Resumen de la leyenda maese perez el organista de becquer

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: EL RAYO DE LUNA

*Resumen:

En esta leyenda hablan de Manrique, un joven noble, poeta, distraído y soñador. Una noche, Manrique estaba tumbado viendo la luna, cuando de repente, vio una sombra en la alameda. Había visto desaparecer un trozo de tela blanca de un vestido que flotaba en el aire. Entonces pensó en la mujer de sus sueños y se lanzó a perseguirla, pero se perdió en la espesura de las ramas.

Estuvo mucho tiempo buscándola creyendo verla en algún rincón y oyendo sus pisadas.

Entonces vio entrar en la ciudad una barca y le pareció distinguir la silueta de una mujer, así que decidió seguirla. Bajo a la ciudad y vagó por todas las calles para encontrarla, pero no encontró a nadie. Cuando ya estaba desesperado llegó a una casa en la que había una luz encendida, así que decidió que sería allí. Y esperó toda la noche en la puerta hasta que al final bajó alguien. Era un criado. Le preguntó por la mujer, y el dijo que allí solo vivía su señor don Alonso de Valdecuellos, que como estaba enfermo mantenía la luz encendida toda la noche.

Manrique estuvo dos meses pensando en aquella extraña mujer y se imaginó como sería, la idealizó y se enamoró de aquella misteriosa. Una noche que estaba tumbado en el mismo sitio vio otra vez aquella porción de tejido, pero entonces se dio cuenta de que lo que había visto era un simple rayo de luna. Había pasado dos meses enamorado de un rayo de luna.

Unos años más tarde su madre le decía que porqué no se casaba, pero Manrique siempre le contestaba que el amor era un rayo de luna. Sus escuderos le decían que porqué no se iba a la guerra a conseguir gloria, y el sólo respondía que la gloría era un rayo de luna. Todo el mundo creía que estaba loco 

MAESE PÉREZ EL ORGANISTA

*Resumen:

Esta leyenda habla de un músico que tocaba extremadamente bien el órgano.
Su fama era reconocida por toda la cuidad y el día de Nochebuena tocaba en la iglesia de Santa Inés, en la cual se congregaba muchísima gente, desde los más pobres hasta los más influyentes y poderosos de la cuidad. Maese Pérez se negaba a tocar en un órgano que no fuese el de la iglesia de Santa Inés.

Era día de Nochebuena y se esperaba al maestro con gran impaciencia para que empezase la misa, pero se estaba retrasando, cuando entró un hombre que anunciaba que el músico ciego estaba enfermo y no podría tocar esa noche. Entonces un hombre que también tocaba el órgano, aunque lo hacía muy mal, quiso sustituirle, pero en ese momento alguien anunció la llegada de maese
Pérez.

Estaba débil y a punto de morir, pero nisiquiera su hija le había podido detener para que viniese a tocar el órgano. Él decía que era su última misa y que quería tocarla.

Cuando ya llegaba el final de la misa maese Pérez murió en el órgano.

Había pasado un año exacto, y ese año la misa la tocaría aquel hombre que quiso sustituir a maese el año pasado, el organista de San Roman. La gente estaba planeando no dejarle tocar montando un gran escándalo.

Cuando ya iba a empezar las músicas en vez de oír los ruidos desacordados que esperaban oyeron una música igual a la que hacía maese Pérez, por lo que la gente cayó y dejaron tocar al organista de San Roman.

El organista bajó algo confuso del órgano cuando se acabó la música y accedió a algo que maese Pérez nunca había accedido: el año próximo tocaría el órgano en la catedral, en vez de en la iglesia de Santa Inés.

Había pasado otro año. Estaban la hija de maese y la abadesa de la iglesia en la misma. Este año no habría la asistencia de otros, toda la gente se iría a la catedral. En la iglesia iba a tocar la hija de maese. Hablando con la abadesa le confesó que ayer cuando vino a ensayar juró haber visto a su padre, pero la abadesa no le creyó. Llegó el momento de la misa y cuando la hija se fue a sentar en el banco vio a su padre. Lo dijo, y aunque nadie vio nada, el órgano estaba solo y se seguía tocando como solo maese sabía. La música de ese año en Santa Inés fue la de siempre, y dicen que lo de la catedral fue una cosa horrorosa.

El misterioso ánima siguió tocando todos los años, hasta que cambiaron el órgano. Desde entonces no se le ha vuelto a oír.

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