Relatos y Estrategias Militares en la Antigua Roma: Textos Clásicos
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Crónicas de las Campañas Militares Romanas
Operaciones de César y Metelo
César unió esas cohortes con su ejército y dejó ir a Atio sin sufrir daño. En los primeros días, decidió fortificar el campamento con grandes trabajos, transportar trigo de los municipios cercanos y esperar a las restantes tropas.
Entre tanto, Metelo recibió un clamor hostil por la espalda; luego, girado el caballo, observó la huida de sus soldados del campamento. Así pues, envió al campamento toda la caballería y a Mario con las cohortes de los aliados rápidamente.
Maniobras de Escipión en el Haliacmón
Escipión permaneció durante dos días en el campamento junto al río Haliacmón, el cual fluía entre él y el campamento de Domicio. Al tercer día, al amanecer, hizo pasar al ejército por un paso difícil y, colocado el campamento, al día siguiente por la mañana dispuso las tropas al frente del mismo.
Así pues, de imprevisto invadió sus tierras con un gran ejército, tomó a muchos mortales con sus ganados y pertenencias, incendió edificios y capturó la mayoría del territorio hostilmente con su caballería; después, con toda la multitud, se volvió a su reino.
Eventos en la Guerra de Yugurta y Hispania
En la guerra de Yugurta, el pueblo romano administraba la mayoría de las ciudades y las tierras de los cartagineses que habían conquistado recientemente a través de magistrados. Gran parte de los gétulos de Numidia estaban bajo la dominación de Yugurta.
Mientras estas cosas sucedían en Hispania, C. Trebonio, quien había sido dejado para el asedio a Marsella, decidió construir maquinaria y torres para la fortaleza. Para estos trabajos, Trebonio llamó a una gran multitud de hombres de todas las provincias.
Entre tanto, Yugurta, desechada la rendición, empezó la guerra; con gran cuidado preparaba todos los casos y reunía al ejército. Las ciudades que se habían sublevado las tomaba, fortificaba sus lugares y reparaba las armas y otros elementos necesarios.
Estrategias de Vercingétorix y el Final de Catilina
Como Vercingétorix permaneciera por detrás de las fortificaciones y no descendiera a un lugar favorable, hizo volver al ejército al campamento. Al día siguiente, movió el campamento hacia la tierra de los eduos. Al tercer día, reconstruyó los puentes sobre el río Elaver y pasó al ejército.
Cuando dijo estas cosas, mandó dar una señal y sacó las tropas a un lugar idóneo. Dispersados los caballos de todos, él mismo dispuso el ejército delante del lugar. Colocó ocho cohortes en la parte frontal y situó las banderas de las restantes en apoyo.
Entonces, los bárbaros enviaron legados a las ciudades limítrofes de Aquitania y solicitaron tropas auxiliares. Con la llegada de estos y una gran multitud de hombres, intentaron iniciar la guerra.
Finalmente, Catilina fue hallado entre los cadáveres de los enemigos, respirando aún un poco y reteniendo en el rostro la ferocidad de ánimo que había tenido en vida. De todas las tropas, ni en el combate ni en la huida fue capturado ningún ciudadano.