El Reinado de Isabel II y la Lucha entre Liberalismo y Absolutismo en España

Enviado por Comunidad Xuletas y clasificado en Historia

Escrito el en español con un tamaño de 4,86 KB

Reinado de Isabel II: La Oposición al Liberalismo, Guerras Carlistas y Cuestión Foral

A la muerte de Fernando VII, y debido a las tensiones acumuladas, surgió una guerra civil en el País Vasco y Navarra entre absolutistas y liberales, conocida como la Primera Guerra Carlista. El absolutismo monárquico, la intransigencia religiosa y la defensa de los fueros y del régimen tradicional de propiedad de la tierra constituyen los elementos fundamentales de la ideología carlista. Esta ideología no convenció ni a ilustrados, ni a la burguesía ni al proletariado, ya que estos eran los defensores de la reina regente. No obstante, potencias como Rusia, Prusia y Austria sí dieron su apoyo a Don Carlos.

Fases de la Primera Guerra Carlista

  • 1ª Fase: La diputación de Vizcaya apoyó a Don Carlos, pero los generales del ejército respaldaron a María Cristina. Finalmente, los carlistas vencieron al ejército de la reina. Gracias a esto, se afianzó la sublevación en el País Vasco, Navarra, las montañas de Cataluña y el Maestrazgo. Carlos V pudo sentirse monarca de ese territorio entre el Ebro y el Cantábrico, aunque su pretensión final era el trono de Madrid.
  • 2ª Fase: La toma del País Vasco era el objetivo de los líderes carlistas y por ello se produjo el sitio de Bilbao, que desgastó a las tropas carlistas y evitó el avance hacia Madrid como pretendía el general Zumalacárregui. El sitio de Bilbao fracasó y Zumalacárregui murió sin sucesor. Poco después, los carlistas fueron derrotados en Mendigorría. En 1836 se produjo el segundo sitio de Bilbao, pero el general Espartero, con la ayuda británica, venció a los carlistas. Entre 1836 y 1837 hubo expediciones carlistas, pero fracasaron y Don Carlos se retiró al norte como símbolo de su derrota.
  • 3ª Fase: Los carlistas comenzaron a realizar emboscadas al ejército con frecuencia para causar desesperación. Sin embargo, comenzaron a sufrir crisis internas y fatiga debido a los enfrentamientos entre castellanos y navarros. Como resultado, se firmó un acuerdo de paz.

Maroto y Espartero culminaron la guerra con el Convenio de Vergara; Espartero se comprometía a mantener los fueros vascos y Maroto reconocería a Isabel II como reina. En 1840, la guerra vasca finalizó y permitió implantar definitivamente el régimen constitucional en España.

Isabel II (1833-1843): El Periodo de las Regencias

Tras la muerte de Fernando VII, la propuesta de María Cristina de Borbón fue realizar unas reformas para atraer a carlistas y liberales. Ambos bandos admitían la necesidad de una Constitución y de órganos representativos de la nación basados en el sufragio censitario. Se definieron dos corrientes principales:

  • El modelo moderado: Atiende a intereses económicos y considera la monarquía como la institución clave del sistema político.
  • El modelo progresista: Atiende a intereses políticos y considera que la soberanía reside en el pueblo, donde las Cortes ejercen el poder legislativo. Bajo este modelo, el rey reina pero no gobierna.

El ministro Martínez de la Rosa intentó lograr un equilibrio entre moderados y radicales; el primer resultado fue la elaboración del Estatuto Real, que era una Constitución incompleta firmada por la reina en 1834.

Debido a las tensiones sociales, se produjeron rebeliones extendidas que culminaron con el pronunciamiento de los sargentos en La Granja, el cual obligó a la regente a restablecer la Constitución de 1812 y entregar el gobierno a los progresistas Calatrava y Mendizábal. No obstante, debido a la falta de adaptación de la Pepa a la realidad del momento, se promulgó una nueva Constitución en 1837 con el consenso de ambos grupos.

La Regencia de Espartero

Tras el fin de la guerra contra los carlistas, el general Espartero ganó mucho prestigio. En 1840, defendió los alzamientos frente al proyecto de la Ley de Ayuntamientos, pero debido a los desórdenes existentes, la reina María Cristina viajó a Francia renunciando a gobernar. Espartero gobernó de forma autoritaria durante tres años con el apoyo de un grupo de militares. Sin embargo, la reina seguía influyendo en España y Espartero se vio afectado por las revueltas de los generales O'Donnell y Narváez; para 1843, el regente apenas contaba con apoyo político.