Reflexiones sobre una Amistad Incondicional: El Vínculo entre Emi y Cecy

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Una carta para Cecy: El valor de nuestra amistad

¿Cómo no iba a darme por escribirte, Cecy? Así es, ahora soy yo quien gana este juego; no encontrarás un texto más largo que el mío y, en cien años, no habrá nadie que me supere. Si bien podría ser cierto que no hay mal que dure cien años, mi objetivo es que el bien dure toda mi existencia y que ese bien sea tu amistad.

Nuestros mundos compartidos

  • Compartamos momentos aquí y en The Good Place.
  • Transformémonos en Godínez de oficina y recreemos The Office.
  • Recreemos la vida misma.

Te agradezco de a de veras. Sin ti, ¿quién soy? Dime, si ni yo lo sé. Mi vida tiene de dónde agarrar cuando contigo platico y es por eso que, ¡chale, Cecy!, guau, de veras que muchísimas gracias.

Crecimiento constante

Siempre quiere uno crecer, crecer y crecer, y así es nuestra relación: un cambio constante en el que evolucionamos juntos. Así la llevamos:

  • Qué chido ser amixes en la secu.
  • Qué chido ser amixes en la prepa.
  • Qué chido será ser amigos profesionistas, jaja, al chile.
  • Qué chido que montáramos una papelería y que cada Navidad fueras tú quien nos recibe en tu posada.

Me gusta mucho convivir con tu amistad y tu vida; me gusta mucho que el dolor y mi locura pueda compartirlos contigo. Deveritas que el apoyo que uno necesita para vivir radica, por completo, en tu amistad. Por eso, muchas gracias. Jamás pensé poder abrirme tanto, ser tan cercano y compartirte lo poco que comparto. Jamás creí tener la capacidad de platicar así de mi vida y mis insignificantes problemas, y que me hicieras caso, Cecy.

Un lazo inquebrantable

Me vale si el mundo se destruye, se parte a la mitad y quedamos en mitades distintas, porque ya es tanto lo dramático que soy y lo fuerte de nuestro lazo que, al chile, juntamos el mundo y queda unido en una amistad eterna. Me late que aprendimos a manejar, me late que aprendiste a cocinar y me late que, guau, ¿quiénes seremos cuando crezcamos? Me late que me apoyaste con todas mis relaciones y que te preocupara —jaja, al chile— que me fuese a lastimar mi roto corazoncito.

Me late mucho, gracias deveritas. Y eso es todo; en ello te agradezco. Hay más vivencias, hay experiencias y ahí estamos tú y yo siendo amixes en esto que parece un sueño de tan padre. O sea, la neta, tener amistades no es de verdad lo mío, por lo menos amistades reales, y por ello, ¡ay, Cecy!, muchísimas gracias.

Si pudiera dejar esto siendo mil millones de años, no pasaría por la puerta de The Good Place, jamás. Todos los Jeremy Bearamys que existen no tienen final. Muchas gracias, siempre, por siempre y para siempre. Tu amigo, el Emi.

Nota al margen

¿Le hace falta extensión a esta carta? Tal vez. Por eso, acá es donde me pongo a rellenar. Esto lo estoy haciendo en la clase de historia, metacognición; ahora mismo estás viendo la serie, ¿o am? ¿Qué más? Bueno, pues eso, ¿no? Muchas gracias por todo, siempre.

—Emi

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