Reflexiones sobre el Arte Didáctico y la Desigualdad Social

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Comentario crítico: "Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas"

El fragmento de "Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas", escrito en el siglo XVIII por Jovellanos, fue un intento de convencer al pueblo de que el arte, en concreto el teatro, debería tener un carácter didáctico.

Si bien este texto podría tener un interés actual, el adjetivo "público" en el título de la reforma me lleva a apoyar, en cierta manera, al autor. Sin embargo, siempre he concebido el arte como una forma de expresión personal, ya sea música, pintura o teatro; y aunque este último sea un buen medio para empapar al público de valores éticos y morales, no lo veo el más adecuado.

Por tanto, si las diferentes manifestaciones artísticas gozan de un carácter público, entendería que se utilizasen para formar al pueblo en sí. Pero si hablamos de arte privado —museos, teatros, conciertos, etc.—, a los que asistiría por gusto, no sería agradable encontrar una obra con una intención educativa que tratara de persuadir mis ideales.

Comentario crítico: "La clase social es lo que cuenta"

El artículo "La clase social es lo que cuenta", publicado en El Periódico por Josep Pernau, es una crítica a la sociedad por el trato selectivo que se les da a los extranjeros en nuestro país de acuerdo con su situación económica.

Se trata de un texto de interés actual que, en mi opinión, describe muy acertadamente la conducta de nuestra sociedad y establece una clara oposición entre la Europa rica y la Europa pobre. Los ejemplos que ofrece el autor para mostrar este comportamiento xenófobo nos acercan de modo indefectible a esta lamentable realidad.

Es patente que vivimos en una sociedad racista y, sin embargo, presumimos de ser una sociedad avanzada y moderna. Es verdad que la "globalización" ha borrado del mapa las fronteras, pero ha alimentado una conducta materialista en la que se juzga a las personas por el tamaño de sus rentas.

Así pues, tal y como refleja el texto, existe un claro interés económico en nuestra sociedad que va más allá de las diferencias étnicas y culturales. La nuestra es una sociedad clasista que resulta ser, a su vez, la principal causante del creciente abismo entre ricos y pobres, y que amenaza con corromper los intereses iniciales de la "globalización", favoreciendo el comportamiento xenófobo tan reprobado por el autor de este texto.

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