Religión en el Virreinato del Perú: Organización, Órdenes y Sincretismo

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El Regio Patronato y la Iglesia en el Virreinato del Perú

El Regio Patronato fue una institución que reguló las relaciones entre la Corona española y la Iglesia Católica en América. Permitió que la Iglesia en los virreinatos estuviera bajo la autoridad de los reyes de España. Los Sumos Pontífices concedieron a los monarcas españoles una serie de facultades, conocidas oficialmente como Real Patronato, que les permitieron dirigir la Iglesia en América con poca interferencia de la Santa Sede. Las principales facultades fueron:

  • Derecho de enviar misioneros a América.
  • Derecho para percibir diezmos.
  • Derecho de elegir a las autoridades eclesiásticas, como los obispos.

Con el Regio Patronato, los reyes españoles se convirtieron en los patronos de la Iglesia en América.

Los Diezmos y el Sostenimiento de la Iglesia

Para su sustento, la Iglesia contaba con las donaciones de los feligreses y el patrimonio personal de cada religioso al ingresar a una orden. La Corona española también destinó impuestos para la Iglesia, como el diezmo y la primicia.

Organización Territorial de la Iglesia

Para una mayor eficacia, el territorio se organizó en arzobispados, obispados, parroquias, doctrinas y misiones. Las parroquias se ubicaron en las ciudades donde residían los españoles, cada una dirigida por un párroco. Las doctrinas se instalaron en las zonas rurales donde se ubicaban las reducciones de indios. Los doctrineros tenían la obligación de evangelizarlos, siendo requisito que hablaran en su lengua materna, como el quechua o el aimara. Las que se encontraban en la selva fueron llamadas misiones. Tanto en las parroquias como en las doctrinas se registraban los bautizos, nacimientos y defunciones, que luego servían para el censo de la población.

Por encima de las doctrinas y parroquias estaban los obispados y arzobispados, que eran las instancias máximas eclesiásticas, ubicándose en las grandes ciudades. Los obispos eran elegidos por el rey, a quien el Consejo de Indias presentaba una terna de candidatos. El primer obispo del virreinato fue Hernando de Luque (quien nunca llegó al territorio americano); y fray Vicente de Valverde fue nombrado obispo de Cusco.

El arzobispado del virreinato tuvo como sede a la ciudad de Lima, del cual dependieron los siguientes obispados: Panamá, Trujillo, Arequipa, Chile, Quito, Cusco, Huamanga y Chile.

Las Órdenes Religiosas en el Virreinato

La tarea de evangelización estuvo a cargo de las órdenes religiosas que llegaron al virreinato desde los primeros años de la conquista y que aún siguen teniendo vigencia en la actualidad. La primera orden en llegar fueron los dominicos (1532). La Orden Dominica desempeñó un papel muy importante, pues fueron dominicos los dos primeros obispos y el fundador de la primera universidad. Los franciscanos llegaron en 1533; un año después ya habían construido su primer convento en Quito. Realizaron misiones en Tarma. Los mercedarios también llegaron en 1533. Esta orden recibió encomiendas de Francisco Pizarro, beneficiándose de los repartimientos de indios, pues no eran religiosos mendicantes (religiosos que viven de la limosna). Los agustinos llegaron en 1551. Construyeron conventos en la costa, sierra del norte y sur. Finalmente, llegó la Orden Jesuita en 1568, y dio un fuerte impulso a la evangelización y a la educación. Fundaron importantes escuelas en el virreinato. Su labor en misiones también fue notable; gracias a su labor se fundó la ciudad de Iquitos.

La Enseñanza, Protección de la Cristiandad y Extirpación de Idolatrías

Después de medio siglo de evangelización, aún se mantenía entre las poblaciones andinas el culto a sus antiguos dioses o huacas sagradas. Esto causó una fuerte preocupación en las autoridades coloniales. Para erradicar estas prácticas, emprendieron campañas de extirpación de idolatrías, que tenían como objetivo destruir toda manifestación de religiosidad andina. Se realizaron varias campañas en el transcurso del siglo XVI, teniendo como consecuencia la sentencia de miles de personas y la eliminación de todo tipo de representaciones de deidades andinas (malquis, conopas, huacas), que eran llamados ídolos por los extirpadores.

Las campañas se realizaron principalmente en los alrededores de Lima, en sus serranías (Huarochirí).

El Tribunal de la Santa Inquisición

También llamado Tribunal del Santo Oficio, fue establecido en el Virreinato en 1570, durante el gobierno del virrey Toledo. Su objetivo fue preservar la fe católica y la buena moral, velar por los intereses de la Iglesia, combatiendo las herejías, la brujería y las religiones ajenas a la fe católica (musulmana). Los indígenas estaban fuera de su jurisdicción. Durante sus investigaciones se aplicaba la tortura como mecanismo de "purificación del alma", para obtener la confesión del inculpado. Una vez declarado culpable, el tribunal sentenciaba el castigo que debía padecer el sentenciado. La sentencia recibía el nombre de "Auto de fe", sentencia que era ejecutada por el poder secular en la Plaza de Armas de Lima, en presencia de autoridades virreinales. Las penas iban desde azotes hasta ser quemados vivos en la hoguera inquisitorial.

Sincretismo Religioso en el Virreinato

Ante el intento de imposición de la religión católica en la población andina, se generó una resistencia al cambio, siendo más enérgica y duradera que la misma resistencia política y militar. La imposición de la religión católica por parte de los españoles generó, en primera instancia, un choque entre ambas religiones, pero luego los indígenas desarrollaron estrategias para conservar su culto, como fue la identificación de divinidades andinas con santos y símbolos cristianos. Estas identificaciones se reflejaron en las imágenes y en las tradiciones, permitiendo una aceptación gradual del cristianismo. Se generó así el sincretismo, en la medida en que se fusionaron elementos de las creencias andinas con elementos cristianos, dando lugar a lo que es hoy en día nuestra religión andina. Para poder apreciar el sincretismo religioso, basta con observar las diferentes celebraciones religiosas.