El Régimen de Primo de Rivera (1923-1930): Causas, Estructura y Colapso de la Dictadura Militar

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La Dictadura de Primo de Rivera

Primo de Rivera y los sectores que le dieron apoyo defendieron su acción como una solución para poner fin a la crisis política y a la conflictividad social que atravesaba el país. Para los golpistas, las razones que justificaban la necesidad de cambiar la situación incluían:

Justificaciones del Golpe de Estado

  • La inestabilidad y el bloqueo del sistema político parlamentario, así como su desprestigio derivado del continuo fraude electoral.
  • El miedo de las clases acomodadas a una revolución social ante el auge de la conflictividad obrera y campesina.
  • El aumento de la influencia del republicanismo y de los nacionalismos periféricos.
  • El descontento del ejército tras el desastre del Annual (1921) en Marruecos.

En su manifiesto inaugural, Primo de Rivera anunció su firme voluntad de limpiar el país de caciques y de acabar con el bandidaje político, la indisciplina social y las amenazas a la unidad nacional. La dictadura fue una solución inconstitucional para frenar la posible reforma del sistema, que podía resultar amenazadora para ciertos sectores e intereses sociales.

La Reorganización del Estado

La dictadura de Primo de Rivera atravesó dos fases sucesivas:

Directorio Militar (1923-1925)

Durante esta primera etapa, el gobierno estuvo compuesto exclusivamente por militares. Una de las intenciones de Primo de Rivera era eliminar el caciquismo, para lo cual se elaboró un estatuto municipal y otro provincial. El conflicto de Marruecos centró el interés del dictador, quien asumió personalmente el Alto Comisionado en 1924. Al año siguiente, en colaboración con Francia, se organizó el exitoso Desembarco de Alhucemas (1925), que puso fin a la guerra en el Protectorado.

Directorio Civil (1925-1930)

A partir de 1925, el gobierno dictatorial incluyó entre sus ministros a personalidades civiles, como José Calvo Sotelo en Hacienda y Eduardo Aunós en el Ministerio de Trabajo. Aunque el peso de los militares continuó siendo importante, el régimen no abandonó su estilo autoritario. Indudablemente, el modelo e influencia del fascismo italiano fue muy clara.

El camino hacia un régimen autoritario comenzó con la convocatoria de una Asamblea Nacional Consultiva, cuyos miembros no fueron elegidos por sufragio, sino por designación. Para promover la adhesión al nuevo sistema, se creó un partido único, que se llamó Unión Patriótica. Se trataba de un partido gubernamental, sin un programa ideológico definido, cuya misión primordial era proporcionar apoyo social a la dictadura y seguir las directrices del poder.

La Política Económica y Social

La dictadura se benefició de la buena coyuntura económica internacional, iniciada en los Felices Años Veinte, tras la Primera Guerra Mundial. La idea rectora fue la nacionalización estatal. El Estado tuvo un protagonismo notable gracias al fomento de las obras públicas (carreteras, ferrocarriles, regadíos).

También se concedieron grandes monopolios, como el de telefonía (Telefónica) y el de distribución y venta de petróleo (CAMPSA). Todo ello fue financiado mediante los llamados presupuestos extraordinarios, de forma que el presupuesto ordinario del Estado cada año parecía equilibrado, pero se iba acumulando una gran deuda extraordinaria. El mundo agrario siguió en manos de los grandes propietarios.

La Oposición al Régimen

La oposición a la dictadura provino de diversos frentes:

  • Antiguos partidos del turno: Criticaron la excesiva duración del régimen. Varios dirigentes participaron en conspiraciones militares, como el Complot de la Sanjuanada.
  • Intelectuales y universitarios: La dictadura pretendió controlarlos mediante la censura y limitando su libertad. El conflicto derivó en algaradas y protestas estudiantiles que dieron origen a la Federación Universitaria Española (FUE).
  • Republicanos: Su oposición fue permanente y organizaron la llamada Alianza Republicana, que unió a las diversas facciones del movimiento.

La Caída de Primo de Rivera

El general Berenguer sustituyó a Primo de Rivera al dimitir este en enero de 1930, con la misión de celebrar unas elecciones para volver a la normalidad constitucional (periodo conocido como la Dictablanda). Los catalanistas de izquierda y el PSOE firmaron el Pacto de San Sebastián, un programa conjunto para presentarse a las elecciones y establecer un régimen republicano.

Berenguer fue incapaz de preparar las elecciones y fue sustituido por el almirante Aznar. El nuevo gobierno decidió convocar en primer lugar las elecciones municipales y las fijó para el 12 de abril de 1931.