familiares. Eduardo es, tal y como lo define la propia Sol, un hombre
extremadamente egoísta.
2. En este capítulo Cloti le confiesa a Sol que está embarazada de un bebé no deseado
y que el padre «dice que es cosa mía, que me las apañe como pueda» (p. 118). La
joven desea abortar, pero le dan miedo las consecuencias que la intervención
(realizada por una «vieja», p. 118, y sin ningún tipo de seguridad) pueda acarrearle.
Ante esta nueva dificultad, Cloti pierde la esperanza en esa lucha que antes
consideraba su venganza: «A pesar de todo lo que yo grazne, lo bueno, lo grande, no
puede ser para mí. Yo siempre seré de los de abajo. Antes, ahora y siempre» (p. 119).
VI


1. El personaje que reaparece en la vida de Sol, tal y como ya se nos anunciaba al
final del capítulo anterior, es Ramón Boloix, el antiguo profesor de su hermano. Es
evidente que se han producido grandes cambios en la vida de Boloix, ya que «Se
arrastraba sobre dos muletas y llevaba prendidos sobre la cazadora de cuero sus
insignias y distintivos de combatiente» (p. 121). En lo que se refiere a su
personalidad, al principio Sol considera que Ramón no ha cambiado y es el mismo
hombre que ella creyó conocer años atrás, con el que, desde su punto de vista,
mantuvo una amistad inocente y sincera («Intentó recuperar el recuerdo, revivir en su
memoria la amistad dulce, el afecto de sus quince años», p. 124; «También ahora le
parecía correr con él para que no les sorprendiera la tormenta», p. 131). Pero pronto
se da cuenta de que el profesor ya no es aquella persona, tal y como dejan entrever
las imágenes que colecciona: «Algo terrible subyacía a aquellas figuras, en sus ojos de
vidrio pintado que miraban con fijeza obsesiva», p. 125). Sol toma conciencia de que
entre Ramón y ella no hay una amistad sincera, puesto que el profesor no la ha
ayudado de manera altruista, sino que perseguía un fin, el de aprovecharse de ella al
igual que lo había hecho de Cloti. 

Al inicio de esta segunda parte, los personajes de Pablo, Cristián y Daniel Borrero
se convierten en el centro de atención de la novela. La familia Borrero le proporciona
al lector un excelente contrapunto con respecto a los Roda, puesto que, aun
residiendo en la misma ciudad, ambas familias proceden de ambientes completamente
4distintos: la comodidad económica de los Roda se opone a las miserias de los Borrero,
la estructura tradicional de la familia de Sol contrasta sobremanera con el hogar roto


en que han crecido Daniel y sus dos hermanos, y las relaciones entre los miembros de
uno y otro clan son bastante diferentes entre sí. Pablo, el mayor de los hermanos
Borrero, se ha sentido siempre muy unido a su padre, un humilde profesor al que su
mujer abandonó al considerar que la vida que le ofrecía no era suficiente para ella.
Pero el joven no siente lo mismo por sus dos hermanos menores, más bien les guarda
cierto resentimiento y los desprecia. Cristián, por su parte, se ha visto obligado a
aceptar una vida que en realidad iba destinada a Pablo, de ahí que se sienta como si,
sin siquiera haberlo pedido, estuviera continuamente en deuda con su hermano mayor.
Daniel, el más joven de los tres, está algo más apegado a Cristián que a Pablo, pero
tan solo debido a que cree que el desprecio que ambos sienten hacia el mayor de los
hermanos los une de alguna manera.

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