Relación entre Empirismo y Relativismo Moral: Una Perspectiva Filosófica
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¿Qué relación existe entre el empirismo y el relativismo moral?
El empirismo desembocó en la denominada «teoría emotiva de los valores». Esta corriente sostiene que los juicios morales, como «matar es malo», son en realidad expresiones de los sentimientos subjetivos del hablante, en lugar de declaraciones sobre la naturaleza real y objetiva del acto. En otras palabras: «no hay nada bueno o malo, sino que el pensamiento hace que las cosas sean lo uno o lo otro».
El origen empírico de la teoría
¿Por qué esta teoría proviene del empirismo? La respuesta radica en que el bien o el mal morales no se perciben a través de los sentidos físicos: no se ven con los ojos ni se oyen con los oídos. Por lo tanto, si eres empirista y reduces todo el conocimiento de la realidad objetiva al conocimiento sensible, los valores morales quedan fuera de ese espectro.
David Hume y el emotivismo
¿Qué filósofo consolidó la teoría emotiva de los valores? Probablemente, David Hume sea la figura clave. Fue él quien interpretó los juicios morales como sentimientos subjetivos; bajo esta premisa, la afirmación «matar es malo» significa, en el fondo, «a mí me repugna matar».
Diferencias entre humanos y animales: ¿Agentes morales?
Surge entonces una interrogante fundamental: ¿es posible demostrar que los psicólogos se equivocan al afirmar que solo somos animales inteligentes? ¿Existe una diferencia de calidad?
- Experiencia moral: Todos percibimos datos morales procedentes de la experiencia.
- Agencia moral: Si no existiera una diferencia de calidad entre nosotros y los animales, ellos también deberían ser agentes morales.
- Conciencia propia: Aunque no podemos entrar en la mente de los animales, sí podemos acceder a la nuestra.
Curiosamente, son los psicólogos profesionales quienes a menudo dudan de nuestra condición de agentes morales, equiparándonos a los animales.
La tradición como experiencia acumulada
¿Procede la moral de la tradición más que de la experiencia? La respuesta es que la tradición es experiencia: es aquella que se expande más allá de los estrechos confines de lo individual y del presente. Como bien señalaba G.K. Chesterton, la tradición es «la democracia de los muertos».