René Descartes: la duda metódica, el dualismo y la existencia del alma y de Dios
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Descartes y la duda metódica
La duda metódica
La duda metódica consiste en emplear la duda para encontrar la certeza. Descartes propone dudar de todo, incluso de sus propias creencias y firmes convicciones, para ver si queda algo que resista a toda duda. Así se da cuenta de que hay una sola cosa de la que no puede dudar: de que está dudando. Y, puesto que la duda es un pensamiento, afirma: «Pienso, luego existo» (cogito, ergo sum).
Relación con Agustín de Hipona
Esta duda metódica enunciada por Descartes tiene cierta similitud con el proceso explicado por Agustín de Hipona en su libro La Ciudad de Dios. Sin embargo, Descartes considera que el objetivo de Agustín es distinto al suyo.
Descartes afirma que, aunque haya sido creado por un Dios engañador, si Dios lo engañara no podría engañarlo en cuanto a creer que no existe, porque ya está dudando. El modo como procede Descartes consiste en examinar qué es, y así llega a la conclusión de ser una sustancia cuya esencia es pensar.
El alma: res cogitans
Por lo tanto, el alma existe. Para Descartes, el alma es una sustancia finita a la que llama «res cogitans», ya que su único atributo es el pensamiento. Sostiene que el hecho de poder dudar demuestra que es imperfecto, y así descubre una idea que destaca sobre las demás: la idea de perfección.
Esta idea no puede haber sido construida por él ni venir de fuera, porque las cosas del mundo tampoco son perfectas. Así, afirma que debe ser una idea innata, puesta en él por un ser que sea perfecto: es decir, Dios.
Pruebas de la existencia de Dios
A su vez, aporta otras pruebas de la existencia de Dios, como el argumento ontológico enunciado por Anselmo de Canterbury.
El cuerpo: res extensa
Defiende también la existencia de los cuerpos, cuyo atributo único es la extensión; por eso son «res extensa». El cuerpo presenta dos modos: la figura y el movimiento (y el reposo), y es una sustancia finita.
El dualismo antropológico
La concepción del ser humano es dualista. El alma y el cuerpo no se necesitan mutuamente para existir, por lo que el ser humano no es sino el alma. No obstante, en algunos escritos Descartes habla de una unión entre el alma y el cuerpo, utilizando expresiones de la escolástica. Lo resuelve uniendo ambos en la glándula pineal, situada en el cerebro.
La relación entre cuerpo y alma es especial: como un piloto y una nave; si el cuerpo se daña, el alma sufre.
El mundo como máquina
Concibe el mundo según el modelo de la máquina, coincidiendo con el mecanicismo de los científicos de la época. Sostiene que todo se reduce a materia y movimiento. Da una explicación mecanicista de los organismos, diciendo que los animales son máquinas que no poseen alma, por lo que el ser humano queda claramente separado del mundo animal.